lunes, 23 de diciembre de 2013

40 menores de 40 del 2013 (versión libre y subjetiva)




Esta lista, que empezó a armarse desde hace varios meses, es mi egoista y muy subjetiva versión de la que todos los años publica el semanario El Financiero, en la que se destaca el talento joven que, a criterio de ese medio, más se hace sentir en nuestro país.

Dado que (aún) soy menor de 40, dicha publicación siempre me ha llamado la atención y años a año me deja la misma inquietud, no porque la gente ahí incluida no lo merezca (no soy quien para decirlo), sino porque no conozco a más de 3 o 4 de los homenajeados. Esto se entiende por la naturaleza de nicho del semanario, por lo que gran parte del grupo de jóvenes proviene de los sectores empresarial y académico, con unas muy contadas excepciones venidas de la cultura, el arte y el entretenimiento.

Año a año me parece increíble que jóvenes que han destacado a todas luces sean obviados en los 40 menores de 40, cuando (digo yo) su lugar en la lista debería ser obvio. Y así empezó este ejercicio: primero juntando a 10 nombres que de fijo deberían estar en el especial de El Financiero, luego sumándole talento indie que merece más divulgación, y finalmente agregándole a héroes personales que tengo entre mis referentes.

Así que acá queda: mi lista de 40 personas menores de 40 de Costa Rica a los que vale la pena poner atención, seguir y promocionar. A la mayoría la he tratado, algunos incluso los cuento entre mis buenos amigos; con otros nunca he cruzado palabra, y con varios crucé muchas palabras de más.

Sin embargo, más allá de cómo llegaron acá, puedo dar fe que todos son jóvenes brillantes, valientes y positivamente incómodos. Como es de esperarse muchos provienen del mundo del entretenimiento, no solo porque me es más cercano sino porque me parece injusto el que se le ignore en ejercicios de este tipo.

Consideraciones: en algunos casos hice trampa, al juntar a varios muchachos y presentarlos como un equipo, pues efectivamente funcionan y destacan como tal. También aclaro que no hice un estudio minucioso sobre la edad de los 40, pues se trata de gente que yo creo es menor de 40. En otras palabras: no datunié a nadie, así que bien alguno de ellos puede tener más de 40. Si tal es el caso, pues me disculpo. Además, al final incluí una lista cortita de cuarentones que igual merecen mención y que de fijo estarían en el conteo principal en caso de que la edad aún se los permitiera.

A todos los acá mencionados mis disculpas anticipadas, tanto por hablar de ellos así, de golpe, sin que me lo pidieran, y además por el hurto y uso descarado de sus fotografías (casi todas tomadas de sus perfiles de Facebook).

1. Adrián Poveda

Adrián ha sido una figura casi mística en la escena under de la música local. Lo conocí cuando era guitarrista de UFO y recuerdo lo que me impresionó su convicción y lo mucho que aprendí cada vez que conversé con él. Con los años Poveda ha extendido su creación en todas las direcciones, tanto en el dibujo y el diseño como en lo musical.

Hoy Adrián es la mitad de Monte, un dúo de ¿pop? bastante experimental que se ha convertido en uno de los secretos mejor guardados del arte tico. La banda –que también incluye a Franco Valenciano– suena más afuera que en el terruño y se cuenta entre las favoritas de muchos de sus colegas músicos y de gente de los medios.




2. Adriana Álvarez


GestaciónPuerto Padre y Dele viaje tienen dos elementos en común. El primero es que se trata de tres de las producciones de ficción nacionales que más han dado de qué hablar, para bien, en la última década dentro de nuestra aún inmadura industria audiovisual.

El segundo es Adriana Álvarez.

No es gratuito que en apenas cinco años Adriana se convirtiera en la actriz más galardonada del medio cinematográfico local. Su talento le ha puesto buenos trabajos en el camino, y así la vimos saltar de Gestación Puerto Padre, la cinta de Gustavo Fallas que está causando positivas impresiones a su paso. Y sumémosle a sus atestados lo que está logrando como parte de Dele viaje, la serie web que fue tema de conversación en redes sociales desde su estreno, meses atrás.

3. Alberto González

Beto Beto es la creatividad con pies. Trotamundos consumado, este diseñador y especialista en User Experience sería feliz si el mundo fuera en dibujos. Un rasgo suyo que le hace digno de seguimiento es su enorme criterio y enciclopédico conocimiento sobre temas de todos los colores (además de sus chuzas caricaturas).

Voy a tratar de decirlo sin sonar grosero, pero Beto tiene algo de lo que carecen muchos de sus colegas diseñadores con los que he trabajado: habilidad para expresarse claramente por escrito. Y eso, mezclado con su talento innato para el dibujo, lo hace un tipo de cuidado.


4. Ale Fdz

El primero de dos Alejandros Fernández en esta lista, Ale es a mi gusto uno de los músicos más talentosos e interesantes que este país ha visto en mucho tiempo. Siento que fue el primero en resolver bien la histórica resistencia hacia el pop local, y a él se debe la que considero la mejor canción pop que se ha hecho en este país: Bola de cristal.

Multi instrumentista, cotizado como baterista aquí y afuera, gatazo detrás de la mesa de grabación y cantante privilegiado, Ale es una cuchilla suiza llena de soluciones. Sumémosle un notorio gusto por la música noventera (algo raro en alguien tan joven) y buen sentido del humor. A Ale lo conocí hace un par de años con un puño de canciones originales y una guitarra; hoy ya tiene banda, dos discos, videos de muy alta calidad en canales internacionales y un nombre posicionado que logró esquivar los chistes lógicos de potrillos.




5. Alejandro Fernández

Periodista con olfato de abogado, abogado con pluma de periodista, Alejandro es un híbrido exitoso entre dos profesiones. Especializado en arrancarle información de interés público al Estado por medio de recursos de amparo, Alejandro es ficha precisamente de El Financiero, al que se reincorporó hace poco después de un tiempo de estudio y especialización en Chicago.

Alejandro es un chavalo sensato, que no se anda con las ramas, opina sin miedos y se le atraviesa al tren como si nada. Sus artículos de opinión en La Nación son frecuentes y rara vez pasan inadvertidos, pues usualmente exponen la incompetencia y/o desatinos de alguna figura pública.  Y a todo eso sumémosle una verdadera rareza en el gremio periodístico: matiza el buen punk rock.


6. Alessandro SolísCarlos Soto y Manuel Montero: El Chivo

Cierto que su programa ya no existe. Sin embargo, lo hecho por estos tres muchachos va más allá del hoy.

Hasta hace unos meses El Chivo era EL programa musical a escuchar en la radio nacional, y no solo por la majadería de sus conductores a poner la música costarricense por encima de todas las cosas. En una ocasión tuve el placer de acompañar a este trío en la cabina y daba gusto verlo en acción. Alessandro, Manuel y el Carlox son carajos con criterio, que opinan y se comen la bronca en una época en que los locutores de radios musicales procuran no ensuciarse las manos con temas "que se salen del perfil de la emisora".

El Chivo fue un espacio contestatario, atrevido e inquieto y que a mi criterio le dio un enorme valor agregado y mucha credibilidad a la 104.7 Hit. Por esto, el que la radio dejara ir, sin dar la lucha, a su programa de más alto contenido es una pena enorme. Y si bien en su despedida los tres dicen estar muy concentrados en su actuales proyectos y ocupaciones, yo sí espero que el enorme potencial que desatan como equipo pueda volver a oírse, que buena falta como país nos hace.


7. Álvaro Murillo

A Álvaro lo conozco desde la UCR, donde algún infeliz dijo que parecíamos hermanillos. El chiste no nos hizo gracia a ninguno de los dos pero lo cierto es que desde entonces hemos coincidido mucho a lo largo del camino y hoy trabajamos a pocos pasos de distancia. Sin embargo, en algo sí nos diferenciamos: Álvaro escribe mucho mejor que yo y hoy por hoy es la mejor pluma que tiene La Nación y sin duda uno de los mejores cronistas contemporáneos de nuestro país.

Un texto de Álvaro viene con sello de garantía y eso les quedó claro a las distintas cabezas que tuvo la finada (y extrañada) revista Soho, donde fue colaborador indispensable. Después de mucho andar, recientemente Álvaro compartió lo que pudo con los estudiantes de periodismo de la U Latina, quienes espero aprovecharan una clase que sí les servirá.


