viernes, 24 de diciembre de 2010

Ni chiva ni mula: lo que sí me dejó el 2010


Me dejó 33 años, los cuales en menos de un mes pasarán a ser 34.

Me dejó un año más de mis dos grandes recompensas: Mónica y Emma. Los tres somos una familia feliz, que se ríe, vacila, se quiere, abraza y besa. La Macha y yo nos la hemos jugado bien como padres (digo yo) y todos los días aprendemos de una enana demasiado chispa, que le gustan por igual las princesas de Disney que la princesa Leia. ¡Gracias muñecas!



Me dio a mis papás un año más, año en que los vi revolcarse por el suelo y destinar buena parte de su dinero a comprar plasticina, trastos de juguete y libros de colorear. Nada como los nietos para ver cómo los papás de uno rejuvenecen.

Me dejó un intento fallido de bajar de peso en el gimnasio y, por el contrario, más libras de las que necesito, producto de la cata de cervezas y chifrijos. Me dejó además la experiencia de vivir en primera persona los dolores del dengue, mismos que hoy deseo solo a mis mayores némesis.

Me dejó la satisfacción de mantener cerca a mis buenos amigos de Curri y la U, aunque no nos vimos tanto como quisiéramos. Igualmente feliz me hizo el que varios de ellos se convirtieran en padres y madres de familia (¡ya era hora!), y que Johnny y Mary nos dieran el inmenso privilegio de ser los padrinos (mágicos) de Nacho.

Me dejó la labor de aplicarle la eutanasia a Vuelta en U, medio de comunicación por el que me partí pecho y espalda y al que nunca le perdí la fe. En sus dos años y resto de vida, VenU fue el reflejo de buena parte de mi manera de pensar y de sentir hacia el periodismo, la juventud y el arte y cultura costarricense... y, a pesar de los muchos bajos, creo que el recuerdo que dejamos es de altos.



Me dejó la reincorporación –tiempo completo– a la casa que había dejado tres años atrás. A la redacción de La Nación volví sintiendo que venía de hacer una gran pasantía, más aprendido y con ganas de enseñar. Ya no estoy en Viva (es pacho que aún hay gente que me escribe para que le saque una nota en esa revista), sino en la parte web, donde me siento a mis anchas y como calamar en su tinta.

Me dejó la oportunidad de redescubrir mi gusto por la entrevista, en gran parte gracias a la majadería de mi amiga Yuri Jiménez, quien me abrió las páginas de la Teleguía desde el primer día en que emprendió la titanada de transformar esa publicación en un producto de rico y entretenido contenido periodístico. Ahora, cada 15 días, publico una columna sobre uno de mis grandes placeres –ver televisión– y de vez en cuando retrato ahí otras facetas de "figuras" de Ticolandia. Mi entrevista con Lynda Díaz fue un bombazo, no tanto por mis preguntas sino por las respuestas a calzón quitado de una mujer que le ganó a Maquiavelo en eso de privilegiar los fines por encima de los medios. Por mi parte, dicha entrevista la recuerdo más por la pelada que no noté hasta el día de su publicación, cuando ya era muy tarde para cambiar "voté" por "boté".

Me dejó la posibilidad de incursionar en otras fuentes que antes no había tratado. En géneros de opinión le di rienda suelta a mi fiebre mundialista, albiceleste, maradoniana y palermista en el único artículo que he escrito sobre deportes y que, sin proponérmelo, tuvo un impacto inaudito en Argentina, de donde incluso hubo medios que me llamaron para que les diera mis "pronósticos" sobre los partidos de su sele en Sudáfrica. Luego, por medio de mi primera participación en el especial de Personajes Noticiosos de La Nación, tuve que retratar a dos figuras políticas incluidas en dicha lista por los motivos incorrectos: una no quiso atenderme y otra me dio una entrevista a profundidad. Al redactar de ambos aprendí, tanto en lo periodístico como en lo humano.



Me dejó la satisfacción de ver cómo muchachos a los que contraté cuando estaban pollos-pollos hoy son comunicadores ATD. Presenciar el crecimiento profesional de Monse, Erika, Arturo, Damián y Navarro para mí es una satisfacción de esas que no se destiñen con los años. Además, la amistad de nuevos compañeros como Ratamacha y Warren Cruz llegó a enriquecer un grupo de trabajo que cada vez funciona mejor... digo yo.

Me dejó el cumplimiento de uno de mis viejos anhelos: tener un programa de radio. Desde junio pasado hago yunta con el buenazo de Tavo Gamboa en la emisora ADN 90.7 FM para, todos los jueves, hablar paja y poner la música que me gusta en ADN Fans... sí, es un trabajo difícil pero alguien tiene que hacerlo ;)

Siendo el fiebre enfermizo que soy de la música, el 2010 me dejó un año inolvidable, en el que pude ver en vivo a muchos de los artistas que más me llegan del rock moderno. Green Day, Bon Jovi, Megadeth, Aerosmith, Calamaro y Korn + POD fueron parte de un suculento menú que, para rajarse, incluyó la visita monstruosa de Metallica. El haber escuchado From Whom the Bells Tolls y One en la querida cancha morada fue el non plus ultra... ¿no quería pollo?



Me dejó, con mención aparte, la dicha de ¡al fin! haber disfrutado de la música en vivo del maestro Fito Páez. Con Fito siempre tuve mala suerte en sus anteriores visitas, pues los astros se alineaban para que yo no pudiera acudir a la cita con el flaco de Rosario. Este año nada me impidió plantarme frente a la tarima instalada sobre el contaminado lago de La Sabana y disfrutar del concierto que más me llenó en el 2010 (sí, incluso más que el de Metallica). Tan contento salí de aquella noche hermosa del FIA que me mandé –modestia aparte– con una de las crónicas que siento mejor me ha quedado. Fito fue grande y me regaló un punto alto del año.



Me dejó el sinsabor de aceptar que Ottón Solís no será ya presidente del país; la impotencia de ver cómo los obispos disparan condenas santulonas contra todo lo que suena a progreso mientras esconden en sus sotanas todo tipo de negocios indecentes; la cólera de ver nuestra Asamblea Legislativa dominada por un grupo de mentecatos y demagogos; el asco de escuchar las torpezas y mojigaterías de Fernando Sánchez; la tristeza de no ver en vivo a Guns N' Roses ni a Sebastian Bach, y la sorpresa de que Laura Chinchilla resultara mucho mejor mandataria de lo que yo esperaba.

Me dejó la alegría de ver a los Arias fuera del poder (al menos por un rato); de ver a Manuel Obregón como ministro de Cultura; que se le diera continuidad a don Leo Garnier y a la Dra. Ávila; de ver a don Eduardo Ulibarri representándonos en la ONU; la alegría de que se impusiera el sentido común a la intolerancia (referendo de uniones civiles entre personas del mismo sexo) y el sentido común al salvajismo ecológico (Crucitas).

