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| Foto Olman Mora, CON. |
Este es un texto con trampa, reciclado. Hoy cuando vi a Leo con el uniforme tricolor dañado, corriendo su dolor por las calles londinenses, recordé mi primer encuentro con él: sin saberlo, el triatlonista causó una impresión indestructible.
La versión original la publiqué en mi querido Vuelta en U, el 14 de marzo del 2008. Y al igual que entonces, mi admiración por Leo está en lo más alto.
Léanlo y me cuentan :)
Febrero, 1999. Junto con otros compañeros de la carrera de comunicación, me apunté a ser parte del equipo de la oficina de prensa de los Juegos Deportivos Nacionales de San Carlos. No nos pagaron pero tuvimos alojamiento y comida gratis, además de que la pasamos a nuestras anchas en tierras norteñas.
Como parte de mis labores me tocó la cobertura del triatlón, el cual se desarrolló en y alrededor de la laguna de Arenal. El tiempo ha pasado pero todavía guardo el recuerdo de algo que ahí sucedió y que, a la fecha, aún me impresiona.
La categoría masculina fue ganada por un muchachillo macho y de ojos gatos que más parecía venido de Suiza que de su natal Liberia. Leonardo Chacón le sacó suficientes minutos de ventaja al resto de competidores y cruzó la meta en solitario y con el aplauso de los que ahí estábamos. Sin embargo, Leo se tenía reservado lo mejor para el final.
Mientras que cualquier otro se habría llevado su gloria a otra parte, Leo recogió su medalla y se plantó al lado de la meta para aplaudir y darle ánimos a los demás participantes, no sólo de Liberia, sino de cualquier otro cantón. Mientras que el público empezaba la retirada (a pocos les importan los segundos lugares), Leonardo siguió ahí por buen rato, infundiendo ánimo a otros muchachos de menores condiciones que las suyas y que, pese a que se notaban fundidos, le ponían en aquellos últimos metros ante la fuerza que su colega les daba al otro lado de la línea de llegada.
Ese es el mismo que hoy se cayó y levantó ante los ojos del mundo.

Definitivamente que la nobleza la lleva en el corazón. Yo no dejo de admirar la entrega de Leonardo, una lección de vida, definitivamente.
ResponderEliminarSaludos,
Katmarce--
submarinopimienta.blogspot.com