sábado, 31 de marzo de 2012

La infeliz semana del país más feliz del mundo




El primer ministro le tendió la mano y sonrió, con naturalidad. El líder del "otro" país más feliz del mundo es un tipo ameno, incluso contador de buenos chistes, y estaba fascinado de compartir tips con la presidenta de aquella nación latinoamericana que lidera los índices mundiales de buena vibra.

Ella fingió su mejor sonrisa (como aquellas que tanto ensayó en los meses de campaña). Sin embargo, la charada no dio para mucho, pues ya terminada la protocolaria sesión de fotos, el mandatario asiático se le acercó al oído y, en perfecto inglés, le preguntó: "Señora, hablando en confianza, ¿la gente de su país es en realidad feliz?".

A ella se le hizo el corazón un puño. Maldita la hora en que agendó esta reunión de felicidad, justo después de sufrir una de las semanas más infelices de su infeliz gestión.

Con qué cara le iba a mentir a este señor tan contento. Pero tenía que hacerlo. Y es que nadie podría creer que el suyo es un país feliz, pues apenas un par de días atrás la ciudadanía clamaba, a gritos, para que rueden cabezas en su gabinete.

Justo una semana atrás, el lunes, su nuevo ministro de información la despertó, de madrugada, para alertarla del tortón: un periódico se tomó la molestia de investigar las propiedades de todos los meros meros del Ejecutivo, descubriendo que muchos de sus ministros tienen casas por las que pagan impuestos ridículos, pues "olvidaron" actualizar el valor de sus bienes. Y para terminar de cagarla, el que más hondo cayó fue su titular de Hacienda... sí, el mismísimo que tiene dos años de estarle llorando al país, pidiéndole que se ponga la mano en el corazón y pague más impuestos.

En un arrebato de esos que rara vez se permite, la señora pensó que la mejor manera de salvar el barco era echar al no hacendoso funcionario. Supo de inmediato que "evasor" y "ministro" se tornarían sinónimos apenas calentara la mañana y que en redes sociales (esas que dice tanto dominar pero que en el fondo maldice con ganas) se la iban a comer viva, sin darle el beneficio de la duda. Y es que en serio que ella no sabía que sus ayudantes evadían al fisco pero esa excusa la dejaba aún peor: ella era la jefa y se supone que los jefes deben saber todo sobre sus empleados, sea bueno o malo.

El arrebato le pasó mientras se lavaba los dientes y aquella mañana de lunes, camino al trabajo, se terminó de convencer: no podía sacrificar a uno de los pocos funcionarios leales que le quedaban. Y menos ahora que el paquetazo tributario que tanto necesita (porque sí lo ocupa) daba señales de vida.

El martes no fue mejor. Los mismos majaderos del periódico repitieron su ejercicio de investigación, solo que con los diputados clave, esos que definirán el rumbo de su paquetazo fiscal. Mierda: otra vez gente de la política con propiedades subvaloradas y, lo peor, un congresista dizque cristiano que se rajó diciendo que pagaría los impuestos que el muy carebarro debía en los "tiempos de Dios". Y saber que ella se había reunido con él, antes de asumir la presidencia, y los fotografiaron juntos. Guácala.

Esa tarde la ya de por sí erosionada imagen pública de la señora se fue de pique. Tras decir que toda aquella evasión era apenas una metida involuntaria de escarpines (a ella misma le dio color rajarse con semejante mentira), las mentadas a su santa madre le llovieron... y sabía que se las había ganado. Inédito en ella, otro arrebato la consumió al enterarse de que los magistrados le daban luz verde al paquetazo de impuestos, tras tramitar en un sospechoso tiempo récord el expediente. Pletórica de emoción se sento frente a su cuenta en Twitter y tecleó: "Se los dije, ¡JÁ! Tome chichí #winning". Con la flechita encima del Send pegó un frenazo en seco... ¿qué estaba haciendo, si ella no es así?. Delete, delete, delete y un mensaje más comedido, en el que, sin embargo, se le resbaló un calificativo horrible para sus opositores (y nada de caritas que les pudo ir peor).

Miércoles. El teléfono timbra desde las 5 a. m. y voces de familia le recuerdan que es su cumpleaños. Bueno, que celebrar el natalicio aleje las nubes negras, piensa. Pero el daño ya está hecho y sus conciudadanos le estropean el día, bombardeándola con "felicitaciones" que incluyen verbos como renunciar, avergonzar y cagar. En la oficina los más sobantes le llevan un regalito y entre todo el personal le cantan. Ella sonríe por cortesía pero al ver el queque (de lustre tricolor) lo único que quiere es aventarlo a la pileta y mandar a todo el mundo para la mierda. Chingo de cumpleaños.

Jueves. La proximidad del viaje a Nueva York la ilusiona. Solo falta un par de días para dejar atrás a esta nación de ingratos, y que nadie la tilde de cobarde, pues el viaje estaba programado hace semanas y que ahora le sirva de huida es una feliz coincidencia. Además, que salvada que la que sigue es Semana Santa y todo el mundo anda pensando ya en sardinas, procesiones, playita y pegarse la mica... las vacaciones es el mejor bálsamo para los malos gobernantes.