8. Ariela Muñoz

Ariela es fotógrafa, herediana, activista y valiente. A ella la conozco por medio de mi esposa Mónica desde hace rato y siempre me cayó bien. Sin embargo, poco sabía de su trabajo como profesional hasta que me golpeó virtualmente (y a muchos ticos más) con su campaña de Los Incurables, hecha en conjunto con Jimena Cascante.

Harta de tanta ofensa a la dignidad de la comunidad GLBT, Ariela tomó su cámara y fotografió a decenas de personas que no quieren ser "curadas" de su condición humana, muy a pesar de los cánticos de intolerancia de diputados, pastores, curas y otros líderes que aseguran que la homosexualidad es una enfermedad tratable. Desde entonces he seguido el trabajo de Ariela y todo es digno de aplauso de pie.


9. Arturo Pardo

Arturo es un personaje en todo el sentido del término. Escribe como pocos, su humor –que es muy suyo– es un batazo en Instagram, y su música cada vez vuela más alto, por medio del aporte que hace dentro de la banda Foffo Goddy.

El mayor de los Pardo tiene también la particularidad de caerle bien a todo el mundo, lo que lo convierte en un aglutinador de contactos e influencias dentro de la escena musical del país. Poca gente tiene la habilidad, como él, de conciliar y rimar con músicos de todos los género. Arturo fue el primero que me habló, hace ya muchos años, de artistas entonces debutantes que hoy deslumbran y son carne de titulares a diario: eso se llama tener tanto buen oído como mejor olfato. Y, para terminarla, es un periodista innovador, acostumbrado a sacarla (para bien) del estadio con enfoques llenos de empatía hacia el lector.




10. Cristian Cambronero


El primero de tres casos en los que mi lista sí coincide con personajes que han sido parte de los 40 menores de 40 de El Financiero.

En muchos niveles Cristian se ha ganado ser un referente para la generación de costarricenses que tenemos un pie entre los 30 y los 40. Su trabajo pionero como bloguero, su nombre bien labrado dentro del periodismo nacional y sus ideas de avanzada lo tienen aún como una voz a considerar y oír, a pesar de que su fusil de chispas hace rato no dispara.

Cinco años atrás Cambronero era el bloguero por excelencia del país y lo que dijera o escribiera era santa palabra para muchos. Para su buena fortuna, pues presumo que en algún momento la presión de la fanaticada llegó a ser abrumante, otras voces igual de elocuentes han surgido de la blogosfera criolla. Esto le permitió a Cristian diversificarse y, por qué no, romper la cadena que lo ataba al Fusil. Sin embargo, con o sin actividad en su blog, este periodista y emprendedor de las nuevas tecnologías sigue hablando desde un podio privilegiado, con una credibilidad que vale oro.


11. Daniel Cuenca

Daniel es el cantante de Sonámbulo y uno de los ideólogos de la más exportable de las agrupaciones musicales de este país. Sin embargo, Daniel es mucho más que eso.


El año pasado, a propósito de la actuación de Sonámbulo en el festival Austin City Limits, tuve la oportunidad de compartir buen rato con los músicos y de las pláticas con Cuenca siempre algo me quedó. Daniel sabe usar su plataforma artística para exponer causas, tanto suyas como de otros. Su vivencia sobre el arte nacido en las calles y las iniciativas populares está forjada tras años de involucramiento, de no esperar a que le cuenten, sino de enrollarse las mangas y pasar del dicho al hecho.




12. Daniel Patiño Quintana

Otro músico que a fuerza de romper lo tradicional es hoy una de las voces más notorias del país. Lo primero que supe de él fue cuando lo escuché cantar con un grupo del que hoy poca gente se acuerda –Senestesia– y que, a la luz de los acontecimientos, poco se ajustaba al estilo que Daniel marcó desde que hizo casa aparte.

Lo de casa aparte no es necesariamente cierto, pues el joven cantautor armó alrededor suyo a una de las bandas más particulares del país. Con dos discos y un DVD al hombro, Patiño Quintana (el grupo) es una positiva anomalía en nuestro medio: rock que se abrió de brazos a la nueva canción, al bolero, a la fusión latinoamericana, que bien puede ser parte de un festival lleno de mechudos como de una peña cultural. Patiño hace pop con descaro y gusto, sin perder una gota de credibilidad callejera en el camino. Y a esto sumémosle un rasgo compartido por todos los otros músicos aquí mencionados: actitud incómoda, una boca que no se mide y lanza sus verdades con estilo, sin que importe el qué dirán o quedar bien.





13. Debi Nova

Yo a Debi empecé a seguirla en serio hasta hace poco, hasta que volvió al terruño.

No discuto sus innegables calidades artísticas y en su momento me alegró lo que logró en la música estadounidense. Sin embargo, aquella etapa palidece, en mi opinión, frente a lo que está haciendo ahora.

Yo por encima de esa Debi que la pulseaba en Los Ángeles me quedo con la de hoy, la que está acá, mangas arrolladas, dando la pelea en varios campos. Creo en su poder como líder de opinión, como una voz no solo talentosa sino coherente. Y no me cabe la menor duda que su arte es exportable y que pronto la llevará a donde se merece (lo que ha mostrado de su nuevo disco es muy prometedor) pero, mientras eso sucede, sepamos aprovecharla aquí, ahora.






14. Debbie Ponchner

Debbie y yo llegamos a La Nación casi al mismo tiempo, hace ya más de una década, y aterrizamos en las páginas de Viva. Desde entonces hemos sido buenos amigos y colegas, especialmente porque desde mi condición de fiebre (de los temas de entretenimiento), me es fácil entenderla en su loquera por el periodismo científico.

A la fecha creo que nadie en este país se ha preparado más y mejor que ella para conciliar el rigor de la ciencia con el frenesí del periodismo. Antes de ella, el periodismo científico era más una rareza limitada a publicaciones académicas y poco leídas. Fue Debbie la que metió cabeza para que La Nación le diera más páginas a los temas de ciencia y tecnología, formando sobre la marcha una escuela de redactores también interesados en dichas temáticas.

Hoy buena parte del día se le va en reuniones y labores de coordinación, como parte de su trabajo como jefa de redacción del diario. Sin embargo, cuando la sangre la llama, ahí está su blog para desahogar a la científica interior.





15. Diego Delfino y Adrián Pauly: 89 Decibeles

Muchos (y me incluyo) hemos soñado sobre cómo debería ser la comunicación y el periodismo en Costa Rica. En el caso de Diego y Adrio, ellos pasaron de la hablada y sus 89 Decibeles ya tienen 10 años de ser referente e inspiración.

Tuve la dicha de seguir casi que desde su nacimiento a 89, cuando sus dos responsables eran un par de muchachillos con muchas preguntas y pocas respuestas. Y si bien su medio ha crecido porque el público así lo ha querido, el norte siempre lo ha marcado este dúo, uno que lejos de funcionar como Master-Blaster más bien se asemeja a los hermanos Korioto. Legítimo yin y yan.

En buena teoría, Adrián se ocupa de la parte técnica. Sin embargo, su rol se ha expandido y hoy lo siento como uno de los cronistas de conciertos más maduros del país, además de fotoperiodista colmilludo. Su opinión suele dar en el blanco y su conocimiento en temas de cultura y tecnología es envidiable.

En cuanto a Diego, admito que me resulta una fuente constante de envidia, pues me encanta lo que escribe, cómo lo escribe y dónde lo escribe. Delfino es un opinador nato, un motivador sin quererlo y un aspiracional para mucha gente que busca hacer lo propio, marcar su estilo. La cantidad de veces que he coincidido con él solo es sobrepasada por el número de ocasiones en que no compartí sus ideas. Sin embargo, siempre le he reconocido una claridad enorme en su pensamiento y expresión.

El arte, la cultura alternativa, el periodismo joven y especialmente la música nacional le deben mucho, muchísimo, a este par de majaderos. Yo les debo mucho, por muchas razones.


16. Douglas Contreras El Transformer

Douglas es uno entre los miles de nicaragüenses que habitan la ya mítica ciudadela La Carpio, espacio que se ha extendido al margen de la capital y que culturalmente ya tiene un peso enorme en nuestro país, aunque muchos aún solo lo vean mediante la estereotipada asociación con miseria y delincuencia.

Lo que diferencia a Douglas de sus vecinos es que él es un narrador, un cronista, un artista que extrae historias de las calles sin asfaltar de La Carpio y las transforma en hip-hop. Sin mayores recursos técnicos o económicos, Douglas ha ido haciéndose un nombre, trascendiendo su entorno más cercano y hoy sus videos en Youtube cuentan las reproducciones por decenas de miles. Douglas además es un líder comunal valiente y que sabe que las cosas pueden ser mejor para sus vecinos y, a diario, emprende pequeñas luchas de titanes.





