lunes, 12 de marzo de 2012

Mi proclama de intolerancia: gente que me hincha las pelotas


Suena irónico y lo sé: siendo alguien que se dice ser muy tolerante, lo cierto es que muy dentro de mí cargo una cuota intolerancia que pesa como un yunque.

Mi desdeño hacia ciertos especímenes humanos es más fuerte que yo y, de cuando en cuando, se desborda, por lo general en pataletas de Facebook. Desde luego que dicho ejercicio es tan inútil como tonto, así que decidí juntar en un solo texto a los distintos tipos de personas que me descomponen, que me amargan, que provocan en mí malas caras y que caerían en desgracia si yo fuera omnipotente.

Desde luego que el que me caigan mal no es un problema suyo, sino de mi persona. Lo más sano sería no dedicarles un microsegundo de mi tiempo pero qué va: sus acciones (o falta de estas) me desesperan, me causan dolor de cabeza y me llenan la boca de maldiciones.

¿Ramalazo? Puede ser. En todo caso, aquí queda mi lista de aquellas personas que me hinchan las pelotas... y que por lo general no se dan por enteradas.

(Texto redactado en modalidad "me cago en todo", por aquello).

Vendedores de tiendas de música: En las tiendas que son parte de cadenas es común toparse ¿dependientes? que no saben nada, ni jota de música. Uno les pregunta por algún título y a no ser que se trate de algo bien quemado, tipo Shakira o Lady Gaga, su orientación es nula. Cuando yo estaba en el cole soñaba con trabajar en una tienda tipo La Jungla, Fama o Enigma, estar metido entre música todos los días, especialmente porque la clientela de esos establecimientos es bien estudiosa, conoce y exige (el que quiere lo nuevo de Daddy Yankee lo puedo agarrar del anaquel de Automercado).

Para saber de música no se ocupan estudios superiores... cuidado y ni diploma de cole. No me refiero a ser músico, sino a ser fiebre, alguien que no ponga cara de borrego degollado si un cliente le pregunta por Porcupine Tree, Violeta Parra, LMFAO o Pantera. Salvo de esta "desclasificación" a los maes de las compraventas o de tiendas especializadas, donde es más fácil encontrar alguien que sí sepa a qué suena un disco sin necesidad de ponerlo antes en el reproductor.

Acá la Maldita Vecindad teniendo una experiencia totalmente diferente a la que describo, comprando en la mejor tienda de discos del mundo: Amoeba Music, en Los Ángeles.




Vendedores de tiendas de figuras de acción: Bien vagos, siempre jugando de grandes expertos pero quedados en servicio al cliente. Hablo con propiedad, pues soy de los huevones que gastan plata en juguetes que no son para niños, y remito a casos concretos, recientemente vividos en Ciudad Manga: en su local de Paseo de las Flores había tres ¿dependientes? viendo un animé, mientras yo, que no soy necesariamente chiquitillo, batallaba de puntillas para bajar una figura que estaba como a dos metros del suelo. No fue hasta que "pasé por la pena" de pedir ayuda que uno de ellos, a regañadientes, se dignó a dejar de ver la cinta que seguro se sabía de memoria para atenderme. Siempre en Ciudad Manga, ahora de Real Cariari: entro a la tienda, soy el único cliente y el ¿dependiente? nunca me habló. El mae siguió sumergido en lo que fuera que estaba haciendo, a pesar de que en ese local uno no tiene los productos al alcance de la mano.

El colmo lo viví hace un par de semanas en Multiplaza Escazú, en una tienda que desconozco el nombre, que abrieron al lado del BCR. El local muy bonito, el surtido de figuras respetable y como cinco dependientes demasiado ocupados en hablar sobre sus opciones de almuerzo. Estuve 15 minutos dentro de la tienda y ninguno me preguntó si se me ofrecía algo. ¿Delicado? Para nada pero puta, manda huevo, no tienen que saludar pero al menos sí procurar la venta.

Animadores de hotel de playa: Nunca una palabra estuvo peor usada. Lo peor de la mezcla de otros especímenes poco apreciables –instructores de gimnasio juega'elocos y locutores de emisora juvenil– se apropió de los "equipos de animación" de los hoteles de playa. Los más espernibles son, desde luego, los hombres, que desde buena mañana se apoderan de micrófonos y megáfonos para poner en movimiento a los huéspedes, lanzando consignas a los morados, a los manudos, a los fiesteros, a los solteros, a los zurdos, a los flacos, a los apuntados, a los que van a llegar tarde, a los que andan escapados, a los que no quieren que la fiesta termine...

Desde luego que aquellos bronceados adonis tienen su pegue, especialmente con gringos borrachos, doñitas pillillas y mozotes capitalinos. Mientras tanto, uno –sudando amargazón– queda como un estúpido, repasando tres veces la misma página del libro, incapaz de avanzar en la lectura por la conmoción de unos parlantes que vomitan invitaciones a hacer aeróbicos en la piscina mezcladas con el quemado disco de éxitos de Jerry Rivera.