Me dejó el orgullo que me dan los trabajos de Patiño Quintana, 424, El Parque, Gandhi, Keep the Gap, Parque en el Espacio, Calle (Dolores), Adaptados, Bufonic, Ale Fernández, La Escafandra y, desde luego, Foffo Goddy. Me dejó el regreso de Alice in Chains, Soundgarden, Dr. Dre, Caifanes y Toad the Wet Sprocket, y me dejó discos nuevos y deliciosos de The Arcade Fire, Kanye West, Vampire Weekend y LCD Soundsystem, por mencionar unos pocos.

Me dejó a Facebook como uno de los mejores amigos, y a Twitter como una herramienta útil pero tampoco para irse de jupa. Me dejó dudas sobre qué demonios hago metido en Linkedin y el certificado de defunción para Messenger y Hotmail.

No me dejó ni una chiva ni una burra negra. La buena suegra (y suegro) me la gané hace rato, así que dejo ir en paz al 2010, a la espera de que el 2011 me traiga al menos lo mismo, agregándole el concierto que Pearl Jam le debe a Costa Rica. ¿Será?

jueves, 23 de diciembre de 2010

Nominaciones al Grammy: lo rescatable


De tiempos inmemorables data mi gusto por las entregas de premios gringas a la industria del entretenimiento: los MTV, los Grammy, los Emmy, los Oscar, los Razzies... no lo puedo evitar. Todo el proceso de nominaciones, alfombra roja y las ceremonias siempre me han gustado a un nivel enciclopédico, al punto de aún acordarme de artistas que tocaron en la gala de los MTV a inicios de los 90.

Hace unos días la Academia de los Grammy anunció a los artistas, discos y canciones que aspiran a ganar en la próxima entrega de esas estatuillas a lo mejor de la música, a celebrarse el 13 de febrero del 2010. Me tomé el trabajo (pobrecito) de revisar toda la lista de candidaturas y estos son algunos apuntes al respecto, tan sueltos como subjetivos:

Grabación del año

Es el Grammy más importante de la noche, destinado a una pieza sobresaliente. Para que se hagan una idea, en años anteriores se lo llevaron The Girl from Ipanema; Strangers in the Night; Mrs. Robinson; Hotel California; Beat It, We Are the World; Tears in Heaven; Smooth, y Beautiful Day, todos hoy himnos del rock and roll.

Ahora son cinco las canciones postuladas, incluyendo dos de los mejores duetos producto de la fusión hip-hop/R&B de todos los tiempos. Puede escucharlas aquí:



De entrada dejo fuera de competencia a Nothin' On You, de B.o.B. con Bruno Mars, y Need You Know, de Lady Antebellum. La primera es un dueto muy pop, tirado a la balada, que no dudo ha sido un pegue entre las adolescentes pero tampoco para ser lo mejor que salió en el año, mientras que la de Lady Antebellum –el trío sensación del 2010 en el country pop– no es como para morirse, aunque no niego que se trata de un tema muy pegajoso (la mezcla de slide guitar y piano está bien jalada).

Sería una agradable sorpresa que los votantes se inclinaran por el siempre maravilloso Cee-Lo Green, aunque no creo que estén listos para premiar a una pieza con Fuck You de título, a pesar de ser una de las mejores canciones que escuché este año (de hecho, este disco es un pendiente para mi próxima visita a la tienda de música). Así las cosas, siento que la competencia se reduce a los dos duetos que mencioné al inicio: Empire State of Mind, de Jay-Z con Alicia Keys, y Love the Way you Lie, de Eminem con Rihana.

Con Jay-Z tengo un sesgo fuerte, pues lo considero el mejor rapero de la historia, y juntándose con la imbatible voz de Alicia Keys consiguió uno de sus mejores temas en años, una canción que refleja de cuerpo entero a Nueva York y que me parecía lo más rico que escuché en el 2010... hasta que Eminem dijo "presente". Love the Way You Lie es, por tandeada, la pieza más completa, más impresionante, más buena que Eminem ha lanzado. Desde la primera vez que la escuché me quedé prendido de esta canción y entró de inmediato a mi top 10 de canciones de hip-hop. Rihana se deshace en ricura cantando y Eminem rapea con dureza pero sin torpeza, sin sonar al personaje estúpido que él mismo se contruyó, una letra que golpea y duele a cualquiera que sepa los altos y bajos propios de una relación de pareja.

Por eso, aunque sienta que le estoy dando vuelta a Jay-Z, esta vez no tengo duda: el Grammy 2011 a la mejor canción del año debe ser para Eminem y Rihana. Punto.




Álbum del año

Repiten Eminem (Recovery) y Lady Antebellum (Need You Now), con las previsibles nominaciones para la infumable Lady Gaga (The Fame Monster) y mi nueva diva personal de pop ligero, Katy Perry (Teenage Dream), cuyos materiales estuvieron entre los más vendidos de los últimos 12 meses. Completa el quinteto de discos postulados la sorprendente inclusión de la banda canadiense The Arcade Fire, con su tercera producción The Suburbs. Sorprendente no porque a TAF le falte calidad (¡para nada!) sino porque la Academia rara vez le da pelota a la música venida del indie. Cuando exclamé mi sorpresa en Facebook, Diego Delfino se burló, con razón, de mi "inocencia", alegándome que TAF es, para efectos de la industria discográfica, el "descubrimiento" del año. Medios especializados como Rolling Stone, NME, Paste y Billboard se inclinaron este año por reconocer como los mejores discos del 2010 a producciones de LCD Soundsystem, Vampire Weekend y Kanye West, además de TAF y Eminem. Si por gusto personal fuera, el Grammy obligatoriamente debería ir a The Suburbs pero veo duro que la Academia se incline por TAF, sonando Eminem y la sobrevalorada de Lady Gaga como las opciones más seguras.




Artista revelación

De los cinco postulados como el mejor debutante, admito que hasta hoy solo conocía por su nombre al único que considero no debería ganar dicho Grammy: el mentado Justin Bieber. Estoy hasta la corneta de este mocoso, quien no siento haga nada excepcional o que no se le haya escuchado ya a otros actos de pop meloso y baboso para adolescentes. No dudo que en cinco años terminará protagonizando reality shows de VH-1 para estrellas juveniles que ya no hacen gracia. Así que, por falta de méritos, descartado el chiquito este (aunque nada raro que la Academia se vaya de jupa y lo premie en su condición de fenómeno del mercadeo).

La categoría la completan cuatro artistas DE VERDAD, totalmente diferentes en sus estilos musicales y talentos, unidos todos por ser innovadores en ritmos a los que difícilmente se les puede sacar algo nuevo. He aquí un repaso por los cuatro, pues cualquiera de ellos que gane, bien merecido se lo tiene.

  1. Drake: El rapero canadiense se echó a la crítica a la bolsa este año con su álbum debut, Thank Me Later. Drake vendió millones de discos, se ganó el respeto y colaboraciones de figurones como Lil Wayne, Jay-Z, Eminem, Alicia Keys y Kanye West, y quedó fichado como uno de los nuevos motores del hip-hop. Su voz es bastante particular como para no confundirla y sus piezas no podrían tener mejor producción. De los grandes descubrimientos del año.