Y cuando parecía que todo iba en franca mejoría... ¡la megacagada de la semana! Los diputados de su partido, con el tacto de un felpudo de chapas, destapan un proyecto de ley para modificar la Constitución y garantizarle inmunidad vitalicia a las cabezas de los supremos poderes... Está de más decir que ardió Troya: la gente, que ya estaba a punto de caramelo, estalló en ira y por primera vez en años en las calles se escucharon ideas antes descabelladas en la que, se supone, es la nación más feliz del mundo (yeah, right...).

Cuando las palabras "golpe" y "Estado" empezaron a figurar demasiadas veces juntas en Facebook, la señora mandó a retirar el proyecto de la corriente legislativa, y de nuevo recurrió a Twitter para tratar de desmarcarse de aquel disparate. Lástima, porque en el fondo el proyecto le encantaba (tanto que su ministro de la Presidencia dijo que contaba con la venia de su administración), pues servía como paracaídas y armadura a todos aquellos que la embarren en el cumplimiento de sus funciones públicas. Y nadie mejor que ella para saber que cuando estos cuatro años de mierda se acaben, otros llegarán a pedirle cuentas.

Pero bueno, ni modo... el proyecto de impunidad, eh, perdón, inmunidad solo sirvió para que mucha gente tirara el tapón. ¿Cómo iba el suyo a ser un país feliz cuando sus ciudadanos se refieren a ella como "vieja desgraciada"? ¿Cómo iba ella a ser una presidenta feliz si en su reino los más decentes la califican de inútil?

Viernes. Destruida moral y espiritualmente, la señora se va a una zona rural olvidada, donde inaugura todo tipo de obras, se toma fotos con chiquitos y madres solteras en chancletas que nada saben de pagar impuestos de bienes inmuebles (pues no tienen casa). Ahí todo es sonrisas y, por un segundo, pareciera que lo del país más feliz del mundo no es un cuentazo. La contentera le da para poner en Facebook que "seguiremos trabajando porque creemos en lo que estamos haciendo"... al menos ella sí se lo creyó.

Pero como lo que empieza mal, termina peor, el viernes cerró con una paliza a su gestión, de parte de la cadena de noticias televisiva más grande del mercado hispano, en la que su evasor ministro de Hacienda fue el pato de la fiesta... y ella la piñata.

"Así fue la infeliz semana en el país más feliz del mundo", pensó mientras el dignatario asiático esperaba respuesta. ¿Otro arrebato? ¿Por qué esas ganas repentinas de sentirse firme y honesta" y decirle la verdad a ese señor? ¿Qué pasaría en casa si ella le dijera a su contraparte la verdad, cambiaría la opinión sobre ella en el terruño si admitía que el suyo es hoy un pueblo molesto, al que se le agota la paciencia y cuyo desdeño hacia los políticos alcanzó niveles de escándalo?

Convencida de que solo había una respuesta posible, la señora agarró aire, miró al primer ministro a los ojos y le respondió con toda la honestidad que le cabía en el pecho:

"Claro que la gente en mi país es feliz... gracias a Dios y a la Virgencita".

miércoles, 28 de marzo de 2012

Festival Imperial 2012: epílogo


Lo vi crecer... y él a mí.

Mi gran verdad: soy periodista de espectáculos de formación, con un descarado interés en la fuente musical. Mi inspiración inicial vino de las revistas gringas y sus cronistas, todos curtidos de tanto festival al que se han visto expuestos. Y siempre los envidié por eso... por sus festivales.

El tener la oportunidad de sentir eso mismo en mi país, como periodista y fiebre de la música, ha sido gracias al Festival Imperial. Hasta que los cerveceros se metieron en este proyecto, lo que teníamos aquí eran conciertos –grandes y pequeños, épicos y olvidables– pero conciertos, nunca festivales.

En el 2006 y el 2008, el Imperial coqueteó con el concepto pero por distintas razones no terminó de pegarla. Había buenas intenciones pero el tamal se le desarmaba a la hora de servirlo: los ingredientes estaban bien pero la receta se quedaba corta.

Esta semana estamos de resaca, de goma musical y vivencial. La edición del 2012 fue la definitiva y, a mi criterio, la verdadera, la primera de muchas más que, ojalá, se muevan en esta misma línea.

No creo ser un mal periodista por retratar al recién pasado Festival Imperial en términos superlativos. Tanto los que sí le teníamos fe como aquellos que en las semanas previas trataron de bajarle el piso vimos sobrepasadas nuestras expectativas. No sé ustedes, pero yo por primera vez sentí en mi país la misma experiencia festival  que sentí, por ejemplo, cuando asistí a Coachella.

En el 2006 fui parte de la cobertura que hizo Viva, de La Nación. No usábamos redes sociales, no dábamos mayor adelanto por medio del sitio web: todos los esfuerzos estaban puestos en el periódico del día siguiente. En el 2008 volví al Imperial frente del equipo de Vuelta en U y ejecutamos una cobertura más ambiciosa, aún con las limitaciones propias de un medio de nicho. Fue el estreno de un escuadrón brillante, con Damián Arroyo, Adrián Fallas, Arturo Pardo, Garrett Britton y Jorge Navarro, y siento que nos acercamos bastante a una cobertura de grandes ligas.

Pero la prueba de fuego (mi prueba de fuego) fue este año. Ahora con la web de La Nación organizamos un ambicioso plan de trabajo para los dos extenuantes días, durante los cuales subimos 40 notas, muchos más videos, dijimos todo y de todo por redes y transmitimos todas las conferencias de prensa. Si me preguntan, así es como creo que un medio de comunicación diario y con recursos debe de abordar una actividad de este calibre (desde luego que cualquier otro acercamiento informativo se respeta).