Twitteros bombetas: Parece que alguien –no sé quién– determinó que las voces más autorizadas de Costa Rica están en esa red social. No minimizo la importancia de Twitter ni de sus actores pero tomarse todo lo que ahí se diga como santa palabra es de engañados. Que lo diga el diputado Granados del PASE, quien durante su turno de preguntas en la comparecencia de José María Figueres le cedió el espacio a los twitteros. El resultado: cuestionamientos obvios, sin relación con la materia de la comparecencia y algunos bastante idiotas.

En el Twitter tico hay gente buena, a la que vale la pena leer, y mucha otra que se esfuerza demasiado en gastar los 140 caracteres. Creérse la última chupada del mango por ser "influyente" en el Twitter tico es bastante patético.

Directivos del Citi: Nuestra cólera está mal enfocada: los teleoperadores que nos acosan con ofrecimientos de tarjetas y demás servicios del banco Citi son los menos culpables de nuestra molestia, pues solo hacen su trabajo. Que caigan mal es un efecto colateral.

En cambio, quienes sí merecen todo nuestro repudio son los directivos de la entidad, en vista de que son ellos quienes aprueban e impulsan este tipo de prácticas despreciables. Si bien todos los bancos y emisores de crédito recurren al ataque telefónico para tratar de pescar incautos, el caso de Citi es enfermizo, patético y censurable. Esta gente debe habernos llamado a todos los asalariados de este país al menos unas 100 veces y pese a los madrazos, telefonazos y demás signos de rechazo, no aflojan en su perseguidera. ¿Será que cuentan con algún estudio que demuestra que la gente, súbitamente, cambiará de opinión y abrazará su marca, después de odiarla por años?

Choferes que se brincan las presas usando el carril contrario: Estos son los verdaderos HIJUEPUTAS, la calaña más despreciable entre el montón de bestias que circulan por nuestras calles.

En este país no hay chofer perfecto y todos en alguna ocasión hemos cometido una imprudencia al volante. Sin embargo, hay una raza de desgraciados que viola sistematicamente la ley de tránsito, que conduce como le da la gana, tira el carro con tal de hacerse campo y que, tras de todo, se siente intrépida al máximo.

Las presas son un mal endémico de nuestra risible red vial. Semáforos que solo dejan pasar tres carros por turno, vías de dos carriles que desembocan en un puente de un carril y "carreteras" demasiado angostas se unen para que a la hora pico debamos rumear nuestra impaciencia haciendo fila, esperando a que nos den campito, a que aquel chorizo se mueva. Y, aunque a las malas, hacemos la fila, nos aguantamos, aprovechamos el tiempo perdido para inventar la excusa de nuestra tardanza. Excepto estos hijueputas.

Uno los ve, rayando por la izquierda, de frente al tránsito que sí viene con vía, metiéndole la pata al perol para llegar al frente de la línea en pocos segundos. Desde mi camino de Heredia a Tibás, todos los días, atestiguo sin poder hacer nada a estos bastados, que lirondos se clavan por donde pueden, subiéndose incluso a la acera con tal de pasar. En esos días me encantaría ser el chofer del Grave Digger. Aún peor es cuando estos malparidos, al verse atrapados contravía, le tiran el carro para que les cedamos el paso, a riesgo de chocarnos. Mi indignación me impulsa a no darles espacio pero por qué correr el riesgo de chocar así con un infeliz de estos. ¿Y si anda un arma? ¿Y si no le importa y sigue su marcha?  ¿Debo perseguirlo?

La única catarsis que he encontrado –además de cagármeles en su alma– es tomarles fotos in fraganti y ponerlas en redes. Sé que eso no sirve para un carajo pero bueno, al menos siento que en algo me desquito.

Faranduleros: Desde que Tía Zelmira (¿quién?) puso de moda este término, como 20 años atrás, los bombetas, figurines y demás aves de paso han encontrado una razón para justificar su "estilo" de vida. En un país en el que la gente con méritos es menos de la que estimamos, resulta que cualquier payaso que pele los dientes y salga en la foto ya es merecedor de nuestra atención, de minutos al aire, de su octavo de página en el periódico, de emitir su opinión –sin importar si es para decir una estupidez– sobre lo que sea.

Alguien que se sienta orgulloso de ser "farandulero" tiene, definitivamente, una vida carente de mejores referencias.

Viejas que obligan a sus empleadas domésticas/nanas a usar uniforme: Me enferman... no las soporto. Siempre he visto en este código de vestuario un deseo nada disimulado de marcar diferencias sociales, de que la empleada sepa y entienda que ella no es igual que los patrones, algo que, está de más decir, también debe saltar a la vista de la sociedad.

Digamos que, sin querer justificarlas, al menos entiendo a las doñitas mayores que piden este requisito a The Help: ni modo, está difícil que cambien. Sin embargo, cómo se explica esto en chavalas jóvenes que pasean a sus empleadas, cual perritos, por los pasillos de Multiplaza (Escazú, obvio). La tipa lironda se mete a ver calzones a Victoria's Secret mientras, afuera, Juanita debe apañarse con los mocosos malcriados de su patrona, debidamente uniformada a la usanza salvadoreña. Algunas, las más avanzadas, prefieren vestir a sus empleadas con trajes médicos, parecidos a los de Grey's Anatomy, quizá para dar la idea de que su niño está en las mejores manos.