2. Florence & The Machine: La sensación inglesa del año que termina (seguro que es Susan Boyle). Florence Welch es la mente maestra y protagonista, pues los músicos que la acompañan (The Machine) varían según las necesidades de la cantautora. Con un apoyo gigante de la BBC, su álbum debut, Lungs, monopolizó las listas de popularidad en el Reino Unido durante buena parte del 2010. ¿Existe el soul alternativo? La verdad, ni idea, pero a eso es lo que me suena Florence.



3. Mumford and Sons: De los grupos geniales que descubrí gracias a la llegada de la emisora 104.7 Hit y cuyo nombre nunca logré aprenderme. Esta banda de folk inglesa la pegó durísimo con su disco debut, Sign No More, mucho en parte gracias al sencillo Little Lion Man, el cual es demoledor, pegajoso, imposible de obviar... una obra de arte completa. Hacía rato que música hecha con banjo, mandolina y acordeón no lograba atraer tanta atención... sin necesidad de sombreros vaqueros de por medio. De hecho, esta misma pieza está postulada al Grammy por mejor canción de rock, lo cual habla muy bien de su impacto.
Si pudiera votar, el Grammy al mejor debutante sería para Mumford and Sons.




4. Esperanza Spalding: Oriunda de Portland, Esperanza es un revoltijo de influencias y orígenes, que resulta en una muchacha multiinstrumentista que canta como le da la gana y hace música que pasa por el jazz, el R&B y los sonidos brasileños. Fluida para cantar en inglés, portugués y español, Spalding es de las nuevas divas de la escena jazzística, donde ya se le cotiza como contrabajista y cantante, con su nombre figurando como parte de los principales festivales dedicados a ese género. ¿Es ella mejor que Justin Bieber? ¡No, huevón!



Si yo diera los Grammy, así quedarían estas categorías:
  • Interpretación pop femenina: Teenage Dream, Katty Perry.
  • Interpretación pop masculina: Half of my Heart, John Mayer.
  • Interpretación pop grupal: Hey Soul Sister, Train.
  • Colaboración pop con voces: Imagine, Herbie Hancock, Pink, India.Arie, Seal, Konono No 1, Jeff Beck & Oumou Sangare (echate un toquecillo de nombres).
  • Álbum pop instrumental: Singularity, Robby Krieger (sí, el de The Doors).
  • Álbum pop vocal: Teenage Dream, Katty Perry.
  • Álbum electrónica/dance: Further, The Chemical Brothers.
Ahora, entrando en materia con lo interesante, el rock:

  • Interpretación rock solista: Dejando por fuera a John Mayer, la competencia es de puros abuelos de apellidos monstruosos, como son Clapton, McCartney, Plant y Young. Maestros los cuatro, yo le voy a Neil Young, cuyo disco Le Noise es una joyita. Aquí está nominado por el tema Angry World, el cual les dejo a continuación.



  • Interpretación rock grupal: Otra donde duele tener que escoger, pues creo que nadie puede quejarse cuando la estatuilla está para repartirse entre The Arcade Fire, Jeff Beck & Joss Stone, The Black Keys, Kings of Leon o Muse. Yo sigo fiel a la causa y voto de nuevo por The Arcade Fire, nominados con su pieza Ready To Start.


  • Interpretación hard rock: Suave un toque, ¿acaso fue que volvimos a 1994 y nadie nos avisó? Stone Temple Pilots, Soundgarden, Ozzy Osbourne, Alice in Chains y un grupo de veteranos que incluye al baterista de Nirvana (Them Crooked Vultures) son, según la Academia, los mejores hacedores de hard rock de este año... ¿qué putas? Digo, no me malentiendan, pues brinco en un pie de la felicidad al ver que tres de mis bandas preferidas de grunge no solo resucitaron, sino que roquean duro y rico, como en los viejos tiempos. Sin embargo es raro pensar que no hay, según los entendidos, gente nueva haciendo este tipo de música (algo que sabemos bien no es cierto... ¿o sí?).

En cuanto a quién debería ganar, dejemos por fuera de una vez a Ozzy, que lleva más de una década de no pegar una pieza decente. El tema de Soundgarden es un paquetazo y de lo más flojo de su repertorio (es una pieza vieja inédita sin mayor importancia), caso contrario de los trabajos de Alice in Chains y Them Crooked Vultures, ambos de aplaudir de pie. Sin embargo, me inclino por los STP, pues a pesar de todo lo que les ha pasado, retomaron el sonido de sus mejores años... aún me sorprende que Weiland siga vivo, dado sus esfuerzos por lograr todo lo contrario.



  • Interpretación metal: Otra categoría sin espacio (merecido o no) para la sangre nueva. Iron Maiden, Slayer, Korn, Megadeth y Lamb of God son las bandas en disputa y creo que, por aclamación, el Grammy debería ser para Maiden, dado que su enésimo disco, The Final Frontier, es reflejo de que estos viejitos lo menos que suenan es a viejo, sino que siguen haciendo música vigente. Ignoro si "la doncella de hierro" –puse dicho nombre solo para decir que me parece una repolada referirse de dicha manera a la banda inglesa– ya tiene su Grammy pero El Dorado es una pieza que se merece ese y otros premios más. Punto.



  • Mejor álbum de rock: Neil Young, Muse, Jeff Beck, Tom Petty y... ¡Pearl Jam! ¿Tengo que decir más? Backspacer es no solo el mejor trabajo que PJ ha sacado en la última década, sino uno de los mejores discos de su ya extensa carrera.


  • Mejor álbum alternativo: Si hubo un disco este año que me gustó más que el de The Arcade Fire, ese fue Contra, de Vampire Weekend. Empecé a escucharlo hace unos días al ver que la mayoría de medios especializados que respeto lo incluían en sus resúmenes de lo mejor del 2010 y me encantó (Horchata debe ser una de las canciones más poderosas de la historia). Así que me voto es para el Contra, en una categoría que completan álbumes de Arcade Fire, Band of Horses, The Black Keys y Broken Bells.

Y ya. Poco puedo decir de las categorías de R&B y hip-hop pues no he escuchado a la mayoría de los postulados, a excepción de los nombres obvios que ya abordé en este texto y The Roots, banda que sacó dos discos maravillosos en el 2010, ambos dignos de salir corriendo a comprarlos/bajarlos.

A la música latina prefiero andarle de lejos, más cuando veo que entre los aspirantes al Grammy está Ricardo Arjona con su Poquita ropa... ¿así, o más feo?

viernes, 17 de diciembre de 2010

Clásico del calambre: Puma 5 - Solteros 4





Por Domingo Siete (con cariño)

Los especialistas de la gradería se vieron en un aprieto, pues no tenían recuerdo de una situación tan extraña en las ediciones previas de aquel evento. Después de consultar la base de datos estadística de Rodrigo Calvo y descartar cualquier coincidencia con juegos pasados, quedó en firme el fallo: el 2010 sería el primer año en que se declararía como jugador más valioso a un integrante del equipo derrotado.
Muy contra su voluntad, José Luis Rodríguez se convirtió en el baluarte y principal responsable del triunfo de los casados, en la versión de este año del llamado Clásico del Calambre (que es más calambre que clásico). Guardameta autodesignado de la escuadra soltera, el Puma se metió en el juego desde mes y medio antes, cuando echó a andar una agresiva campaña de venta de camisetas tricolor por toda la redacción.
Así, tras venderle las benditas chemas a todo el mundo, Rodríguez se enrumbó a su tienda de deportes favorita y se gastó las ganancias en varios uniformes de portero... lejos estaban los dichosos solteros de saber que aquel deseo fashion les significaría la caída en la sintética cancha del estadio Coyella Fonseca, la tarde del 16 de diciembre.