El line-up

De lujo, sorpresivo, ecléctico, cautivante. En el plano personal, ver en vivo a Cypress Hill, Moby y Flaming Lips fue un sueño cumplido, y me devolví a la casa como nuevo fan de Gogol Bordello, Manchester Orchestra, Skrillex y TV on the Radio.



Sin que tuviera especial interés en ellos, me es innegable el inmenso impacto que tuvo en los asistentes el estar frente a Maroon 5 y Bjork. LMFAO fue el elemento "cómico" e idiotón de la jornada y La Mala Rodríguez en serio que le hizo honor a su nombre: flojísima en lo interpretativo, el punto más deslucido del cartel.

De los locales, Sonámbulo Psicotropical fue el gran ganador. Su selección para tocar en el próximo Austin City Limits fue la consecuencia lógica del paso arrollador que lleva la banda, al punto de que en el Imperial compitieron no con los otros grupos ticos, sino con los venidos de afuera. Si los invitan a la próxima edición, de fijo se presentarán de noche, en la franja de los más grandes.

De los otros ticos participantes, todos sacaron bien la tarea, con distintos grados de intensidad. Si bien tocaron en igualdad de condiciones que los talentos venidos de afuera (trato que aplaudo de pie), a los compatriotas por lo general les tocó abrir fuego, servir de calentamiento ante un autódromo a medio llenar. Alphabetics y Dissent son prospectos que demostraron por qué su participación no fue un regalo, Patiño Quintana demostró que los grandes escenarios le son naturales, y The Great Wilderness y Huba & Silica redondearon uno de los mejores años de sus cortas carreras. En cuanto a Akasha y 424 tengo sentimientos encontrados: es innegable su pegue y calidad, sin embargo bien pudieron no haber tocado en el festival que nada se habría perdido.Y en cuando a Color Noise y Zopilot! admito que su presencia me desconcertó desde el inicio, tomando en cuenta que bandas como The Movement in Codes y Parque en el Espacio se quedaron por fuera.

Lo principal: el habernos visto expuestos a sonidos nuevos, a bandas de vanguardia, a descubrir un mundo inexplorado más allá de la zona de confort de nuestros tradicionales playlist de iTunes. De mis amigos, casi ninguno se entusiasmó por el Imperial, pues no conocían a la mayoría de las agrupaciones invitadas... y eso es, precisamente, lo más sabroso de un festival.

Charlie Jones, cabeza de la productora C3 Presents, me dijo en entrevista que quizá hizo falta agregar un par de artistas más conocidos, ausencia que fue el lamento del público adulto contemporáneo. Y no dudo que, de haber una siguiente edición, así será. Y eso es bueno.

La logística

Impecable. Aún sin haber ingresado al autódromo, ya uno notaba que algo había cambiado para bien: sin molotes, la gente entrando en orden, mucho espacio para estirar piernas mientras empezaba el festival, una gama de servicios de comida amplísima, que iba mucho más allá del típico pollo grasoso y la pizza tiesa.
Siento que por primera vez La Guácima fue usada a su máximo potencial, con la gente circulando, entreteniéndose incluso sin necesidad de la música. Me decía  Jones que el secreto para que un festival sea soportable para la audiencia es el mantenerla en movimiento (de ahí la alternancia de las tarimas), y brindarle algo más que solo conciertos.

Muy acertado el manejo de parqueos. No he oído las típicas quejas de gente pegada dos horas en las calles-trillo de La Guácima. En esto ayudó mucho el que los vecinos no abrieran sus jardines y lotes a estacionamientos improvisados, pues era ahí donde colapsaba el flujo. ¿Les alquiló Florida sus espacios? No lo sé pero intuyo que por ahí fue la cosa.

El sonido fue magnífico en todo momento. El manejo de cámaras para las pantallas acorde a lo que se espera de este tipo de actividades y la seguridad no se hizo notar, algo que siempre se agradece. Además, una tropa de edecanes y guías orientaban al público, tanto dentro como fuera del autódromo.

Fallos claro que hubo, pero parecieran lógicos e inevitables: las anunciadas zonas libres de humo se hicieron humo; las cabinas sanitarias no soportaron tanta gente con vejiga/intestinos cargados (nota aparte: ¿cómo hace alguien para cagar en un inodoro portátil de esos? El hornazo y la hediondez deberían ser suficientes para cerrarle el culo a cualquiera). El sistema de tiquetes para los alimentos se me hizo bastante engorroso y en la noche, cuando ya el lugar estaba lleno, subir y bajar la rampa para hacerse con el tiquetito era una tarea dantesca.

La prensa

Tema que la mayoría pasa por alto pero que igual se va en mi tira. En los pasados 12 años he cubierto básicamente todos los conciertos que han valido la pena en este país (y otro poco que no tanto) y puedo dar fe de que este ha sido la actividad masiva en la que la prensa ha contado con las mejores condiciones de trabajo.

La organización extendió más de 400 acreditaciones de prensa. Sí, el número asusta, más tomando en cuenta la ínfima atención que la mayoría de medios locales presta un día cualquiera al tema musical. Pero bueno, cuando el Águila convoca, todos quieren ser parte de la fiesta.

En lo personal, más allá de sacar una cobertura web para La Nación que incluyó 40 notas en dos días, más videos, transmisiones y demás, el aprendizaje vino de donde no lo esperaba.