17. Esteban Rodríguez y Alejandro Imbach: Seka

La historia del rock costarricense debe tener un apartado especial para Seka. La banda fundada hace casi 20 años por este par de amigos en su natal Turrialba ha servido como hilo conductor al movimiento under del rock original en este país, relacionándose y colaborando con la mayoría de grupos relevantes que han surgido y caído a lo largo de los años.

Esteban y Alejandro han sido desde el inicio el combustible de la banda, dos músicos con sobredosis de actitud y empeñados en nadar contra corriente, en hacer las cosas a su manera, al sea como sea. Su causa es justa, sus canciones incendiarias, melancólicas, directas, siempre en el grano, sin miramientos, propositivas y enjachadoras.

El éxito de esta dupla no se puede medir en los términos de la industria, pues lo suyo es un legado más trascendente que pegar una pieza en la radio o tener miles de seguidores en Facebook. Para ellos, ante todo está la convicción.





18. Evelyn Ugalde

Evelyn es otra que sí logró en su momento espacio en el especial de El Financiero, y con sobrado mérito. Fuimos compañeros en la ECCC y en ese entonces no noté la obsesión que consume a esta periodista: la lectura.

Evelyn está en un cruzada personal por lograr que Costa Rica lea más y mejor material, ojalá de producción local. Con esto en mente le dio forma a Club de libros, sitio web en el que tanto lectores como autores encontraron su "casa club". Desde ahí, Evelyn y sus colaboradores difunden la obra de escritores nacionales, organizan encuentros, procuran que las letras alcancen a todos. En dos platos: se la parten por y para que la gente no se olvide del placer que se siente cuando uno tiene un buen libro entre manos.


19. Gustavo Cornejo

Gustavo no será un nombre muy conocido por el gran público y, sin embargo, su trabajo tiene impacto en gran parte de la población del país. Y cómo no, si sobre sus hombros recae la administración de la marca más internacional que tiene Costa Rica.

Gustavo es el gerente de marca de Imperial.

Mis primeros intercambios con él se dieron previos a la edición 2012 del Festival Imperial, evento del cual él fue su rostro responsable más visible, además de uno de sus máximos ideólogos. Desde entonces hemos conversado varias veces y su conocimiento del consumidor costarricense, sus valores y hábitos es casi enciclopédico. Gustavo además es un ferviente creyente en los poderes de la música y por eso mucho de su trabajo con Imperial termina reflejado sobre un escenario, casi siempre con talento nacional de por medio. Además, en vista de que sus decisiones inevitablemente impactarán todas las mesas de tragos del país, Gustavo sabe escuchar, especialmente porque Imperial hace rato dejó de ser una marca de Florida Bebidas para convertirse en un activo nacional, incluso más fuerte de nuestra nueva marca país.


20. Gustavo Jiménez

Cuando en Grupo Nación empezó a circular la versión de que Al Día se convertiría en un diario 100% deportivo, el nombre de Gustavo Jiménez saltó desde el inicio como el ideal para dirigir el nuevo barco. Y así fue.

Tavo no solo es un chavalazo, sino por mucho uno de los periodistas deportivos más brillantes de nuestro país, algo que se agradece en un gremio lleno de improvisados que editorializan desde la gradería de sol. Sin los vicios de la vieja escuela ni las mañas de los 2.0, Gustavo resultó el indicado para guiar a un producto que si bien responde a la pasión, por dicha no renuncia a la razón.

Lo único que lamento de que asumiera el cargo de director es que eso nos privó de contar con más frecuencia con sus crónicas y artículos, pues para nadie es secreto que la suya es una de las mejores plumas que Llorente ha visto en su pasado reciente. No hace muchos días Tavo se retiró –bajo sus propios términos– de Al Día, con lo que espero pueda volver a las canchas, aunque sea de vez en cuando... la afición lo pide.


21. Hernán Jiménez

Hernán también sabe lo que es ser parte del especial de los 40 menores de 40 de El Financiero. Y es que durante los últimos cinco o seis años, la obra de este actor y cineasta ha sido sencillamente ineludible.

No sé si él se verá como tal pero, para mis efectos, Hernán fue el que le abrió la puerta al stand up en nuestro país. Hoy que los comediantes de escenario parecen surgir por generación espontánea, Jiménez sigue siendo el maestro, el referente, el que marca la ruta y ya se hizo costumbre que sus rutinas se desarrollen a teatro lleno, con un gentío soltando la carcajada ante sus monólogos de un país que por absurdo da risa. Y es que si bien su trabajo es para reírse, el mismo se sustenta en un análisis de la realidad nacional que debe tomarse muy en serio.

Desde luego que su faceta de stand up es apenas la más visible de una carrera llena de versatilidad. Sus dos largometrajes se cuentan entre las películas más taquilleras y exportables de nuestro país, y cualquier proyecto en el que se involucre rara vez pasa inadvertido.




22. Javier Arce

Si Luis Montalberth-Smith fue una década atrás el frontman por excelencia de Costa Rica, hoy ese título le corresponde a Javier Arce.

El cantante de Cocofunka es en la actualidad uno de los rostros y voces más reconocibles de la música local. Sin embargo, lo que lo hace un nombre a tomar en cuenta es su enorme arrastre: hoy Javier habla y son muchos los que escuchan.

Javier se inserta dentro de la línea de cantantes místicos, con aires a la Morrison. En el escenario es impredecible y uno teme que se desarme de tanta contorsión, pues para él el baile es, más que obligatorio, algo inevitable. Sin embargo, Javier es mucho más que un buen músico, pues el impacto de sus mensajes va más allá del escenario, tiene excelentes dotes de orador y sabe manejar al público como pocos.




23. Juan Carlos Hidalgo

Si bien ahora sale en CNN casi que a diario, a Hidalgo la mayoría lo conocimos gracias a Por la libre, el blog que firma en El Financiero y desde el cual desmenuza, sin misericordia, la actualidad política y económica del país. No tengo cómo confirmarlo pero hace rato estoy convencido de que su blog es uno de los más leídos del país y que Juan Carlos bien puede ser hoy el bloguero más influyente de Costa Rica.

Liberal sin tapujos, Juan Carlos es un ácido crítico de la mayoría de partidos políticos que hoy optan por llegar a Zapote (incluso del Movimiento Libertario, del cual antes formó parte). Sin embargo, de su blog han sido especialmente interesantes sus opiniones sobre el triste desempeño de la administración Chinchilla: insumos le han sobrado, gracias a la torpeza del Ejecutivo.


24. Laura De León

Alguien a quien también conocí en los pasillos de la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva. De primera entrada la recuerdo como la hija del entrenador de fútbol para luego caer en cuenta de que se trataba de una excelente conversadora.

Con una afinidad nata para las redes sociales, esta relacionista pública se ha levantado en los últimos años como una líder de opinión, alguien a tomar en cuenta, y lo curioso es lo que ha logrado gracias a su afinidad con un movimiento artístico que de nuevo no tiene mucho. La música de plancha que marcó la infancia de todos los mayores de 30 es hoy un bien preciado objeto cultural y Laura es, por mucho, la figura más autorizada en la materia en nuestro país. Sus planchatones en el bar El 13 son desde hace rato un punto alto en las noches josefinas y le han permitido a la Reina hacerse oír, no solo sobre su encicolpédico conocimiento musical, sino sobre todo tipo de temáticas sociales, siempre con mucho tino y empatía.


25. Laura Pardo

Laura es fotógrafa, y muy buena. Hoy hace felices a los neoyorquinos, pues empacó sus lentes y trípodes y se instaló, junto a su familia, desde hace un rato en la Gran Manzana. Allá su talento rapidito se hizo notar, al punto de llegar a ser tomada en cuenta por Michael Kors para una de sus campañas.

Si bien las bodas son su especialidad, Laura también ha hecho trabajos muy interesantes en materia de género y es una valiosa defensora de los derechos de la comunidad GLBT. Y, a todo esto, leer sus reportes, muy a la tica, de la vida en la capital no oficial de Estados Unidos siempre es un placer.


26. Leonardo Chacón

Desde hace rato Leonardo es el deportista que más admiro de este país. Como expliqué en un post del 2012 –y originalmente en un texto del 2008–, Leo Chacón se ganó mi respeto hace ya algunos años, cuando él era un triatlonista adolescente y yo un estudiante universitario.