Si bien esto pretendía ser una crónica, varios factores atentaron contra las buenas intenciones del cronista: llegó 15 minutos tarde (igual, no se perdió de nada) y en el terreno de juego las emociones fueron escasas y anémicas. De ahí que lo que se incluye a continuación sea más una libreta de apuntes en orden cronológico, en la que –para ser legales con los créditos– también hay insumos de destacados espectadores como Andrés Formoso, Vanessa Loaiza, Carlos Villalobos, Mercedes Aguero, Irene Vizcaino y Arnoldo Rivera, quien se sumó a la grada tras abandonar el banquillo de los solteros previo al inicio del juego, luego de darse cuenta que los sin-doña llevaban las de perder.

  • El primer gol de los casados fue obra de Armando Solís, quien en su última aparición en estos “clásicos” salió por la puerta grande. Claro, cualquier goleador hace loco en la red cuando cuenta con la complicidad de un portero como el Puma, quien tras un despeje apocalíptico “asistió” a Armando para que pusiera el 1-0.
  • Tres minutos después, por alguna falta paqueteada, el árbitro –también paqueteado– le da un penal a los casados. John Univio cobra y la vuela.
  • Al ratico John se reivindica y le clava un pepinazo de tiro libre al Puma. Casados arriba por dos goles.
  • Teti toma el balón y se pega la carrera de su vida. El ejercicio fue infructuoso pero desde la gradería se le agradeció el gesto.
  • El depredador del área, Ronny Rojas, se hace un enredo con Teti y desperdicia un gol cantado.
  • Carlos Mora encabeza la marcha hacia la banca y le da espacio a Chucho, cuyos tacos pink son la sensación y rivalizan, en encandilada, con las zapatillas amarillo fosforescente de Luis Roberto. Irene grita desaforada y Matías no sabe dónde meterse.
  • En una de las poquísimas llegadas de los solteros, Román se luce y ataja bien.

  • Hárold Leandro se pega un carrerón épico, sónico, atómico y cósmico. Igual no le llegó pero la pulseada ya vale.
  • Uno de los chiquillos de Nina ingresa por Armando Solís, quien sale molido a punta de lima.
  • Gabriel –colaborador de Deporte– saca un remate violento... directo al tubo de los casados. Vale decir que se trata del primer redactor de la sección deportiva –en muchos años– al que sí le da el aire para jugar futbol.
  • Román es un portero kamikaze: después de un vergonzoso bomberazo, la bola quedó viva en su área. El compañero de Transportes se revolcó en medio de una maraña de pies y recuperó la esférica.
  • Entre el público hay comentarios diversos sobre los modos atléticos de algunos compañeros: el árbitro Larita parece que está en el gimnasio; Randall Cordero recuerda al “Hombre nuclear” (“¿quién?”, pregunta Mariela Fuster), Oscar Cruz luce una cabellera Palmolive, y Arturo Pardo parece a punto de desarmarse.
  • Alex Sánchez se barre por detrás con cara de yo-no-fui.
  • Luis Díaz se une a la interminable lista de quienes la vuelan por encima del marco.
  • Díaz vuelve a ser protagonista, tras bailarse a Esteban Mata... fue como gorrearse a un carajillo.
  • La habilidad del flaco de Deportes (no Hárold) empieza a inquietar a los casados... seguro que es Cheo.
  • Ferlin acribilla al Puma y pone el 3-1... sí, algún soltero metió un gol antes pero se me escapó el dato.
  • El Pollo y el Flaco de Deportes se entienden bien. Su jugada, al final, es contenida por Román, quien tandea al Puma en el duelo de arqueros.
  • Le dan con todo a Ronny en el área... y Larita pensando en Steve Jobs.
  • Alex Sánchez ve comprometida su descendencia tras un bolazo.
  • Palmares la revienta hacia la gradería. La bola cae a un metro de la directora, quien no entiende por qué el compañero de foto le dice “Disculpe, Joe”.
  • Chucho al fin toca bola y estrena los tacos. Irene grita desaforada y Matías no sabe dónde meterse.
  • Con un porte a la Quintavalle, Jairo mueve negocios extraños en el banquillo de los casados.
  • Termina el primer tiempo, 3-1. Villa aprovecha para ir a comprarse algo a la pulpe con Karen... “La bella y la bestia”, dice una voz a la lejanía.
  • Empieza el segundo tiempo, con 14 jugadores en cada equipo. Larita será muy bueno calculando metros cúbicos en un derrumbe pero en el partido le falló el ábaco.
  • Randall Cordero desbarata a Damián... será la primera de varias jugadas suyas que quedarán para el análisis de Ramón Luis.
  • Puma empieza el segundo tiempo con otra camisa de portero... esta parece tener hombreras.
  • Casados empiezan el segundo tiempo con nuevo portero: Tigre le hace un paradón al Flaco de Deportes... ¡y sin anteojos!
  • Armando vuelve endiablado e hinca al Puma, a quien el cambio de camiseta no le sirvió en lo futbolístico. 4-1.
  • Puma salva una, porque se cayó. Para su mala suerte, el rebote le queda a Ferlin, quien no perdona: 5-1.
  • Sin reflejos felinos pero con su eterna sonrisa, José Luis Rodríguez responde a las masas que piden su cambio. Puma le cede la portería a Luis Díaz y, pese a que había dicho que este año no lo haría, cumple con su ritual personal de salir sin camisa de la cancha. Su faena está completa y los casados protestan airadamente al perder a su mejor hombre-gol. Aquí está el link para que se unan a su grupo en Facebook.
  • Ronny se baila a la zaga soltera y tira. Los guantes de Luis controlan y Corella siente que al fin tienen portero.
  • Chucho vuelve a tocar bola.
  • A pesar de sus movimientos atolondrados, Pardo sorprende con un taquito de lujo. Iba a decir que fue chiripa pero luego hizo otro igual... seguro se dopó.
  • Transcurren 10 minutos y no sucede nada hasta que Pardo se baila solo... mejor no hubiera pasado nada.
  • Corella se hace sentir, tras tocar bola... con la mano.
  • Otto desperdicia un tiro libre y la vuela, algo que en Alajuelita se paga con sangre.
  • Gabriel (sí, el de Deportes) anota de penal para los solteros el 5-2. Tigre lució algo desconcentrado... seguro extrañó a Moya.
  • Esteban Mata sale de la cancha chollado y sin mayores méritos. “Mata es la versión futbolística de las ruinas de Cartago”, sentencia Arnoldo.
  • Violencia inaudita: Univio conecta a Pollo, quien le dice que se ven a la salida. ¿Y Larita? Bien, gracias.
  • Armando Solís la quiso hacer de lujo y la voló. Nadie le grita nada porque su familia está en la gradería.
  • Larita estrena las tarjetas que mandó a traer el Black Friday, tras pintar a Alvaro de amarillo.
  • Álex Sánchez tira, rechazo de los maridos que le queda a Corella, quien anota un golazo dedicado al Puma.
  • John baila a Corella, quien sigue tragando cable.
  • Randall pega a Armando, quien aprovecha para lucirse en lo histriónico, tras la enésima falta en su contra. La premisa de los casados parece ser “si se va de la redacción, que se lleve un cariñito”.
  • Inaudito: Pardo hace una asistencia efectiva y Gabriel Deportes anota el 5-4. Al entrenador Ismael Venegas se le escurre la victoria entre los dedos, pues nunca entendió que si su equipo iba ganando por cinco no fue por méritos propios.
  • Larita se queda en blanco idealizando las cerverzas irlandesas y repone como 10 minutos. Los paramédicos están listos para entrar a dar respiración boca a boca a los que ya se arrastran.
  • El árbitro Lara se acuerda del pito y sopla. Termina el partido con un ajustado marcado de 5-4 que llama al engaño, pues nunca antes un partido con nueve goles había sido tan ahuevado.
  • A pesar de sus peticiones, Yanancy no pudo esquivar el abrazo de un sudado Tigre a la hora de darle el trofeo a los ganandores.
  • Se concluye que muchos solteros están listos para casarse, pues ya lucen tan inútiles en la parte física como los esposos, mientras que los casados celebraron y en la noche todos llegaron a la casa rajando que habían anotado cinco goles, todos de chilena.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Inauguración del Estadio Nacional: noticias sin noticia