Hay pocos momentos en los que uno como periodista se ve tan expuesto como en las conferencias de prensa. Si la súper pregunta que todos lanzamos tiene el efecto deseado –provocar una respuesta efectiva de parte del entrevistado– uno queda como un titán. En cambio, si el sujeto del interrogatorio no te entendió o menospreció la interrogante, difícilmente uno puede evitar el rubor (aunque no tenga la culpa).

A mí me ha pasado dos veces: la primera y peor fue cuando el elenco de Y tu mamá también vino al país. En la conferencia de prensa hice la que creí era una gran pregunta sobre los símiles del tema de las muerte en la cinta. Gael García-Bernal se volvió y me dijo: "Eso no es así. No entendiste la película". Está de más decir que me hizo mierda.

La segunda vez no fue tan terrible pero sí frustrante, cuando, en la primera venida de los Red Hot Chili Peppers les pedí su criterio sobre las dificultades de unir sus catálogos, dado que han trabajado con dos disqueras distintas. Mi entonces ídolo, Anthony Kiedis, me devolvió un frío "no" que me dejó congelado.

En el Festival Imperial pasado, el colega Ariel Chaves, de Diario Extra, le hizo una pregunta a Duran Duran que recibió por respuesta un insulto de parte del cantante de la banda inglesa. Y todos los presentes nos reímos... sí, yo me reí, no tanto por la respuesta, sino porque se trataba de Ariel, un periodista incómodo y que con sus excentricidades se sale, para bien y para mal, de la norma del gremio (de pirañas).



El escarmio en esa ocasión a Ariel fue duro y en el medio que yo dirigía una periodista que ni estaba ahí escribió una columna lamentable criticando a Chaves... columna cuya publicación yo aprobé.

La semana pasada, sin quererlo, se me volvió, indirectamente, la tortilla, cuando uno de los reporteros que iban conmigo protagonizó un incidente similar con La Mala Rodríguez. A la luz de los días diría que sí, efectivamente la pregunta pudo estar mejor planteada pero eso no garantiza que una tipa tan atorrante como la autoproclamada Mala hubiese respondido mejor. Yo conozco a Olman Castro lo suficiente como para saber que es la persona que para nada promueve el machismo y que la artista española le entendió mal, máxime después de que Olman le mencionara su terrible actuación en el Vive Latino, en México, donde la bajaron a botellazos.

Al ver a un colega en aprietos, el resto del cuerpo de prensa hizo lo que mejor sabe: humillarlo... tal y como lo hicimos, en esa misma sala de prensa, con Ariel cuatro años atrás. Está de más decir que el trance fue carnita para medios especializados en convertir a los periodistas en noticia. La lógica diría que el peor trato se esperaría de un espacio como Intrusos pero el programa del 11 al menos buscó a Olman para pedirle su reacción, algo que se le "olvidó" a un medio que aspira a ser tomado en serio como CRhoy.com.

Lección aprendida, al menos para mí: la próxima vez que un colega se la pele (con o sin responsabilidad) en público, en vez de celebrar su tropiezo, más bien no le estorbaré en su camino a levantarse. Aprovecho para, tardíamente, disculparme por Ariel por no darle la razón frente a un artista que se molestó cuando él le recordó que estaba acabado hace rato. Olman y Ariel son valientes y al menos sí se exponen en las conferencias de prensa, a diferencia de un montón de parásitos que llega, grabadora en mano, a chupar de las preguntas de los demás, sin abrir la boca para algo que no sea devorar los canapés de la mesita aledaña.

Epílogo

Cualquiera que se precie de ser un medio fiebre de la música, en caso de haberse perdido la edición 2012 del Festival Imperial, pues mamó. Así de sencillo.

La gente siempre busca cómo hablar paja y por eso sobraron comentarios en redes  criticando la baja venta de entradas, el que la reventa fuera mala, el que se rifaran tantos boletos. Hasta donde yo sé, los únicos a los que eso debería preocuparles es a los organizadores, quienes sabrán apechugar con el costo de eso. ¿Alguien logró ver a The Flaming Lips por dos rojos? Dichoso.

Ambas fechas La Guácima recibió la noche hasta el copete, así que la asistencia nunca decepcionó. No hay que ser un genio para adivinar que Florida Bebidas no gana plata directamente con la realización del festival, cuyos gastos de producción nunca podrían pagarse con la taquilla (y ni siquiera con la venta in situ de cerveza, que vale decir se vendió deliberadamente a un precio mayor para atenuar su consumo desmedido).

¿Cuál es entonces la ganancia de hacer este festival? El Águila tiene la respuesta. No tengo cómo probarlo pero estoy seguro que los costos del festival se cubren de lo lindo con lo que Florida gana solo en la primera semana de las fiestas de Palmares. Además, hablamos de la única empresa en Centroamérica con un capital tan grande como para derrochar en una extravagancia así, con el branding como único objetivo.

¿Habrá otro Festival Imperial? No lo dudo, ahora que está claro que se entendió cómo llevarlo a cabo y sobrevivir en el intento. Pensarlo como un evento anual se me hace demasiado jalado del pelo pero sí lo veo sucediendo cada dos años, y más si se le da continuidad a la relación con C3 Presents, vínculo que va mucho más allá de lo que vemos en La Guácima, con miles de aguilitas vendiéndose ya en el Austin City Limits y, por qué no, quizá hasta en Lollapalooza.