Me rancho...

Primeros lugares de la papeleta diputadil del PLN en Heredia: Categoría delimitada a las dos últimas elecciones (2006 y 2010), que han sido las que me ha contemplado dentro del padrón electoral del cantón central florense.

Abarca solo dos nombres, harto conocidos por el país: Fernando Sánchez y Víctor Hugo Víquez. Estos señores –desde sus respetivos extremos de la alcurnia política– son muestras vivientes de los pésimos votantes que somos los costarricenses, quienes a la hora de enfrentar la urna nos guiamos más por colores que por nombres.

Sánchez –primo de los hermanos Arias– fue el buque insignia del PLN en Heredia para el 2006. El Dr. –el título ante todo– se formó para gobernar, para guiar, para decirnos qué hacer y cómo hacerlo, como se evidenciaba en los aburridísimos textos que recetaba con calculada periodicidad en la Página 15. Sin embargo, le bastó llegar a la Asamblea y el Dr. se retrató por medio de su memorando del miedo, sus posiciones de un dogmatimo religioso sorprendente el alguien "joven", y su juego de escondidas para no enfrentar el proceso político en su contra debido al famoso memo (bien por Kevin Casas que dio la cara, apechugo y pagó el precio del mismo error). Presidente del fan club tico de Steven Seagal, hoy el Dr. nos representa en el Vaticano, lugar donde no desentona.

En el 2010 el PLN no quiso defraudarnos y plantó como su primer diputado herediano al señor Víquez. El corpulento empresario llegó a la Asamblea y si algo se puede reconocerle es que no pasó inadvertido. Cómo hacerlo cuando fue el único legislador en oponerse a la conformación de la comisión Arias, cuando ha defendido con la retórica más folclórica a los hermanos, cuando una parlamentaria de otro partido lo acusa públicamente de agresor, cuando con cuello hinchado y dedo levantado ha dicho en el plenario que él no tiene la culpa que otra diputada "no tiene quien la quiera".

Para cerrar, las palabras del sabio Dave Mustaine...

7 comentarios:

  1. Completamente de acuerdo con ud, don Victor... en especial con los desgraciados choferes... como me caen en uno y me rebotan en el otro!!!!!!!!!!!

    PD: para cuando las ultimas 10 canciones???????????? :D

    ResponderEliminar
  2. Puta mae, tenes razon en todos los puntos, pero donde das en el puro clavo es con los hijosdeputa que se meten en las presas y los malparidos diputados de heredia. Mencion aparte para los tuiteros 'influyentes'.

    ResponderEliminar
  3. Echate una terapia del odio mae... varas, la verdad es que muchos compartimos el desprecio a esos mismos infumables que no se los baja uno ni con un fresco de chan.

    A mí los vendedores de música o juguetitos más bien me estorban. Si algo me llama la atención de la tienda, me daré cuenta por mí mismo. Paréntesis: Mientras viajaba por trabajo a Los Angeles aprovechaba cada ocasión para ir a Amoeba. Es el sueño mojado de todo coleccionista de música. :)

    Twitteros bombetas: creo que muchos sabemos quiénes son pero mejor nos reservamos las identidades, no vaya a ser que exploten como las susodichas.

    Los "artistas" que se meten por donde sea en la calle: sí, golpe directo a las gónadas con bate de plomo. Empecemos por la cultura de exaltación y pleitesía del "vivazo" que tanto nos caracteriza. El día en que dejemos de vernos tanto el ombligo y caigamos en cuenta que mis acciones afectan para bien o mal a todos los demás, ese día habremos progresado un poquito.

    Niñas bien que uniforman a las criadas: Las empleadas dejaron de ser una realidad en nuestro presupuesto hace décadas. Por lo demás, clasismo de mierda.

    ResponderEliminar
  4. Gustavo: no es por achantarte pero faltará más de un mes para ese post. Aún ni lo he empezado y antes quiero sacar un bonus tracks con 10 piezas que salieron en los dos últimos años que bien podrían ir en la lista.

    Esteban: ser votante en Heredia es una crueldad.

    Beto: Yo fui una vez a Amoeba y casi me da un derrame, me puse ansioso y al final dejé en la caja como 10 discos porque sentí que estaba demasiado buchón. Quiero volver. Y sí, todos sabemos quiénes son...

    ResponderEliminar
  5. Ay Víctor, que lindo sería todas las tiendas si fueran como Empire Records, así con chivo al final y todo.

    ResponderEliminar
  6. Jajaja... A esperar se ha dicho entonces... Ire haciendo apuestas a ver si pego la primera... Tuanis!!!

    ResponderEliminar
  7. Víctor: me comí tu texto de principio a fin. Sentí el ácido a lo largo del texto, mismo que yo comparto en la mayor parte de las figuras que describes... Lo que más me gusta es la libertad del verbo y la sinceridad de tus palabras jejejeej.

    Saludos,

    ResponderEliminar