No me cabe duda de que la inauguración del nuevo Estadio Nacional (made by China) será ÉL evento del primer trimestre del 2011. Todos tendremos que ver con eso, todos estaremos al pendiente, todos veremos por tele las transmisiones, todos, todos...

Ayer se anunció el programa de la semana de inauguración del recinto, que irá del 26 de marzo al 3 de abril, con actividades de grueso calibre para cada noche... en buena teoría.

Y es que los voceros del Icoder, la Fedefutbol y la agencia Jotabequ –contratada para ejecutar la logística detrás de esa semana de fiesta– anunciaron ayer lo que ya eran secretos a voces: la visita de la selección de fútbol de China casi que venía incluida en el convenio de construcción del estadio, así que no sorprende. Cierto que será bonito ver a la Sele nuestra jugar por primera vez en un estadio local DE VERDAD, aunque sea contra un rival que en lo futbolístico no cuenta, al punto de que hasta en el Mundial del 2002 le ganamos (y con un gol de Mauricio Wright, lo cual es mucho decir).

Los otros dos actos dados a conocer ayer sin duda son palabras mayores pero que tampoco botaron a nadie de la silla, pues estaban más cantados que el gane de Nancy Dobles en Bailando me da sueño. El partido entre Costa Rica y Argentina es por mucho la actividad más llamativa del programa de inauguración: no es por jugar de vende patrias pero ese día todos los que (ojalá) vayamos al estadio que nos regalaron los chinos lo haremos, no para ver a Michael Barrantes o a Darío Delgado, sino para tener el privilegio de, por una vez en nuestras vidas, atestiguar con nuestros propios ojos esa relación tan deliciosa que se da entre Lionel Messi y la bola. Si me toca ver a la Tricolor bailada, entonces que sea porque para Messi es inevitable actuar de otra manera.

El otro de los tres espectáculos anunciados ayer resultó casi obvio: Shakira se encargará de dar el concierto de cierre de la semana en honor al estadio. Lo de la colombiana era un runrún confirmado desde hace meses, dando así al traste con todos los ilusos que –más con fe que con certeza– apostaban a ver en el escenario del Nacional en esos días a U2, Madonna, Coldplay, Bob Dylan, Paul McCartney, AC-DC, los Rolling Stones, Pearl Jam... la fe no se pierde y ojalá que cuando dichos artistas hagan sus giras, en las tres o cuatro fechas que le asignen a Latinoamérica se abra un espacio para nuestro país, pues el estadio de La Sabana sí está en capacidad de recibir sus montajes técnicos y generar una taquilla que pague tanta extravaganza (ya veo a Don Stockwell diciendo que va a reunir a ABBA para que venga al Estadio o algún disparate por el estilo).

Sin embargo, Shakira es una apuesta más a la segura y no me cabe la menor duda de que ese domingo el recinto estará a reventar, muy a pesar de los cientos que ayer se rasgaron las vestiduras en redes sociales y llamaron a boicotear la presentación de la diva de Barranquilla. A mí, en lo personal, me hubiera gustado otro tipo de artista para tan magna fecha pero tampoco voy a llorar... el concierto es para una mayoría y Shakira es de la mayoría (a pesar de que sus últimos discos apesten violentamente).

China... Argentina... Shakira... las tres son noticias sin noticia y salta la duda de qué tendremos en el Estadio Nacional las otras seis noches de celebración. Yo ayer esperaba detalles, nombres, confirmaciones de la multitud de artistas nacionales que, presumo, serán invitados a presentarse a lo largo de esa semana, seguramente que en condiciones tan glamorosas como las que tendrá Shakira. "Los artistas nacionales tendrán su espacio" dijo uno de los organizadores... y ya. ¿Má, pos'ora?

Estamos claros que organizar una celebración de esta magnitud no es ningún queque, y máxime cuando se carece de respaldo económico por parte del Estado. Sin embargo, nada cuesta imaginarse una seguidilla de noches temáticas dedicadas a la música, por ejemplo, con un buen concierto de rock una noche; otro de música tropical la siguiente, y otro de canción urbana, todo con talento criollo. Ojalá muchas sean las empresas privadas que salten de alegría y digan "aquí está mi aporte" para que esas noches los precios de las entradas sean casi simbólicos y que la producción se pague con los patrocinios.

Si de hacer apuestas a la segura se trata, nada costaría juntar en un mismo concierto a los grupos "juveniles" del momento: 424, Akasha, Patiño Quintana y Percance... les juro que ese día no queda un adolescente metido en la casa.

jueves, 18 de noviembre de 2010

La argentinidad de Diego Torres


Diego Torres es de esos artistas que por lo general están fuera de mi radar: sé que existe pero no pongo atención a lo que hace o en lo que anda... hasta que lo escucho en vivo.

Esta semana asistí, por tercera vez, a un recital de este cantautor argentino, no por un gusto particular hacia su obra, sino porque a entrada regalada no se le mira el diente, y, sin embargo, este ha sido el mejor espectáculo que le he visto (al primero fui obligado por trabajo y para el segundo lo que más quería era que Torres dejara de cantar, pues después de él seguía Jamiroquai).

Admito que contra Torres siempre he tenido cierto prejuicio, como que siento que la suya no es una música que me debería gustar. Sin embargo, lo primero que escuché de él fue fulminante, al punto de que aquel sencillo que lo dio a conocer sigue siendo, a mi criterio, su mejor pieza: Tratar de estar mejor.