Águila amiga, la metiste en el puro ángulo... y de chilena.

Así que, mientras tanto, recordemos.

domingo, 25 de marzo de 2012

Festival Imperial día 1: el recuento

Manchester Orchestra... uff...

Es mediodía dominical y acaban de abrirse las puertas de la zona de conciertos del Festival Imperial. Mientras los más fiebres se aprestan a recibir una paliza de parte de un sol salvaje, los recuerdos de la primera jornada del Festival Imperial 2012 aún siguen frescos y tremendos.

Qué día el que vivimos ayer en La Guácima. Cualquier mal augurio hecho al festival quedó hecho trizas, tras un día completo de música de calidad altísima. Sin tratar de enredarme mucho en los mecates, he aquí un subjetivo recuento de lo más destacable del sábado 24 de marzo.

- Para mis efectos, cuatro nombres hicieron memorable la velada: Gogol Bordello, Manchester Orchestra, Cypress Hill y The Flaming Lips. Lo que estas cuatro bandas nos dieron hicieron que cualquiera que fuera el precio del boleto (dado que hubo dichosos que los consiguieron a dos rojos, en reventa) valiera la pena.

- Gogol Bordello es una rareza musical, un grupo que si bien es interesante en sus discos, en realidad es en vivo que se entiende a plenitud. Los gitanos son un virtuoso circo, que entretiene y a la vez roquea durísimo. De esos espectáculos que de fijo hay que volver a vivir.



- Manchester Orchestra venía muy bien recomendado y muchos me había advertido a no perderme su presentación. La banda de Atlanta le recetó un durísimo golpe a todos los que se excusaron de venir a La Guácima, con la queja de que el festival carecía de rock. Qué hablada de basura. Un grupo que llegó siendo desconocido a suelo tico y se fue como el nuevo favorito de muchos ticos.



- Anoche cumplí un pendiente: ver en vivo a un verdadero acto de hip-hop. Cypress Hill me hizo el día. El cuarteto ha estado en mis predilectos desde los 90, cuando bajo la influencia de mi compañero Francisco Munguía empecé a interesarme por el hip-hop. Escuchar temas como Cook the Hammer, How I Just Kill a Man, Latin Lingo e Insane in the Brain en directo, y en mi propio país, nunca estuvo entre mis planes para esta vida, y eso, sin verguenza, se lo agradeceré al Águila por siempre. Además, qué rico el escuchar con tanto volumen una proclama de despenalización de la marihuana: no la consumo pero sí apoyo el que se torne lícita. B-Real, el mismísimo Capitán Marihuana, prendió un descomunal dedo de momia y lo jaló hasta donde le daban sus entrenados pulmones... y todos, todos, le aplaudimos.



- Este festival lo cubro, para Nacion.com, con un joven equipo de periodistas, muchos de ellos aún no nacidos cuando The Flaming Lips ya daba de qué hablar. Por eso, escuchar hoy a esa anonadada y juvenil audiencia deshacerse en elogios hacia la agrupacipón de Oklahoma me llena de satisfacción. De no haber sido por este evento, ninguno de ellos se habría enterado nunca de la existencia de un grupo que es leyenda, que tiene 30 años de hacer las cosas a su manera, de reinventarse en cada disco, de preocuparse por sus fans y ponerlos en lo más alto de su lista de prioridades.

Dado que Cypress Hill me sacó la poca energía que me quedaba después de una maratónica jornada laboral (claro, qué rico bretear así... y aquí),  a los Lips los vi de larguito. Seguro por eso la fortuna me sonrió, con un inesperado encuentro con ese tipazo que es Wayne Coyne, un chavalo cero estrellitis, que caminó sin resguardo por todo lado y que de buena gana posó con este mozote que aquí escribe...

Wayne es toa...


- La organización ha sobrepasado cualquier expectativa: puntualidad británica, gente atenta a ayudar, amplia gama de servicios. Desde luego que uno podría quejarse de detalles menores (mucho trámite el sistema de tiquetes para la comida, cabinas sanitarias que no dan para tanta miada, etc.) pero eso sería mezquino.

- Como lo dije semanas atrás, mi estimada Águila, este es, en serio, tu primer festival de verdad... y eso se nota (para bien).

- Hoy el cartel en lo personal no me atrapa tanto, como TV on the Radio y papi Moby como las dos principales atracciones, para mi gusto. Mañana sigo el reporte, haciendo ya un balance general de todo el fin de semana. Mientras tanto, no le pierdan la pista al especial que tenemos en el sitio web de Nación, que buena sudada de chaqueta nos hemos pegado, entre muchos, para cubrir un evento de este calibre... como tiene que ser.

¡Salud!

miércoles, 14 de marzo de 2012

Sin necesidad, Laura pone a Nery y Hanna en la balanza


Pongamos a competir a las dos personas más queridas y populares de Costa Rica, que de por sí en deportes lo que cuenta es participar, no ganar.

La presidenta Laura Chinchilla encontró la mejor manera para resolver ese absurdo al que llaman premio deportivo Claudia Poll, y que desde su creación ha sido un dolor de cabeza para las autoridades. Y es que en vez de entrarle al entuerto desde el punto de vista jurídico y legislativo (hablamos de una ley de la República), la mandataria y su "equipo" hicieron su propia interpretación, una que permite algo que solo en un juego de Wii parecía viable: que Nery Brenes y Hanna Gabriel entren en una misma disputa.

