martes, 7 de agosto de 2012

La titanada de Leonardo Chacón


Foto Olman Mora, CON.
No por terminar hoy la maratón olímpica con la piel cargada de heridas, en carne viva. No, mi admiración por Leonardo Chacón viene de más atrás, por lo que hizo en una competencia criolla y de perfil si se quiere menos elegante.

Este es un texto con trampa, reciclado. Hoy cuando vi a Leo con el uniforme tricolor dañado, corriendo su dolor por las calles londinenses, recordé mi primer encuentro con él: sin saberlo, el triatlonista causó una impresión indestructible.

La versión original la publiqué en mi querido Vuelta en U, el 14 de marzo del 2008. Y al igual que entonces, mi admiración por Leo está en lo más alto.

Léanlo y me cuentan :)

Febrero, 1999. Junto con otros compañeros de la carrera de comunicación, me apunté a ser parte del equipo de la oficina de prensa de los Juegos Deportivos Nacionales de San Carlos. No nos pagaron pero tuvimos alojamiento y comida gratis, además de que la pasamos a nuestras anchas en tierras norteñas.

Como parte de mis labores me tocó la cobertura del triatlón, el cual se desarrolló en y alrededor de la laguna de Arenal. El tiempo ha pasado pero todaví­a guardo el recuerdo de algo que ahí­ sucedió y que, a la fecha, aún me impresiona.

La categorí­a masculina fue ganada por un muchachillo macho y de ojos gatos que más parecí­a venido de Suiza que de su natal Liberia. Leonardo Chacón le sacó suficientes minutos de ventaja al resto de competidores y cruzó la meta en solitario y con el aplauso de los que ahí­ estábamos. Sin embargo, Leo se tení­a reservado lo mejor para el final.

Mientras que cualquier otro se habrí­a llevado su gloria a otra parte, Leo recogió su medalla y se plantó al lado de la meta para aplaudir y darle ánimos a los demás participantes, no sólo de Liberia, sino de cualquier otro cantón. Mientras que el público empezaba la retirada (a pocos les importan los segundos lugares), Leonardo siguió ahí­ por buen rato, infundiendo ánimo a otros muchachos de menores condiciones que las suyas y que, pese a que se notaban fundidos, le poní­an en aquellos últimos metros ante la fuerza que su colega les daba al otro lado de la lí­nea de llegada.

Ese es el mismo que hoy se cayó y levantó ante los ojos del mundo.


1 comentario:

  1. Definitivamente que la nobleza la lleva en el corazón. Yo no dejo de admirar la entrega de Leonardo, una lección de vida, definitivamente.

    Saludos,
    Katmarce--
    submarinopimienta.blogspot.com

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