Eran años en que MTV Latino dictaba la pauta musical para el continente y que nombres como Mano Negra, Fabulosos Cadillacs y Maldita Vecindad eran los que mandaban cuando apareció un macho, mechudo, con el nombre menos artístico del mundo y una canción con mensaje optimista y ritmo de reggae.

Y si Diego Torres pegó llamándose Diego Torres, definitivamente algo bueno había en su música.

Creo que mucho del respeto que le tengo hoy se debe a que Diego no se cree su personaje: sigue siendo el mismo argentino (¡argentinísimo!) obsesionado con el futbol, que cuenta chistes, que se ríe de él mismo y que, como la mayoría de sus coterráneos, siempre ve el vaso medio lleno. Además, Diego (tenía que llamarse Diego) goza de algo de lo que carecen la mayoría de intérpretes de pop latinoamericano: credibilidad. Así, si Torres entona la balada más melosa del mundo, las nenas le creen lo que dice, así como se le respeta cuando habla de rock y hace rock, pues evidentemente sí sabe de ese género y lo practica... en él no hay poses.

Por eso me cae bien Diego Torres. Sus conciertos son cero aburridos y con las intervenciones entre pieza y pieza, el artista me recuerda la buena vibra que por igual me han transmitido en su recitales otros músicos argentinos. En su show de días atrás, Diego bromeó, sudó a mares (el mae debe terminar deshidratado después del chivo) y, lo mejor, desarrolló un repertorio entretenido, con algunas sorpresas que ni sus fans más histéricas podían vaticinar, y que fue casi un guión cinematográfico, con puntos de giro incluidos.

En lo particular me gustó que el artista presentara nuevos arreglos para sus temas más conocidos, lo que refresca su obra. Mis dos piezas preferidas de él –la ya mencionada Tratar de estar mejor y No lo soñé– se presentaron en formato roquero, casi pesadas, con sendos solos de parte de un guitarrista de grueso calibre.


Afortunadamente, el mismo tratamiento se le aplicó a la ya infumable Color esperanza. Presumo que el mismo Torres debe estar algo harto de escuchar su canción como el himno preferido de motivadores y charlistas, quienes la tienen en una estima similar a los libros de Caldo de pollo para el alma y las habladas de paja del Dr. Dobson. Creo que el artista no tiene la culpa de lo sucedido con su canción, aunque es evidente que sabía del perfil ganador (y comercial) que traía la pieza. Pero bueno, Diego le dio otro tempo y cadencia para el concierto y eso se le agradece.

Entre las sorpresas hubo un aburridón popurrí de éxitos de Michael Jackson; un set acústico muy similar al usado en los conciertos unplugged de MTV, y algo que sí resultó inesperado y hasta emocionante: la participación del también argentino Noel Schajris, hoy solista tras su paso por Sin Bandera.

Noel interpretó a dúo con Torres el tema Guapa, incluido en el disco de Diego. Para mí eso no tuvo mayor trascendencia más allá de lo anecdótico pero donde sí me limpiaron fue con el cover que hicieron de Easy, original de los Commodores de Lionel Richie y familiar para muchos debido a la popular versión de Faith No More... eso sí fue una sorpresa.



No sé si volveré a ir a un concierto de Diego Torres, aunque ya sumo tres y siempre digo lo mismo. Sin embargo, sí le abono el ser uno de los pocos artistas de pop latinos que viene sin jugar de vivo, que le importa hacer su arte y, sobretodo, pasarla de lo lindo... como buen argentino.

viernes, 12 de noviembre de 2010

¡Yo quiero ir a Isla Calero!

Claro que quiero ir a Isla Calero, aunque me da algo de pena admitir que hace tres semanas no sabía de su existencia (seguro me perdí esa clase de Estudios Sociales)... y yo que creía que nuestra única isla en el Caribe era la Uvita.

Vi las tomas que el audaz equipo de Telenoticias hizo desde el islote (¿o islota?) es disputa y me gustó. La playa pinta bonita y, lo mejor, desierta, al punto de que uno podría broncearse chingo ahí sin problemas, si ni policías hay. Me imagino que adentrándose un poco más en aquel territorio abundarán las alimañas e insectos de enfermedad tropical pero qué importa, con la playa me conformo.

Por eso, ya que estamos –con todo derecho– echándole a medio mundo encima a los nicas para que saquen a sus tropas (tropas tenía Napoleón) de aquel olvidado y olvidable trozo de nuestro territorio, bien deberíamos plantearnos qué diablos vamos hacer ahí una vez que recuperemos Calero.

Podríamos empezar por aprovechar los paquetes 2x1 (para temporada baja) que DestinosTV está preparando una vez que se despejen los nublados del día. Partiendo de Barra del Colorado, todos los lunes y miércoles, usted podrá hacer un paseo en panga hasta la isla, donde disfrutará de un almuerzo fronterizo con vigorón, nacatal y fresco de pinolillo. Los guías lo llevarán a las ruinas, tanto de los campamentos sandinistas como narco, y, al final, se le entregará una copia del mapa de Google con errores, autografiada por Larry Page y Sergey Brin.

Entiendo que a la Calero ya le han salido varios pretendientes. Así, Minor Vargas está en planes de instalar ahí un complejo de canchas sintéticas para luego llevarse allá al equipo de Brujas. Consultado al respecto, don Minor dijo que bien conocido es que dicha franquicia mejenguera no genera empatía en ningún pueblo, por lo que al mudarlo a un rincón olvidado de Dios al menos tendrá una excusa para su inexistente afición.

En la misma línea se ha manifestado Don Stockwell, tan amigo de invertir dinero en negocios “prometedores” como bonos de deuda política clase C del Movimiento Libertario. El farandulero empresario aspira a convertir Calero en una versión Disneylandia de la Escuela de las Américas. Una batería de ilusionados polos con plata uniformados con camisetas camufladas que digan “Yo ando conDon” (la genialidad la inventó él, no yo) será aerotransportada a la zona en disputa, donde deberá saltar en paracaídas e internarse en la jungla. Ahí sobrevivirá haciendo cocina sin utensilios y alimentándose de orugas y escarabajos, mientras se oculta de los comandos pinoleros. El premio final será reclamar la bandera bicolor que los vecinos del norte guardan con tanto celo en su covacha, eh, digo, cuartel general de Calero.

Otra idea que ya se ha filtrado en redes sociales es la de un concierto masivo en territorio calereño (¿es ese el gentilicio correcto?). La Cervecería vio en Calero el sitio idóneo para revivir el Festival Imperial, que lógicamente pasará a llamarse Festival Toña para, con la coyuntura, impulsar la venta de esa birra importada. Los creativos detrás de la producción se aventuraron y anunciaron en Twitter un cartel binacional que incluiría a Perrozompopo, Malpaís, Luis Enrique (el salsero), Gandhi, Claudia Cardenal, Éditus, Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy y, para el cierre, la Orquesta de la Papaya de Manuel Obregón. Está de más decir que a ambos lados de la frontera aquella idea con tufo a malta y cebada no hizo nada de gracia, por lo que, tras días de negociaciones, la cervecera desechó la propuesta: con decirles que, para quedar bien aquí y allá, sólo logró confirmar a Rina Vega, la cantante nicaragüense de ese orgullo nacional que es Calle 8.