Ambos deportistas, bañados en gloria en su calidad de campeones mundiales de sus respectivas disciplinas, son nuestros trapitos de dominguear, la cara que damos al mundo, los referentes, los inspiradores, los luchadores que se penquearon, los modelos a seguir... los meros meros. Desde luego que a ojos del país, tanto Nery como Hanna se merecen todos los honores posibles y, precisamente para eso, en la década de los 90 se creo el premio Claudia Poll.

Invento del exdiputado Rodrigo Gutiérrez Schwanhauser, la ley se creo al calor del oro olímpico de Claudia y de hecho en casi 15 años solo la ondina se ha visto premiada por ella. Absurdamente, los diputados dotaron al premio Poll de una cantidad astronómica de dinero, que hoy asciende a más de ¢156 millones para su ganador anual (de los cuales, oh ironía, a Poll solo se le entregaron ¢30 millones).

El premio cayó –para suerte del Estado– en el olvido debido a nuestro pálido desempeño deportivo en la década anterior, lo que evitó que se resolviera el "pequeño" detalle de cómo financiar aquella ocurrencia, pues los diputados nunca le dieron los recursos necesarios (la ley dice que el Ministerio de Cultura deberá incluirlo en su presupuesto, el cual, como bien sabemos, es cualquier miseria).

Además, el premio está hecho para no ser conferido, pues se le promete solo a campeones olímpicos y mundiales. Y dado que las Poll eran una positiva anomalía en nuestro palmarés mundial, el reconocimiento cumplió por casi 15 años su objetivo de no ser de nadie. Hasta que Hanna y Nery se "pasearon" en todo.

Hanna Gabriel ganó dos distintos títulos mundiales en años consecutivos... ¿y el premio para ella? Bien, gracias. Ahora Nery es campeón del mundo... ¿y el premio para él? Ay mae, qué tortón.

No tiene vuelta de hoja: si bien todas las anteriores administraciones, desde 1997, fallaron en componer este desastre de "reconocimiento", fue durante la actual gestión que las autoridades se bailaron a Hanna. Se la bailaron porque el premio es anual, como bien dice la ley (no "bianual" como erróneamente lo dijo hoy la presidenta). Se la bailaron porque si ella quedó (de nuevo) campeona en el 2011, el jurado debió considerar su caso y emitir un criterio en enero pasado, como parte del anuncio anual de los premios nacionales que entrega el Ministerio de Cultura.

En un invento sin pies ni cabeza (y sin asidero en la ley), doña Laura dice que el premio se entregará en el 2013, tomando en cuenta los méritos deportivos tanto del 2011 y del 2012. Así de sencillo, Hanna (2011) y Nery (2012) competirán por un mismo reconocimiento, cuando lo correcto es que ella lo hiciera el año pasado y él en el que actualmente cursamos.

Digo, no es ciencia china como para que cueste tanto entender...

Y esto me emputa. Me emputa porque es un irrespeto a ellos y los demás atletas que se parten el alma, solos, por una medalla. Me emputa porque los políticos –tanto en el poder como detrás de él– ven en Nery y Hanna un botín de populismo, muchachos con los que es prudente tomarse fotos para subirlas en Facebook en el momento oportuno. Me emputa porque el Ministerio de Deporte es un sueño de opio, porque hemos tenido ministros de Deporte que no inspiran (solo risa y lástima), porque hay gente que tilda a Nery de juega de loco por decir sus verdades sin miedo ni poses calculadas. Me emputa porque flaco favor le hacemos a una mujer admirable como Claudia Poll, endilgándole su nombre a un mamaracho de premio que, lejos de motivar, más bien genera dolor en nuestros atletas.

Pero bueno, qué importa. Si en Zapote creen que es posible escoger quién merece más mérito entre Hanna Gabriel y Nery Brenes, pues que ruede la bola. ¿Lo resolvemos en el ring o la pista? ¿O al rato y si les damos una placa de taxi?

lunes, 12 de marzo de 2012

Mi proclama de intolerancia: gente que me hincha las pelotas


Suena irónico y lo sé: siendo alguien que se dice ser muy tolerante, lo cierto es que muy dentro de mí cargo una cuota intolerancia que pesa como un yunque.

Mi desdeño hacia ciertos especímenes humanos es más fuerte que yo y, de cuando en cuando, se desborda, por lo general en pataletas de Facebook. Desde luego que dicho ejercicio es tan inútil como tonto, así que decidí juntar en un solo texto a los distintos tipos de personas que me descomponen, que me amargan, que provocan en mí malas caras y que caerían en desgracia si yo fuera omnipotente.

Desde luego que el que me caigan mal no es un problema suyo, sino de mi persona. Lo más sano sería no dedicarles un microsegundo de mi tiempo pero qué va: sus acciones (o falta de estas) me desesperan, me causan dolor de cabeza y me llenan la boca de maldiciones.

¿Ramalazo? Puede ser. En todo caso, aquí queda mi lista de aquellas personas que me hinchan las pelotas... y que por lo general no se dan por enteradas.

(Texto redactado en modalidad "me cago en todo", por aquello).

Vendedores de tiendas de música: En las tiendas que son parte de cadenas es común toparse ¿dependientes? que no saben nada, ni jota de música. Uno les pregunta por algún título y a no ser que se trate de algo bien quemado, tipo Shakira o Lady Gaga, su orientación es nula. Cuando yo estaba en el cole soñaba con trabajar en una tienda tipo La Jungla, Fama o Enigma, estar metido entre música todos los días, especialmente porque la clientela de esos establecimientos es bien estudiosa, conoce y exige (el que quiere lo nuevo de Daddy Yankee lo puedo agarrar del anaquel de Automercado).