Su caída en las olimpiadas de Londres y todo lo que vino después lo elevaron por encima de la media del deportista tico: un muchacho sin ego, sin ganas de robarse el show, alguien que inspira, que ayuda, que tiende la mano sin hacerse autobombo. Hoy que sobran los bombetas y payasos metidos a charlistas y genios de la autoayuda, Leo es alguien que sí me alegra tomara el micrófono para compartir sus experiencias de vida con otras personas. Su rol de líder, de modelo a seguir es innegable.


27. Leonora Jiménez

El texto sobre Leonora puede resultar un toque extenso, pues implica una explicación previa de mi parte.

Soy, por formación y vocación, periodista de entretenimiento y desde el inicio canalicé mis esfuerzos en divulgar el trabajo de creadores que no eran de los preferidos de la prensa de espectáculos (roqueros, gente del audiovisual, etc). En vista de lo anterior, al modelaje siempre le presté poca atención, quizá porque a dicho sector le sobraban páginas y periodistas a su servicio, generosos en indulgencia y dispuestos a valorar más las lindas sonrisas que los méritos.

Cuando el nombre de Leonora Jiménez empieza a sonar con fuerza mi reacción inicial fue de rechazo, pues, pensé que ya suficientes modelos teníamos tratando de robarse el show. Recuerdo que en mis inicios en redes sociales le reclamé a Facebook que me la sugiriera de amiga y no fue poca la gente que salió en su defensa, diciéndome que tenía una visión equivocada de la rubia.

Los años han pasado y sin pena admito que me equivoqué: Leonora ha hecho méritos para destacar y ser referente, mucho más allá de su trabajo como modelo. En un gremio en el que la proyección social se hace en la medida en que sirva para salir en alguna foto de Tía Zelmira, Leonora se ha diferenciado, asumiendo compromisos con causas, como la ambiental, con una pasión casi militante. A su favor también destaca su empecinamiento en que la moda sea abordada con el nivel y calidad del primer mundo, llegando al extremo de embarcarse en lanzar su propia publicación, Traffic, convirtiéndose en el proceso en una comunicadora a considerar.


28.  Margarita Durán

Meme es el secreto mejor guardado de Costa Rica. Digo, no es que viva en una cueva o que solo sea conocida por sus mascotas (¡para nada!), sino que creo que sus ideas deberían tener un mayor alcance.

A Margarita la recuerdo como una de las foristas fundadoras de 89 Decibeles, donde siempre destacó por su claridad de pensamiento y palabra. Hoy la tengo como una de mis plumas costarricenses preferidas, a pesar de que aún no hay libros con su nombre en la tapa. Meme escribe, y muy bien, por medio de su blog Entooonces caracolito, donde hay conversaciones con con amigos imaginarios y mucho relato cotidiano, urbano, transparente y esperanzador.

Además, esta amante de las causas imposibles destina buena parte de su tiempo en la generación de espacios de coincidencia entre la gente. Entre manos tiene ahora una celebración en enero que no dudo puede tornarse en tradición.


29. Marlon Villar

Marlon es creador audiovisual y su lente se reconoce a leguas. Desde hace rato lo tengo entre mis directores de videoclips preferidos y lo considero uno de los responsables de haberle dado en el último par de años al video musical tico una apariencia de primer mundo, junto con Neto Villalobos, Pedro Rey, Paulo Soto, Federico Lang, Nicolás Wong y Cristobal Serrá.

Hoy Marlon es también un cotizado director de anuncios comerciales para televisión y un innovador del tipo que hace mucho con un poquito. Su reciente trabajo para la Filarmónica Nacional en honor a la Selección Nacional bien puede ser el video más épico en la historia del futbol tico.





30. Miguel Gómez

La primera vez que escribí sobre Miguel se remonta al 2001 y fue para criticarlo, luego de que la banda que él entonces jefeaba, Gin Aluvosi, subió a unas "bailarinas" ¿exóticas? a la tarima del Rock Fest.

Los años nos hicieron cruzar caminos muchas veces más y mi aprecio por su creatividad y empuje ha crecido como la espuma. Si bien la música fue su primer amor, Miguel encontró su charco en el audiovisual, al punto de ser hoy uno de los pocos cineastas locales que ha proyectado tres largometrajes de su autoría en las salas de cine costarricenses.

Miguel es una voz líder en el medio, alguien que habla con razón y sentido. El suyo es un lenguaje que todos compartimos, con el que podemos identificarnos, un pulseador, un irrespetuoso de lo aburrido y lo predecible. Esté o no con una cámara por delante, Miguel siempre encuentra el modo de expresarse y hacerse entender.


31. Mónica Morales

Mónica es periodista en la revista Perfil, y en su momento fue, al igual que yo, colaboradora en SoHo. Sin embargo, es por lo que escribe en línea que en el 2013 llamó la atención de muchos.

Su blog Es lo que hay es un espacio que con cada nueva entrada capta más lectura. Ahí Mónica escribe de temas aterrizados, sin complicaciones, poniendo por escrito reflexiones que mucha gente no se atrevería compartir en público sobre, por ejemplo, relaciones y sexo. Si bien su línea no es la de las feministas recalcitrantes, de todos modos sus textos muchas veces terminan alzando llama y, curiosamente, he visto que mucha de la crítica proviene de mujeres (tengo colegas periodistas que no soportan su blog... pero igual lo leen). Yo di con su blog meses atrás luego de que escribiera su descontento para con una tradición de chota antiquísima que tenía (y aún tiene) la redacción de La Nación. Aún tengo dudas sobre si su decisión de exponer  nuestro ambiente de trabajo ante todo el país fue la mejor, quizá porque estoy mucho más enterado del contexto de la práctica que ella. Sin embargo, le respeto su molestia y le agradezco la buena y amena lectura.


32. Mónica Quesada

Bien podría asumirse que por jugar de marido espléndido incluyo a Mónica en esta lista. Sin embargo, aquellos que han compartido en el ámbito profesional y académico con ella saben que su nombre se sostiene sin necesidad de que su esposo le venga a meter el hombro.

A la Macha también la conocí en la UCR, en aquellos años en que los estudiantes de Comunicación teníamos más rasgos en común que énfasis diferenciadores. Si bien supo desde el inicio que la publicidad era lo suyo, la vida la llevó a sumergirse en un área que no es la más glamorosa pero sí vital en cualquier agencia: medios. Hoy no me cabe la menor duda de que pocas personas entienden como ella la lógica de la colocación de pauta publicitaria, el alcance y la optimización de mecanismos para abarcar a la audiencia, tanto en Costa Rica como en el resto de la región.

Después de hacer escuela y de formar a decenas de ejecutivos en tres de las principales agencias publicitarias del país, este año la Macha cruzó la acera y  pasó a ser cliente, ahora sumergida de cuerpo entero en su otro patín: el mercadeo. Sin embargo, su voz sigue siendo una muy autorizada en la industria publicitaria de nuestro país.


33. Natalia Monge

Quizá la figura más popular y de mayor arrastre en este listado, Natalia es una particular anomalía en el medio humorístico. La descripción obvia es que se trata de la talentosa imitadora de Pelando el ojo pero su proyección se ha extendido mucho más allá de las voces que hace en Monumental, pues hoy esta joven tiene una credibilidad que vale más que el oro.

Comunicadora multifacética, por todo lado sale y no desentona. En el 2012 fue la invitada estrella del TEDx Pura Vida y su intervención la más aplaudida y memorable de la jornada. Y es que como bien explicó ese día, lo suyo es humor como herramienta, no como un fin. En un gremio saturado de pachucos e improvisados, Natalia ha logrado no solo diferenciarse, sino patentar un estilo muy suyo.





34. Neto Villalobos

No es Por las plumas que Neto está en esta lista, aunque bien podría serlo.

Neto fue fijo entre los 40 aún antes de que su película empezara a coleccionar reconocimientos y titulares, pues para mí ya era admirable lo que había logrado como realizador de videoclips: lo que hizo en los tres años anteriores con bandas como 424, Florian Droids y Cocofunka fue una locura.

Sin embargo, Neto quería más y su ópera prima nos puso a hablar a todos. Por las plumas empezó de la mejor manera, tras reunir fondos por medio de crowdsourcing, para después convertirse en una de las películas ticas con mayor y mejor proyección en el circuito de festivales internacionales. Sumado a esto vino la tontería de los jurados del festival de cine local de dejar por fuera a su cinta, lo que en sí fue más noticia que las películas que sí fueron seleccionadas. Más adelante, el estreno en las salas locales, el boca a boca, el fichaje por parte de HBO... la lista se hizo larga para tan pocos meses.