En veremos también quedó la marcha universitaria en contra de la ocupación extranjera de la isla. En la FEUCR y FEUNA se las vieron de palitos, dado que el manual del revolucionario no indica qué hacer cuando el agresor es precisamente otro revolucionario. Así, algún estudiante se apuró a tapar el cartel de la sala de reuniones que muestra a Ortega bajo la frase “Qué vivan los pobres del mundo” y se convocó de urgencia una asamblea para definir lo indefinible. Si la invasión fuera de parte de marines gringos está cantado que la marcha sería hacia la embajada estadounidense en Rohrmoser (porque, dejémonos de varas, eso no es Pavas). Sin embargo, al ser el pleito con los nicas, los jóvenes líderes no se pusieron de acuerdo en si deberían encaminarse, con tumbacocos y grupos culturales, hacia la Embajada nica; la escuela Rubén Darío o La Carpio.

En medio de tanto frenesí, el comandante Tijerino al fin dio pie en bola y si bien no pudo frenar los avances nicas, sí logró poner a raya a los nacionalistas ticos. Embanderados por las ideas hitlerianas, cinco jóvenes de apellidos tan arios como Chávez, Cascante, Zamora, Rojas y Ugalde planearon “en secreto” (secreto que idiotamente compartieron en Facebook) una contrainvasión a Calero, donde dinamitarían los campamentos sandinistas y izarían la tricolor, debidamente adornada por una cruz gamada.

El plan de los skinheads se vino al suelo, no por la pericia policial, sino por la estupidez propia de cualquier latinoamericano que aspire a ser de sangre pura. Resulta que los cinco amigos llegaron hasta Limón, se robaron una lancha y naufragaron en la desenvocadura del río Colorado, siendo rescatados por una patrullera criolla que pronto los tuvo a las órdenes de la fiscalía de turno.

A la luz de todos estos acontecimientos, la verdad sea dicha que pocas veces un pedazo de tierra causó tanta curiosidad entre nuestra población. Por eso hoy admito que, al igual que miles de mis conciudadanos, yo quiero ir a isla Calero... aunque sea para broncearme chingo.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Las mejores fans del mundo




Tras varias horas de vuelo, aquel hombre posiblemente ansiaba una buena cama, tal vez un almuerzo poderoso y sin duda llevarla al suave. Sin embargo, su deber era ineludible: al otro lado del cristal cinco muchachas lo señalaban y sonreían, mientras sostenían carteles salidos de una clase de artes plásticas colegial y cámaras digitales propicias para registrar el encuentro.
Así, Leonel García ensayó su mejor sonrisa, dejó de lado el cansancio y se preparó para encontrarse con sus fans... las de verdad.

Al igual que otras tantas personas, hoy también yo estaba en el aeropuerto, no por Leonel, sino por unos parientes. Mucho antes de que el baladista mexicano se asomara por el pasillo, sus seguidoras ya se hacían notar: era evidente que la ansiedad las consumía, mientras hablaban de los cambios físicos del músico, quien por cierto volvió a ser "normal", luego de una extraña etapa como intérprete "alternativo" -en la que adoptó la poco alentadora personalidad de León Polar-, que vino seguida a la separación de Sin Bandera, el meloso y exitosísimo dúo pop que formó con el argentino Noel por cerca de una década.

"¿Quieren más a Leonel que a Noel", le pregunté a una de ellas. "No, tenemos amor para los dos", me respondió la muchachilla, quizás de unos 16. Ella y sus cuatro colegas corrieron a la puerta, siguiendo la indicación que les hacía su ídolo para atenderlas. Fotos, besos, autógrafos, regalos y una corta plática en la acera fue su premio, de parte de un músico que, vale decir, se mostró atento y agradecido por las sinceras muestras de afecto y respeto a su trabajo. Y es que antes de que el mexicano saliera, mi temor y el de mi esposa, Mónica, era precisamente que el artista les hiciera una trastada, las ignorara, despreciara a sus fans, lo cual afortunadamente no sucedió.

Y es que en estamos tan acostumbrados a las estrellas come mierda, a los astros pesados, juega de vivos, hinchados de orgullo, de un orgullo que nosotros mismos les hemos hinchado, que sorprende cuando nos topamos a un cantante famoso que sí sabe ser gente. Desde estúpidos ególatras como Luis Miguel, Axl Rose o Charly García hasta otros que creen que el público está obligado a reírles todas sus animaladas (Arjona, Marilyn Manson), la industria de la música está plagada de tipos que sienten que el universo flota a su alrededor y que ven a los fans como un mal necesario, cuando es esa sección más fiel del público precisamente la que mantiene vivo su mito.

Todos los que hemos dedicado parte de nuestras vidas a la música, en calidad de aficionados, hemos sido fans, en mayor o menor medida. Las cinco chicas que esperaban hoy a Leonel García son tan fiebres como los cientos de cholos que se apelotaron afuera del Juan Santamaría para ver aterrizar el avión de Iron Maiden. En mi caso, aquella lealtad se desató en el colegio, primero para con Def Leppard, y más tarde con Pearl Jam y Faith No More, aparte de otras tantas bandas.

Y sí: fui, soy y seré fan... y qué rico se siente. Hoy entendí a las muchachas felices de tener la firma de un Sin Bandera en un disco, pues igual me sentí cuando, años atrás, me planté cara a cara con mi ídolo musical por excelencia y, con más emoción que pena, le extendí la portada de uno de sus álbumes históricos. Mike Patton tomó el papel con la imagen de la grulla, me sonrió y le estampó la firma. Ese autógrafo hoy vale plata... para mí.

La misma emoción me arrastró en otro momento a la par de Scott Ian y Charlie Benante. Así, hoy guardo con muchísimo aprecio mis fotos al lado de los hombres fuertes de Anthrax.
Por esto, es obvio que discrepo de la posición de colegas periodistas que, tomando un punto de vista muy "profesional", aseguran en público que nunca pedirían un autógrafo o se tomarían una foto con un artista. No me jodan. ¿Puede un periodista ser seguidor de alguien? Siempre he creído que sí y es absurdo negarlo, pues todos en las salas de redacción tenemos nuestros predilectos, sean en política, deportes y cultura.

Está claro que es a todas luces inapropiado (¿o mal visto?) el dejar que esas preferencias afecten nuestro trabajo, al menos cuando de periodismo de corte informativo se trata. Sin embargo, sé por experiencia propia que los mejores artículos suelen estar inspirados en aquellos temas que más nos gustan. Yo me declaro pecador y admito que prefería ir a cubrir un concierto de Santana que uno de... Sin Bandera (de hecho me tocó ver a ese dúo y me aburrí como una ostra).