Para saber de música no se ocupan estudios superiores... cuidado y ni diploma de cole. No me refiero a ser músico, sino a ser fiebre, alguien que no ponga cara de borrego degollado si un cliente le pregunta por Porcupine Tree, Violeta Parra, LMFAO o Pantera. Salvo de esta "desclasificación" a los maes de las compraventas o de tiendas especializadas, donde es más fácil encontrar alguien que sí sepa a qué suena un disco sin necesidad de ponerlo antes en el reproductor.

Acá la Maldita Vecindad teniendo una experiencia totalmente diferente a la que describo, comprando en la mejor tienda de discos del mundo: Amoeba Music, en Los Ángeles.




Vendedores de tiendas de figuras de acción: Bien vagos, siempre jugando de grandes expertos pero quedados en servicio al cliente. Hablo con propiedad, pues soy de los huevones que gastan plata en juguetes que no son para niños, y remito a casos concretos, recientemente vividos en Ciudad Manga: en su local de Paseo de las Flores había tres ¿dependientes? viendo un animé, mientras yo, que no soy necesariamente chiquitillo, batallaba de puntillas para bajar una figura que estaba como a dos metros del suelo. No fue hasta que "pasé por la pena" de pedir ayuda que uno de ellos, a regañadientes, se dignó a dejar de ver la cinta que seguro se sabía de memoria para atenderme. Siempre en Ciudad Manga, ahora de Real Cariari: entro a la tienda, soy el único cliente y el ¿dependiente? nunca me habló. El mae siguió sumergido en lo que fuera que estaba haciendo, a pesar de que en ese local uno no tiene los productos al alcance de la mano.

El colmo lo viví hace un par de semanas en Multiplaza Escazú, en una tienda que desconozco el nombre, que abrieron al lado del BCR. El local muy bonito, el surtido de figuras respetable y como cinco dependientes demasiado ocupados en hablar sobre sus opciones de almuerzo. Estuve 15 minutos dentro de la tienda y ninguno me preguntó si se me ofrecía algo. ¿Delicado? Para nada pero puta, manda huevo, no tienen que saludar pero al menos sí procurar la venta.

Animadores de hotel de playa: Nunca una palabra estuvo peor usada. Lo peor de la mezcla de otros especímenes poco apreciables –instructores de gimnasio juega'elocos y locutores de emisora juvenil– se apropió de los "equipos de animación" de los hoteles de playa. Los más espernibles son, desde luego, los hombres, que desde buena mañana se apoderan de micrófonos y megáfonos para poner en movimiento a los huéspedes, lanzando consignas a los morados, a los manudos, a los fiesteros, a los solteros, a los zurdos, a los flacos, a los apuntados, a los que van a llegar tarde, a los que andan escapados, a los que no quieren que la fiesta termine...

Desde luego que aquellos bronceados adonis tienen su pegue, especialmente con gringos borrachos, doñitas pillillas y mozotes capitalinos. Mientras tanto, uno –sudando amargazón– queda como un estúpido, repasando tres veces la misma página del libro, incapaz de avanzar en la lectura por la conmoción de unos parlantes que vomitan invitaciones a hacer aeróbicos en la piscina mezcladas con el quemado disco de éxitos de Jerry Rivera.

Twitteros bombetas: Parece que alguien –no sé quién– determinó que las voces más autorizadas de Costa Rica están en esa red social. No minimizo la importancia de Twitter ni de sus actores pero tomarse todo lo que ahí se diga como santa palabra es de engañados. Que lo diga el diputado Granados del PASE, quien durante su turno de preguntas en la comparecencia de José María Figueres le cedió el espacio a los twitteros. El resultado: cuestionamientos obvios, sin relación con la materia de la comparecencia y algunos bastante idiotas.

En el Twitter tico hay gente buena, a la que vale la pena leer, y mucha otra que se esfuerza demasiado en gastar los 140 caracteres. Creérse la última chupada del mango por ser "influyente" en el Twitter tico es bastante patético.

Directivos del Citi: Nuestra cólera está mal enfocada: los teleoperadores que nos acosan con ofrecimientos de tarjetas y demás servicios del banco Citi son los menos culpables de nuestra molestia, pues solo hacen su trabajo. Que caigan mal es un efecto colateral.

En cambio, quienes sí merecen todo nuestro repudio son los directivos de la entidad, en vista de que son ellos quienes aprueban e impulsan este tipo de prácticas despreciables. Si bien todos los bancos y emisores de crédito recurren al ataque telefónico para tratar de pescar incautos, el caso de Citi es enfermizo, patético y censurable. Esta gente debe habernos llamado a todos los asalariados de este país al menos unas 100 veces y pese a los madrazos, telefonazos y demás signos de rechazo, no aflojan en su perseguidera. ¿Será que cuentan con algún estudio que demuestra que la gente, súbitamente, cambiará de opinión y abrazará su marca, después de odiarla por años?

Choferes que se brincan las presas usando el carril contrario: Estos son los verdaderos HIJUEPUTAS, la calaña más despreciable entre el montón de bestias que circulan por nuestras calles.