35. Oscar Cruz

Oscar es uno de los mejores contertulios con los que he compartido. Es más, también es un discutidor feroz y puede argumentar por horas con tal de defender su posición. Y Oscar es mi amigo también, un tipazo que bien podría ser el príncipe heredero de San Ramón, dado el enorme orgullo con que habla de su sangre poeta.

Pero Oscar es más que un buen ramonense de lenguaje florido. A su lado trabajé en La Nación en años intensos de búsqueda de una identidad audiovisual y multimedia para un medio que hasta entonces solo había lidiado con papel y tinta. Seguimos en esa búsqueda y Oscar ya no es parte del equipo, lo cual permitió que ganáramos el mejor crítico de televisión que este país ha leído. Osquitar sabe de tele y se da a entender cuando habla de ese medio. Sus apreciaciones sobre lo bueno y malo de nuestro medio audiovisual deberían ser parte de los programas de estudio de las universidades, especialmente porque todo lo ve desde una perspectiva de neutralidad, sin dejarse enmarañar por los odios o amores de la masa.

Para mí, Oscar (docente, animador digital y, desde luego, reconocido productor) es la voz más autorizada para hablar de producción televisiva en este país. Punto.


36. Pablo Cambronero

Tercer fotógrafo en este listado, Pablo ha desarrollado su arte en muchas temáticas pero con un especial interés y emoción en retratar a los músicos nacionales. Es gracias a su talento y lente que hemos tenido fotografías increíbles de Malpaís, Sonámbulo, Gandhi y Adaptados, por mencionar a unos cuantos, e incluso complejas producciones en video.

Pablo también es un ser cargado de actitud, inquieto y comprometido que se pone la camiseta de las causas que considera justas. Así, su cámara ha registrado a nuestra sociedad, en un ejercicio de fotoperiodismo continuo y creativo.


37. Pablo Acuña

Bien sabido es que un blog lo tiene cualquiera... tener un buen blog son otros cien pesos.

Pablo se hizo un blog, hace un par de años, para hablar de música. Así, con una premisa sencilla, nació Dance to the Radio, sitio que se ha convertido en referencia para todos los que están al tanto de la escena independiente, tanto local como extranjera. Acuerpado por un comprometido equipo de colaboradores/fiebres, Pablo suele dar primicias, mostrándonos antes que nadie aquellos sonidos de vanguardia que meses después serán los preferidos en los demás medios.

Si alguien quiere llevarle la marca a presión a lo más nuevo de lo nuevo de la buena música, entonces DTTR debería ser una visita obligatoria y diaria.


38. Pablo Fonseca

Pablito –como le llamamos en Llorente– es un periodista del que uno siempre aprende algo, ya sea en una tertulia de almuerzo o bien siguiéndole en una charla. En La Nación empezó como asistente de la Teleguía, para después dar el salto como una de las voces más autorizadas cuando de hablar de tecnología se trata.

Hoy Pablo es el editor SEO del Grupo Nación y en mi criterio la persona que más claro tiene el desempeño de los medios de comunicación ticos en la web. Pablo entiende como nadie las trampas y ventajas de buscadores y redes sociales, lo que lo hace siempre estar un paso adelante. Sumemos a lo anterior una pluma que causa envidia y una credibilidad bien ganada, tanto en el gremio como hacia afuera.


39. Roberto Montero

No hace mucho cuando un artista tico decía que tenía un mánager, por lo general hablaba de un amigo de toda la vida, comprometido más como compa que como representante y con escaso conocimiento de la industria musical. Por eso el caso de Roberto es notorio, dado que él es por mucho el mánager criollo que más se ha salido, para bien, de aquella regla tácita.

Roberto vive de la música, la conoce como pocos, sabe interpretar su respiración y movimientos. Casos recientes de grupos locales que lograron proyectarse afuera lo tienen a él como factor común, siendo sus chineados de 424 los que más se han beneficiado de su empuje.

Además, Roberto también es productor de conciertos, aunque a regañadientes, y se empeña por desarrollar en nuestro país modelos de entretenimiento similares a los de las escenas alternativas de otros países. Fue por sus oficios que la revista mexicana Warp tiene hoy una edición tica, convirtiéndose en otro valioso medio de difusión del buen talento de por acá.


40. Rodolfo León El Fó

Para efectos prácticos, Fó vendría a ser una especie de filósofo de la escena musical alternativa en nuestro país. A él también lo conocí por medio del foro de 89Decibeles y desde entonces admiré su enciclopédico conocimiento musical, especialmente de la historia de los artistas locales.

Fó es compa de los grupos, los entiende y apoya, se pone la camiseta, rescata detalles que nadie detecta y se encarga de que todo el mundo se entere. Su caso es el de esos colaboradores incansables que son necesarios, indispensables.


EXTRA
Cinco no menores de 40 indispensables


Tomás de Camino Beck Autómata: Autómata le dio un vuelco en el último par de años a la escena musical tica, tanto por sus técnicas de grabación como por sus postulados sobre manejo artístico, distribución y comercialización de música.



Wálter Flores: Los grandes premios que la música tica ha logrado en la última década en el ámbito internacional tienen el sello de Wálter. Fue él el gran creativo detrás del proyecto de dos discos muy costarricense de Rubén Blades, de su mano Humberto Vargas conquistó Viña del Mar, y es su genio el que infunde vida a la fama bien ganada de Son de Tikizia.







Darren Mora: Productor, musicólogo, locutor de radio y criatura de la noche, Darren cree como pocos en el talento del músico local. Su serie de Rock en El Farolito es de interés cultural para todo el país y el festival homónimo que organiza, año a año, en el Parque Morazán es una de las más completas manifestaciones de arte gratuito en espacios urbanos, con él como curador del cartel.




Giannina Segnini: En una conversación alguna vez se lo dije: Nina es la estrella de rock del periodismo tico. Es increíble que una persona tan sencilla y aterrizada sea a la vez una de las periodistas más respetadas de Latinoamérica. Quienes hemos tenido el privilegio de trabajar a su lado y aprender de ella sabemos que su hambre de contar mejor las cosas, de que la sociedad sea tan transparente como se pueda es enorme.

El periodismo de investigación y la minería de datos son dos patines sobre los que se desliza por donde le da la gana, sin muros que le interrumpan la marcha. Su apellido hace que la clase política se orine en la cama y recibir una llamada suya pone a temblar al más plantado. Y todo lo hace con lo mejor del repertorio de U2 como música de fondo.


Yuri Jiménez: Es una de mis grandes amigas y por eso he atestiguado en primera fila la enorme influencia que Yuri Lorena tiene en muchos ámbitos, tanto en las esferas más altas como entre la gente de a pata. Por mucho la reportera que mejor ha entendido en el país cómo hacer periodismo de farándula con calidad y dignidad, esta guerrillera (del periodismo) es una fuente inagotable de buenas historias, una cronista superior y un faro que ilumina y guía a muchos jóvenes periodistas.

Y así termina esta conteo. Insisto, pónganle atención a esta gente, que sus palabras y acciones los hacen indispensables. Al menos para mí.


martes, 22 de octubre de 2013

Música para la Sele de Costa Rica: De "Agárrense de las manos" al Pumita Rodríguez



La Sele va al Mundial y con ella va la música tica. Esa unión nadie la rompe.

Me encantaría decir que la musicalización que ha tenido la Tricolor ha estado a la altura de sus circunstancias deportivas, pero por lo general ha sido todo lo contrario. Con excepción de las aún vigentes canciones nacidas al calor de Italia 90 (incorporadas ya en el cancionero popular costarricense), la música grabada en honor a la Tricolor y sus aventuras mundialistas ha sido tan predecible como prescindible.

Desde luego que para gustos, los colores, y muchos opinarán lo contrario y dirán que temas como el de Gonín con Alonso Solís merecen la inmortalidad. Sea cual sea su opinión, igual acá queda este listado de aquellos temas musicales que han acompañado al equipo de todos de 1990 a la fecha.

1. Lo daremos todo, La Banda y la Selección de Italia 90

La pieza más emblemática hecha para la Tricolor y que 23 años después aún le sigue humedeciendo los ojos a la gente (la letra es de aplauso). Fue compuesta por Alfredo Chino Moreno y Ricardo Sáenz, de La Banda, tras una sugerencia de Ricardo Quirós, editor de Deportes de La Nación en aquellas épocas.