Pero a Leonel García no le importa mi opinión. A él, se le nota, la que le importa es la de las cinco
chiquillas que un domingo hicieron la perigrinación hasta el aeropuerto con tal de tenerlo, por unos minutos, solo para ellas. El artista les dio besos a todas y se despidió para seguir en lo suyo.

Mis parientes llegaron y a las muchachas les perdí la pista, aunque me imagino que partieron de vuelta a casa, posiblemente en bus, con sus bolsos llenos de recuerdos, de piezas de memoria que dentro de unos años serán tan valiosas como lo es hoy un autógrafo de Renny y René; una foto con los de Magneto o un saludo de Mike Patton.

Eran sólo cinco pero Leonel García puede sentirse dichoso: tiene las mejores fans del mundo.


Este soy yo siendo fan: firma de autógrafos de Mike Patton y Dan The Automator. Coachella 2007 (la foto la tomó un venezolano que estaba en la fila).




domingo, 31 de octubre de 2010

Green Day: tres horas de pura interacción


La costumbre dice que en los conciertos pro el músico estrella internacional hace lo suyo, receta unos cuantos y mecánicos "Costa Rica, you're the best"; cuenta alguna anécdota; hace un encore que redondea las dos horas de música y todos de vuelta a su casa. Quizá por eso es que todos los que vimos a Green Day salimos tan asombrados del estadio Saprissa.
La banda californiana agarró el manual del "buen concierto" y se limpió con él, dándonos, en cambio, el concierto más emotivo, sincero e interactivo que se ha presentado aquí en tiempos recientes.
Cierto que Green Day son tres músicos, acuerpados para la ocasión por otros tres ejecutantes. Sin embargo, en suelo tibaseño la banda fue de miles de integrantes, representados en la tarima por al menos dos decenas de ticos que, sin esperárselo, fueron tan protagonistas como el mismísimo Billy Joe Armstrong.
Con Green Day el primero en estar fue un fan que, impulsado por el vocalista, hizo un perfecto acto de stage diving; también vimos a Ignacio, muchacho en muletas al que Billy "curó" con la misma técnica patética con la que los pastores más paquetazos engañan a las almas ávidas de milagros; también atestiguamos a un nutrido grupo de groupies hacerse grandes junto al micrófono, aunque nada comparado con la dichosa que le hizo segunda voz al cantante en Know Your Enemy y cuya gesta fue fotografiada por el líder de la banda (¿cuál periódico corrió a buscar esas fotos?).
Sin embargo, el punto alto de los aportes ticos al show se dio cuando Billy pidió que alguien que supiera tocar bajo y guitarra subiera a escena para conformar el Costa Rica Three (con su hijo Joseph en la batería). El bajo le correspondió a una muchacha sin mucha gracia, mientras que la lira primero recayó en un atarantado que no pegó ni un acorde y que fue despachado a la primera, para finalmente quedar en manos de un joven que sí supo roquear la casa, tanto que el instrumento al final le fue donado por Armstrong, para envidia de todos los que valoramos cualquier pieza de memorabilia.
Lástima que todo aquello fue presenciado por una asistencia que se quedó corta. Pareciera que, a pesar de la inédita oferta de conciertos internacionales de peso que hemos tenido este año, el mercado tico terminó por demostrar que no da para tanto y por eso ni Bon Jovi, ni los Jonas Brothers ni Green Day lograron llenar el Saprissa. No me extrañaría que para el 2011 las productoras tengan mayores reservas a la hora de incluir a Costa Rica en giras mundiales, apostándole sólo a casos de llenazo garantizado (Metallica, Iron Maiden... y Chayanne).
Aún así, los de Green Day no arrugaron la cara -contrario al petulante de Bon Jovi- y le dieron como si estuvieran ante 100.000 almas, tal y como lo hicieron en Woodstock 94 o, más recientemente, cuando cerraron la segunda noche del Lollapaloza 2010.
De hecho es curioso como una banda proveniente del punk rock tiene tan claro en manejo de su marca y el mercadeo de la misma. Su montaje fue sobrio y sin sobredosis de tecnología, apostándole más a la pólvora y explosiones que a las luces y las megapantallas. Sin embargo, el logo de GD siempre estuvo a la vista en los telones de fondo y, para remachar, a los de gramilla nos bañaron con una lluvia de papel picado que, sorprendentemente, no era otra cosa que miles de piezas con el nombre de la banda... nunca fue tan gratificante juntar papelitos del suelo.
En lo musical sería ingrato pedirle más a unos músicos que le dieron con todo por tres horas... ¡tres malditas horas! Sólo una vez antes recuerdo haber estado en un concierto que se extendiera tanto y aquella memoria no me es grata (era el único en el auditorio del Herradura que gritaba "¡Nooooooooo!" cada vez que El Potrillo preguntaba si querían escuchar otra ranchera aculeolada).
Tan largo fue el show de Green Day que fácil se hizo detectar a las dos generaciones convocadas por el trío. Y es que si bien aquellos que pasamos los 30 creemos que GD es nuestro, pues fuimos los que estábamos ahí cuando salió el Dookie, los que llamábamos a las radios y a TVA para que pusieran Basket Case, lo cierto es que la banda en realidad le pertenece a los chiquillos, a todos esos entre los 10 y 18 que hoy ven a Billy Joe y compañía como íconos, no sólo del rock, sino de la moda, y los tratan con la misma vigencia que a Paramore o Fall Out Boy.
Sin que aún tenga muy claro por qué, GD vivió una resurrección en los últimos años, coincidiendo con el lanzamiento del American Idiot (si tuviera que aportar, le daría mucho crédito a los videos que Samuel Bayer le hizo a la banda para aquel álbum). Por eso, aquella noche en Tibás, había niños que brincaban como locos con piezas como Wake Me Up When September Ends, para después caer en la indiferencia con clasicazos como She, Minority o Brain Stew, temas que está de más decir a mí y la mayoría de mis contemporáneos nos hicieron la noche (y eso que se quedaron sin tocar Warning).
Billy Joe prometió que volverán, promesa que me pareció más una cortesía que una verdad. Por eso, si se perdió por el motivo que sea de Green Day en Costa Rica hoy puede lamentarse por no haber sido parte del concierto más interactivo que una estrella internacional haya traído. Después de recordar la decidia y mediocridad con la que los Black Eyed Peas se tomaron su presentación aquí, da gusto ver que todavía quedan algunos que, por más grandes que sean, aún disfrutan de pararse frente a un público para hacer su arte.
Y así cerramos un año inaudito, abusivo, satánico, desquiciado e irrepetible en lo que a espectáculos masivos se refiere. En mi cuenta particular, el 2010 no me dejó ni chivas ni burras negras (la buena suegra la conseguí hace rato), sino el placer de haber tenido, a sólo metros de distancia, en el terruño y con rodeado de los compas, a Metallica, Megadeth, Korn, P.O.D., Bon Jovi, Aerosmith, al Salmón Calamaro y, ahora, a Green Day.
Como para darse con la piedra de Aserrí en el pecho.

Los dejo con un videito de los que grabé ese día. Y la foto también es mía (tomada con el poderoso Sony Ericsson Satio, mención que no fue pagada por Sony Ericsson).