En este país no hay chofer perfecto y todos en alguna ocasión hemos cometido una imprudencia al volante. Sin embargo, hay una raza de desgraciados que viola sistematicamente la ley de tránsito, que conduce como le da la gana, tira el carro con tal de hacerse campo y que, tras de todo, se siente intrépida al máximo.

Las presas son un mal endémico de nuestra risible red vial. Semáforos que solo dejan pasar tres carros por turno, vías de dos carriles que desembocan en un puente de un carril y "carreteras" demasiado angostas se unen para que a la hora pico debamos rumear nuestra impaciencia haciendo fila, esperando a que nos den campito, a que aquel chorizo se mueva. Y, aunque a las malas, hacemos la fila, nos aguantamos, aprovechamos el tiempo perdido para inventar la excusa de nuestra tardanza. Excepto estos hijueputas.

Uno los ve, rayando por la izquierda, de frente al tránsito que sí viene con vía, metiéndole la pata al perol para llegar al frente de la línea en pocos segundos. Desde mi camino de Heredia a Tibás, todos los días, atestiguo sin poder hacer nada a estos bastados, que lirondos se clavan por donde pueden, subiéndose incluso a la acera con tal de pasar. En esos días me encantaría ser el chofer del Grave Digger. Aún peor es cuando estos malparidos, al verse atrapados contravía, le tiran el carro para que les cedamos el paso, a riesgo de chocarnos. Mi indignación me impulsa a no darles espacio pero por qué correr el riesgo de chocar así con un infeliz de estos. ¿Y si anda un arma? ¿Y si no le importa y sigue su marcha?  ¿Debo perseguirlo?

La única catarsis que he encontrado –además de cagármeles en su alma– es tomarles fotos in fraganti y ponerlas en redes. Sé que eso no sirve para un carajo pero bueno, al menos siento que en algo me desquito.

Faranduleros: Desde que Tía Zelmira (¿quién?) puso de moda este término, como 20 años atrás, los bombetas, figurines y demás aves de paso han encontrado una razón para justificar su "estilo" de vida. En un país en el que la gente con méritos es menos de la que estimamos, resulta que cualquier payaso que pele los dientes y salga en la foto ya es merecedor de nuestra atención, de minutos al aire, de su octavo de página en el periódico, de emitir su opinión –sin importar si es para decir una estupidez– sobre lo que sea.

Alguien que se sienta orgulloso de ser "farandulero" tiene, definitivamente, una vida carente de mejores referencias.

Viejas que obligan a sus empleadas domésticas/nanas a usar uniforme: Me enferman... no las soporto. Siempre he visto en este código de vestuario un deseo nada disimulado de marcar diferencias sociales, de que la empleada sepa y entienda que ella no es igual que los patrones, algo que, está de más decir, también debe saltar a la vista de la sociedad.

Digamos que, sin querer justificarlas, al menos entiendo a las doñitas mayores que piden este requisito a The Help: ni modo, está difícil que cambien. Sin embargo, cómo se explica esto en chavalas jóvenes que pasean a sus empleadas, cual perritos, por los pasillos de Multiplaza (Escazú, obvio). La tipa lironda se mete a ver calzones a Victoria's Secret mientras, afuera, Juanita debe apañarse con los mocosos malcriados de su patrona, debidamente uniformada a la usanza salvadoreña. Algunas, las más avanzadas, prefieren vestir a sus empleadas con trajes médicos, parecidos a los de Grey's Anatomy, quizá para dar la idea de que su niño está en las mejores manos.

Me rancho...

Primeros lugares de la papeleta diputadil del PLN en Heredia: Categoría delimitada a las dos últimas elecciones (2006 y 2010), que han sido las que me ha contemplado dentro del padrón electoral del cantón central florense.

Abarca solo dos nombres, harto conocidos por el país: Fernando Sánchez y Víctor Hugo Víquez. Estos señores –desde sus respetivos extremos de la alcurnia política– son muestras vivientes de los pésimos votantes que somos los costarricenses, quienes a la hora de enfrentar la urna nos guiamos más por colores que por nombres.

Sánchez –primo de los hermanos Arias– fue el buque insignia del PLN en Heredia para el 2006. El Dr. –el título ante todo– se formó para gobernar, para guiar, para decirnos qué hacer y cómo hacerlo, como se evidenciaba en los aburridísimos textos que recetaba con calculada periodicidad en la Página 15. Sin embargo, le bastó llegar a la Asamblea y el Dr. se retrató por medio de su memorando del miedo, sus posiciones de un dogmatimo religioso sorprendente el alguien "joven", y su juego de escondidas para no enfrentar el proceso político en su contra debido al famoso memo (bien por Kevin Casas que dio la cara, apechugo y pagó el precio del mismo error). Presidente del fan club tico de Steven Seagal, hoy el Dr. nos representa en el Vaticano, lugar donde no desentona.

En el 2010 el PLN no quiso defraudarnos y plantó como su primer diputado herediano al señor Víquez. El corpulento empresario llegó a la Asamblea y si algo se puede reconocerle es que no pasó inadvertido. Cómo hacerlo cuando fue el único legislador en oponerse a la conformación de la comisión Arias, cuando ha defendido con la retórica más folclórica a los hermanos, cuando una parlamentaria de otro partido lo acusa públicamente de agresor, cuando con cuello hinchado y dedo levantado ha dicho en el plenario que él no tiene la culpa que otra diputada "no tiene quien la quiera".

Para cerrar, las palabras del sabio Dave Mustaine...