Los seleccionados sí participaron en la grabación del coro y se apuntaron de buena gana en la elaboración del videoclip, grabado en el estudio de Teletica donde se hacía Fantástico. Como documento histórico es valiosísimo, y nos permite recordar a rostros que participaron de aquel verano italiano ya olvidados como Miguel Davis y Miguel La Manguera Segura.

En lo personal, siempre sentí que los autores se equivocaron haciendo una mención explícita a Italia en la letra, pues eso amarró a la canción al mundial de 1990, algo que Chino Moreno también comparte, según la entrevista de La Nación. Sin embargo, el tiempo ha pasado y la canción se sigue usando, sin que importe su pasado italiano.



2. Agárrense de las manos, La Nota

Yo en lo personal no la tengo en tan alta estima como a Lo daremos todo, pero igual esta canción es sinónimo de la Selección de Costa Rica por los siglos de los siglos, amén.

Para nadie es secreto que se trata de una versión, adaptada a nuestros propósitos, del tema homónimo, escrito por Juan Carlos Calderón y popularizado por José Luis Rodríguez El Puma. Así lo cuenta William Fallas, líder de La Nota, en esta entrevista, donde también recuerda que todo nació a partir de una convocatoria que hizo la Coca-Cola a músicos interesados en hacerle una pieza a la sele que se preparaba para el mundial de Italia 90.

Previo al mundial del 2002, Sony Music grabó una nueva versión, ya sin el aporte de Fallas. Sin embargo, el remake se quedó muy corto con respecto a la "original".




3. El otro gol, Gandhi

Es sin dudas la canción que menos me gusta de Gandhi y al mismo tiempo uno de sus mayores éxitos.

Se grabó previo al mundial del 2002 y se incluyó en Sí se pudo: Costa Rica va al Mundial, el mismo compilado de Sony mencionado antes y en el que se procuró participar a los artistas costarricenses más populares del momento. Recuerdo haber estado presente cuando se estrenó en vivo, con la presencia de la Sele, en el mismo estudio de Teletica en el que se hizo el video de Lo daremos todo.

El otro gol ha ido y venido del repertorio en vivo de Gandhi, usualmente coincidiendo con períodos de buena actividad por parte de la Selección. Por mí si no la vuelven a tocar pues no pasaría nada.





4. Costa Rica va al Mundial, Tapón

Tapón era artista de Sony Music en el 2002 y desde luego que tenía espacio fijo en el disco mundialista de la disquera. A pesar de que nunca fui muy seguidor de su obra, Costa Rica va al Mundial no solo me pareció de lo mejor de aquel disco, sino incluso un punto alto en la carrera del rapero de Alajuelita. Con los años, el cantante ha grabado otras piezas para la Sele, que en realidad son actualizaciones de lo ya hecho en el 2002.





5. Vamos Costa Rica, Kalúa, Calle 8 y La Marka

Un signo de los tiempos. Recordemos que era el 2002 y que Elena Umaña, Rina Vega y Erick León eran tres de las personalidades más populares del país. Como fichas de la Corporación Kalúa, tenerlos juntos en una misma canción fue un sueño cumplido para las multitudes que bailaban cumbia a lo loco una década atrás. Hoy sus carreras ya no son noticia, y esta canción no podría importar menos.




6. Estaremos allí, Tito Oses

El 2006 no solo fue un Mundial infame en lo deportivo para Costa Rica, sino también en lo musical. Después de la pulseada clasificación a la cita alemana surgieron temas para la Sele de parte de Porpartes (¿se acuerdan de ellos? ¿los de la nominación al Grammy?) y del equipo de desanimadores de VM Latino #fuehorrible. Sin embargo, entre las malas canciones a propósito del equipo tricolor yo me quedo, por mucho, con este lacónico canto de Tito Oses. Después de oír esta canción se entiende por qué la Sele jugó tan mal en Alemania...




7. Un solo sentimiento, Percance

Técnicamente no es una canción de la Sele, pues hace referencia a otras gestas del deporte tico. Sin embargo, dejémonos de varas, que la pieza es descarada en su intención de cántico futbolero. En lo particular me parece una tonada más oportunista que otra cosa, bastante limitada si se compara con otras canciones de la popular agrupación.




8. Inspiradores oficiales, Orquesta Filarmónica de Costa Rica

La Filarmónica tiene un sentido de la oportunidad impresionante: siempre sale con algo en el momento justo, en las circunstancias correctas. Su pieza futbolera está muy bien hecha pero sin duda su gran valor está en el excelente video, hecho por Marlon Villar, y que refleja lo mejor de la clasificación a Brasil 2014.




9. Playa, montaña y gol, Gonín con Alonso Solís; Vamos ticos, Freddy Alvez; Olé, olé, Los Ajenos.

Lo único negativo de que la Sele esté clasificada a Brasil 2014 es que de aquí al Mundial sufriremos una sobredosis de canciones pachuquillas, megapatrióticas y desbordadas de gradería de sol. Piezas con tufo a megabar palmareño, llenas de gritos, rimas simplonas y sentimiento hincha. Estas tres canciones son apenas las primeras de muchas que amenazan con "calentar el ambiente" previo a la cita plantearia del próximo año.




10. Apoyemos la sele tica, Pumita Rodríguez

Estamos claros que es una canción mala (malísima) pero al menos más honesta que las incluidas en el punto anterior y, no se puede negar, bastante divertida. Con pocos recursos, el Pumita hizo su propio cántico guerrero, versionando uno de los clásicos de su gran referente, el argentino Sandro.

Mención aparte merece el video, el cual no entiendo cómo a estas alturas aún no se ha viralizado. Toda una joya.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Hard Rock Cafe Costa Rica: mi lista del niño

Foto tomada del Facebook de HRC CR.
Hard Rock Cafe finalmente abrirá sus puertas en Costa Rica. Y eso –por enajenante que suene– me emociona.

Me emociona porque me gusta la música y bien sabido es que Hard Rock Cafe es un lugar donde los obsesionados con la música nos podemos entretener por horas. La memorabilia que cuelga de sus paredes por lo general es tan alucinante como histórica y, por qué no, da la sensación de encontrarse dentro de un museo bien curado y con la ventaja de la cerveza a mano.

Desde que empecé mi romance con el rock and roll, en mi época de colegio, visitar uno de estos restaurantes se volvió casi una necesidad. Y por eso entenderán que cuando tuve la oportunidad de hacerlo –en un viaje de trabajo a St. Louis, Missouri, en el año 2000– parecía niño suelto en confitería. En esa ocasión andaba solo, cubriendo un concierto de los entonces popularísimos Limp Bizkit, Eminem y Papa Roach (¿quiénes?) y de chiripa el hotel en el que me hospedé quedaba muy cerca del HRC.

En aquella ocasión parecía loco tomándole fotos a las guitarras de Slash y Tom Petty, al bajo de Sting, a la chaqueta de Bruce Springsteen... Desde luego que en la tiendita me dejé atornillar por la típica camiseta carísima del Love all serve all que con la primera lavada se encogió y nunca más pude volver a usar :?

Con los años visité otros de sus locales y si bien ya no entré con cara de trastornado, igual siempre hice el recorrido de rigor para apreciar aquellas joyas. Aún recuerdo la absurda y agradable impresión de estar frente a la jacket blanca que Axl Rose usa en el video de Paradise City. Momento espiritual, sin duda.

Ahora HRC está entre nosotros y si bien como dije al inicio su llegada me ilusiona, también me preocupa. Me preocupa porque me da miedo decepcionarme, ir y salir deseando echar el tiempo atrás, con el imaginario hecho añicos y un mal zumbido en los oídos.

Por eso, con la apertura ya a pocos días de distancia, me tomé el atrevimiento de plasmar aquí mis temores y deseos.

Primero que nada, estimados señores, no se olviden de su razón de ser: el roquero. Son los roqueros los que se emocionan cuando ven en la pared algo que tiene el nombre Frank Zappa o Mike Patton, son los roqueros los que sonríen cuando ven un artículo personal de Joe Elliot y Debbie Harry, son los roqueros los que reconocen nombres como Mike Portnoy y Neil Peart. Un HRC cuya razón de ser no sea el público roquero es una ofensa, un mal chiste, una pose.

Segundo: el rock no sabe de códigos de vestimenta. Doy por sentado que ante la naturaleza roquera de la franquicia, en su local no se pondrán en estupideces de reservarse el derecho de admisión según la pinta de la gente. UN HRC debería ser –en teoría– un lugar donde no importe el pedigrí del guardarropa o donde no se admitan mechudos, barbudos, chancletudos, góticos y un largo etcétera.

Tercero: con el mayor respeto les pido que no conviertan a HRC en otro restaurante fresa más, en una extensión de la vida color de rosa de Lindora, en un nuevo destino para "faranduleros" y demás bombetas roba cámara. Uno no debería ser "alguien" más que uno mismo para sentirse a gusto entre gente a la que le gusta el rock, la cervezas y las hamburguesas.

Cuarto: Su nombre lo dice... el de ustedes es un lugar de rock. Y eso es justo lo que uno esperaría ir a escuchar. En lo personal me asusta que el HRC de Costa Rica se vuelva sede de grupos de esos que tocan covers de lo que sea, tipo Expresso o Los Ajenos, según el sabor de temporada. Si hay algo que sobra en este país es buen rock y pop original, con suficientes bandas talentosas como para tener una diferente todas las noches del año.

Quinto: Conviertan a la tienda en algo trascendente, más allá de vender camisetas que se encojen y vasitos con su logotipo. Qué tal si al lado del inevitable merchandising propio de la marca se levanta un punto estratégico para distribuir la producción de los artistas locales: discos, tarjetas de descarga, camisetas de las bandas y ojalá hacerlo no por estrategia de mercado, sino con un verdadero sentido de apoyo, de RSE si quieren verlo en términos del INCAE.

Sexto: Sean accesibles. No hay nada peor que un establecimiento que se las tira de culazo. Cierto que son una marca de prestigio y que hay requerimientos de calidad por observar pero eviten que eso los haga excluyentes o demasiado propensos al VIP. Estoy seguro que sus precios serán tan altos como los del resto de la cadena (la comida es ridículamente cara) pero piensen en espacios económicos, que inviten a personas fuera de su target a darse la vuelta, a ver de cerca los preciados objetos en exhibición.

Sétimo: El punto anterior me lleva a algo que me parece obvio, casi ridículo de sugerir, pero que espero ustedes no dejaran por fuera. ¿Habrá elementos costarricenses en la memorabilia del restaurante?

Sí, asumo que sí.

En todo caso y si lo tienen a bien, podrían pensar que sus vitrinas deberían lucir, junto con los objetos de los miembros del Salón de la Fama del Rock and Roll, algunas pertenencias insignes de quienes le han dado forma y rostro a nuestra música nacional.

... como el simbólico sombrero de Jose Capmany.
... como la chamarra ácido wash de Enrique Leche Ramírez.
... como la guitarra de  Walter Ferguson.
... como el sombrero de paja de Daniel Cuenca, de Sonámbulo.
... como los sombreros que Gandhi usó en la presentación del Páginas perdidas.
... como los bolillos de Fabián Sapo Brenes, de Calle Dolores.
... como la guitarra de Fidel Gamboa.
... como el gorro tejido de Balerom.
... como el clarinete de Johnnyman.
... como la foto de Lita Tresierra.
... como el traje con el que Magee, de Insano, salió en la portada de La Nación.
... como el afiche de El Parque en el Teatro Nacional.
... como el disco de oro que recibió Inconsciente Colectivo por las ventas del Pastillas.
... como el premio continental de MTV que recibió Le*Pop.
... como un gafete de los festivales europeos de Sight of Emptiness y Pneuma.
... como _____________________________________________________.


Octavo y último: Sean abiertos al metal, al ska, al reggae, a explorar, a hacer noches de playlist invitados, dándole la posibilidad a cualquier hijo de vecino de ir a compartir su música predilecta. Creo que ya lo dije pero igual lo reitero: pongan a la música por encima de todo pero no por estrategia comercial, sino porque les sale de los huesos, de la sangre, del alma.

Por lo demás, buena suerte. Ahí me daré la vuelta, espero que pronto, una vez que baje el típico molote que inunda al minuto de abrir puertas. Y sí, ese día pagaré por una hamburguesa bien cara, una cerveza absurdamente costosa y, ojalá, disfrutaré a mis anchas de la mejor música en su repertorio.


lunes, 15 de julio de 2013

Dios es amor... y a Hugo Barrantes se le olvidó


Hugo Barrantes se despidió de su puesto de arzobispo josefino a lo grande, logrando titulares en muchos medios extranjeros, gracias a una virtud bastante cristiana como es la honestidad. Sí, el líder saliente de la iglesia católica costarricense abrió su corazón y se retrató de cuerpo presente como un machista al que no le molestan mucho las lesbianas pero que no se baja a los homosexuales.

A nadie extraña que un obispo se oponga de modo público a cualquier reconocimiento de derechos para las parejas homosexuales: tratar de frenar la aceptación social para esa población es parte del trabajo sacerdotal, sea desde una pequeña parroquia de barrio o bien desde los palacios vaticanos. Desde luego que no todos los curas ejecutan el mandato y muchos son los que ocupan su tiempo y homilías a causas más justas y necesarias de atención.

Sin embargo, desde que asumió el arzobispado, Hugo Barrantes se fajó con el tema. Él y otros colegas obispos dados a salir en las noticias como Francisco Ulloa y Ángel San Casimiro emprendieron la batalla, no solo contra la causa gay, sino contra otros temas sensibles para la institución que representan, como la legalización de la fecundación in vitro o la enseñanza de sexualidad en las instituciones educativas. E insisto: era justo lo que se esperaba de ellos.

Después vinieron los escándalos de intermediación financiera ilegal; curas acusados de pedofilia; la exitosa instrucción de las clases de educación sexual por parte del MEP; la victoria legal que obligó al país a restituir la FIV, y la mayor visibilidad de la comunidad GLBT en nuestro país. Lógicamente, aquellos señores de la Conferencia Episcopal bajaron (un poco) el perfil mediático.

Sin embargo, la memoria es corta y más en un país tan feliz como el nuestro. La elección de un nuevo papa, salido de Latinoamérica, le cayó como una ola de agua bendita a la iglesia católica tica y, para redondear, la santidad de otro papa, el más popular de tiempo recientes y muy querido por acá, le llega gracias a un milagro ocurrido en nuestro país. La conferencia de prensa de la señora Floribeth Mora –seguida en vivo por millones de ojos emocionados– fue la confirmación de que las cosas marchaban otra vez a todo gas para el clero nacional.

Y fue precisamente en esa conferencia que el arzobispo Barrantes volvió a hacerse oír. Aquel foro le resultó irresistible y se valió de él para decir que el milagro era una señal de Dios contra el estado laicista y la FIV. Eso sí, el prelado evitó referirse ahí mismo a que la FIV ya es una disputa cerrada, sin vuelta de hoja, y que su implementación debe ampararse bajo la ley... ¿para qué enredar a la gente con esos detallitos?

Menos de una semana después, Hugo Barrantes hizo, en una entrevista con La Nación, el despliegue de honestidad con que empieza este texto. Recordando su origen campesino, el que fuera la voz más autorizada del catolicismo costarricense expuso sus razones para preferir a las lesbianas por encima de los gay ("son más nobles"), y confesó –tremenda sorpresa– que la idea de dos varones juntos, a él le provoca una especie de colocho mental.

El obispo Barrantes, sin quererlo, me recordó las tardes de cine porno que, al igual que miles de adolescentes ticos, viví tiempo atrás. En aquellas películas era lógico y esperable contar con innumerables escenas de sexo entre lesbianas pero todos los chamaquillos queríamos vomitarnos si ante las cámaras se daba un contacto, aunque fuera involuntario, entre dos hombres. Porque sí, al igual que al arzobispo, a muchos hombres heterosexuales nos resulta más fácil y "natural" lidiar con la imagen de mujer+mujer que hombre+hombre.

El arzobispo lo dejó claro, así, en dos platos: a los gay de larguito y a las lesbianas no tanto. Y en el fondo se le agradece que sea así de transparente, anteponiendo sus prejuicios y fobias "campesinas" a la nobleza y piedad que, por definición, se esperaría de alguien en su cargo dentro de una institución cuyas bases se plantaron más de 2000 años atrás en nombre del amor y el respeto a todos los seres humanos.

No hace falta andar pandereteando para recordar el principio más básico del cristianismo: Dios es amor, y el suyo es uno que no aplica restricciones. El amor no se puede dar sin respeto ni tolerancia a las diferencias, en la medida en que estas no se sustenten en el odio (nadie está obligado a amar a un neonazi, por ejemplo). Y con sus declaraciones, Hugo Barrantes no solo demuestra una profunda falta de tolerancia, sino un irrespeto absoluto hacia otras personas cuyo estilo de vida no encaja con su concepción machista del mundo.

Partiendo de lo que sé de Jesús, creo que las palabras del arzobispo Barrantes le darían pena ajena.

¿Algo bueno queda de esto? Pues aparte de la cucharada de realidad para todos los que estiman que el clero solo destila amor y bondad, también está la satisfacción de saber que es lo último que escucharemos de un cura que la mayoría podrá llamar monseñor pero yo no: ese señor no es nada mío.

Escuchen este testimonio de Barrantes, compárenlo con sus recientes declaraciones, saquen sus conclusiones...


martes, 2 de julio de 2013

"Man of Steel" y de cómo volví a creer en Superman



La madre, preocupada, teme que su único hijo sea visto por los demás como un bicho, un extraño. El padre la tranquiliza, asegurándole que el niño superdotado más bien parecerá un dios en su nuevo destino.

Bien lo dijo Five for Fighting: no es fácil ser Superman. Y es precisamente sobre el enorme peso de llevar una S en el pecho que versa Man of Steel, película que espero a estas alturas ya tengan más que vista, pues las alertas de spoilers solo se entienden en la primera semana de proyección.

Con justificada razón Man of Steel estaba en el tope de mi lista sobre los filmes más aguardados del 2013, y no por tener una especial afición con el héroe de la capa roja. No, en mi caso la expectativa se alimentaba de otras motivaciones: empezando con el enorme reto de relanzar una franquicia que casi muere en manos de Bryan Singer y pasando por la confirmación de que buena parte del futuro del universo cinematográfico de DC Cómics depende del desempeño de esta cinta.

Además, cómo obviar que se trata de la primera película en cuyos créditos coinciden los apellidos Snyder y Nolan.

Y sí, estamos claros en que no es una película que le cambie a uno la vida y es obvio que se queda corta frente a otras adaptaciones de cómic que han sido magistrales, como The Dark Knight o Watchmen. Sin embargo, estamos ante una gran película, justo de la talla que un tipo como Superman requería.

A mí Man of Steel me encantó y disfruté todas sus partes: la obligatoria más no molesta introducción de Kriptón; la angustiosa búsqueda de identidad por parte del joven Clark; el descubrimiento de su nueva profesión, y la megabatalla por el destino de la Tierra contra Zod, una pelea a puños que se lleva el premio a la más apocalíptica, más exagerada, una que hace palidecer los pleitos de Transformers y Avengers. Y es que no podía ser de otra manera, pues cualquier confrontación que al hombre de acero llevada a un plano "real" sería la destrucción en su estado más puro. Ojo a la explicación –muy científica– de que nos pasaría en el caso de que Superman nos dé un golpe en la cara.




Desde luego que no se trata de The Dark Knight y considero un error manejar expectativas al nivel de aquella película, pues mientras que Batman sí es posible aterrizarlo a una historia casi "real", Superman obligatoriamente tendrá mucha exageración, de esa que le sobra a la ciencia ficción. No perdamos de vista que el tipo es un alien, lo cual lo coloca en otra esfera muy distinta y, a huevo, fantástica. No tiene quite.

Sin embargo, el director Snyder y el guionista David S. Goyer se las arreglaron para darle explicaciones racionales a aspectos del personaje que nunca antes el cine se había obligado a analizar. Así nos enteramos que Superman vuela no porque sí, sino en virtud de determinadas propiedades de la atmósfera terrestre; que la S en su pecho es un símbolo kriptoniano; que la Fortaleza de la Soledad está en el polo porque ahí se estrelló una nave venida de su planeta de origen; que la muerte de Jonathan Kent tuvo un sentido (¡por Plutón, qué escena tan poderosa!); que Jor-El hizo a su hijo el depositorio de toda la esencia de su raza, de su cultura, de su legado; que la escogencia del oficio de reportero tiene mucha justificación, pues le permitirá a Clark estar cerca del peligro y hacer preguntas sin levantar sospechas.

Por otro lado, lo que más le aplaudo es el atrevimiento, el "faltarle el respeto" al canon, a esos aspectos que se consideraban sagrados del personaje y que nadie se atrevía a contradecir. Este es un Superman muy lejos de ser perfecto, bastante contrariado y con mucho rollo interno; dueño de muchas preguntas y pocas respuestas. Este es un Superman falible, uno tan humano que sufre como cualquiera si alguien se mete con su mamá y que, puesto en la encrucijada, hace lo que ninguno de sus predecesores en el cine pudo: matar.

La muerte de Zod a manos de un deseperado Kal-El es un lujo que se da Snyder, incluso en contra del consejo inicial de Nolan. Superman no es asesino, no está en sus genes, y al contrario de Batman su sangre no es fría. Sin embargo, ponerle fin a la vida de Zod fue una situación extrema, sin opciones ni espacio para la negociación. Sin duda el haber tomado una vida en sus manos será un tema central en la continuación de un héroe que finalmente volvió para bien (vale decir que el debate desatado por este tema ha sido tan divertido como interesante de seguir).





A partir de acá, estoy seguro de lo que viene será mejor. Man of Steel era la película para hacer el gasto, la de los antecedentes necesarios para entender al héroe y su mundo, parecido a como pasó con Batman Begins. Yo no sé ustedes pero la primera película de la trilogía de Batman me sigue pareciendo apenas la entrada para la obra de arte que le seguiría con The Dark Knight. Así, no es arriesgado pensar que la continuación (llámese Superman 2 o Liga de la Justicia) será muy superior, más si tomamos en cuenta que ya se dejó claro en la película que Lex Luthor y Batman existen dentro del universo de Kal-El (¿y qué decir de Superchica y la sospechosa cámara vacía que Clark encuentra dentro de la nave congelada?).

Además de las pistas propias del mundillo geek, la película también exhibe, sin mucho pudor, simbolismos que retratan a su personaje principal. Ahí queda para el análisis el cúmulo de paralelismos con Jesucristo (se revela a los 33 años; es enviado por su padre a sacrificarse por otros; las poses celestiales al volar; el deseo de dejar pasar el cáliz). Y eso se vale, es esperable: Jor-El lo advirtió, y su hijo sería visto como un dios.

Otro rasgo destacable de Man of Steel es haber hecho borrón y cuenta nueva a la franquicia, obligándonos a todos a partir del hecho de que Superman es algo nuevo para la humanidad, tanto dentro de la trama como para quienes estamos en la butaca. Sin guiños a la conocida banda sonora de John Williams, sin un colocho colgándole de la frente, sin una reportera ganadora del Pulitzer que no es capaz de reconocer al amor de su vida cuando anda lentes, sin calzoncillos rojos...

Para lograr todo esto Snyder siguió la misma receta que Nolan le aplicó a Batman, en lo que respecta al talento. Si recordamos cuando empezó su trilogía del caballero de la noche, Nolan escogió como titular a un Christian Bale respetado pero aún sin estatura de megaestrella, rodeándolo de un reparto de soporte increíble, con nombres de la talle de Gary Oldman, Morgan Freeman y Michael Caine.

En el caso de Superman, el estelar es un actor desconocido para el gran público, el inglés Henry Cavill. Por esto, como escuderos cuenta con estrellas más maduras al estilo de Russell Crowe; Kevin Costner, Diane Lane; Laurence Fishburne, y Christopher Meloni. Quien siento se queda un poco corta es Amy Adams en su papel de Luisa Laine.

Entre Crowe y Costner se sostiene buena parte de la película. Como los padres (biológico y adoptivo) de Superman, sus personajes irradian sabiduría, sentido común y un espíritu protector envidiable. Aún así, es con el buen Kevin –genial que esté recuperando su nivel– con el que se dan las mejores escenas, sea la de su muerte en el tornado o la muy entrañable en la que contempla a su hijo, aún niño, jugar con una capa amarrada al cuello.

En cuanto a Cavill, el traje le quedó a la perfección y su innegable belleza es un gancho fulminante para el público femenino (hacía rato no oía tantos buenos comentarios sobre la apariencia de un actor). El suyo es un retrato creíble de un ser increíble... y del que espero ver mucho más.

Si bien las metas en taquilla están más que cumplidas, Man of Steel gana en otro terreno: el de la credibilidad. Esta es la película que Warner Bros. y DC Cómics necesitaban con urgencia para ponérsele al corte a Marvel, para volver a competir. No fue la trilogía de Batman la que dictó el tono de cómo será en adelante el universo cinematográfico de los Súper Amigos. No, ese trabajo le tocó a Superman y será en esa línea que se darán las llegadas al cine de la Mujer Maravilla, Flash, Aquaman y el regreso de Linterna Verde.

Superman dio el primer paso. Lo que viene será aún mejor. Vaya que sí.