sábado, 31 de marzo de 2012

La infeliz semana del país más feliz del mundo




El primer ministro le tendió la mano y sonrió, con naturalidad. El líder del "otro" país más feliz del mundo es un tipo ameno, incluso contador de buenos chistes, y estaba fascinado de compartir tips con la presidenta de aquella nación latinoamericana que lidera los índices mundiales de buena vibra.

Ella fingió su mejor sonrisa (como aquellas que tanto ensayó en los meses de campaña). Sin embargo, la charada no dio para mucho, pues ya terminada la protocolaria sesión de fotos, el mandatario asiático se le acercó al oído y, en perfecto inglés, le preguntó: "Señora, hablando en confianza, ¿la gente de su país es en realidad feliz?".

A ella se le hizo el corazón un puño. Maldita la hora en que agendó esta reunión de felicidad, justo después de sufrir una de las semanas más infelices de su infeliz gestión.

Con qué cara le iba a mentir a este señor tan contento. Pero tenía que hacerlo. Y es que nadie podría creer que el suyo es un país feliz, pues apenas un par de días atrás la ciudadanía clamaba, a gritos, para que rueden cabezas en su gabinete.

Justo una semana atrás, el lunes, su nuevo ministro de información la despertó, de madrugada, para alertarla del tortón: un periódico se tomó la molestia de investigar las propiedades de todos los meros meros del Ejecutivo, descubriendo que muchos de sus ministros tienen casas por las que pagan impuestos ridículos, pues "olvidaron" actualizar el valor de sus bienes. Y para terminar de cagarla, el que más hondo cayó fue su titular de Hacienda... sí, el mismísimo que tiene dos años de estarle llorando al país, pidiéndole que se ponga la mano en el corazón y pague más impuestos.

En un arrebato de esos que rara vez se permite, la señora pensó que la mejor manera de salvar el barco era echar al no hacendoso funcionario. Supo de inmediato que "evasor" y "ministro" se tornarían sinónimos apenas calentara la mañana y que en redes sociales (esas que dice tanto dominar pero que en el fondo maldice con ganas) se la iban a comer viva, sin darle el beneficio de la duda. Y es que en serio que ella no sabía que sus ayudantes evadían al fisco pero esa excusa la dejaba aún peor: ella era la jefa y se supone que los jefes deben saber todo sobre sus empleados, sea bueno o malo.

El arrebato le pasó mientras se lavaba los dientes y aquella mañana de lunes, camino al trabajo, se terminó de convencer: no podía sacrificar a uno de los pocos funcionarios leales que le quedaban. Y menos ahora que el paquetazo tributario que tanto necesita (porque sí lo ocupa) daba señales de vida.

El martes no fue mejor. Los mismos majaderos del periódico repitieron su ejercicio de investigación, solo que con los diputados clave, esos que definirán el rumbo de su paquetazo fiscal. Mierda: otra vez gente de la política con propiedades subvaloradas y, lo peor, un congresista dizque cristiano que se rajó diciendo que pagaría los impuestos que el muy carebarro debía en los "tiempos de Dios". Y saber que ella se había reunido con él, antes de asumir la presidencia, y los fotografiaron juntos. Guácala.

Esa tarde la ya de por sí erosionada imagen pública de la señora se fue de pique. Tras decir que toda aquella evasión era apenas una metida involuntaria de escarpines (a ella misma le dio color rajarse con semejante mentira), las mentadas a su santa madre le llovieron... y sabía que se las había ganado. Inédito en ella, otro arrebato la consumió al enterarse de que los magistrados le daban luz verde al paquetazo de impuestos, tras tramitar en un sospechoso tiempo récord el expediente. Pletórica de emoción se sento frente a su cuenta en Twitter y tecleó: "Se los dije, ¡JÁ! Tome chichí #winning". Con la flechita encima del Send pegó un frenazo en seco... ¿qué estaba haciendo, si ella no es así?. Delete, delete, delete y un mensaje más comedido, en el que, sin embargo, se le resbaló un calificativo horrible para sus opositores (y nada de caritas que les pudo ir peor).

Miércoles. El teléfono timbra desde las 5 a. m. y voces de familia le recuerdan que es su cumpleaños. Bueno, que celebrar el natalicio aleje las nubes negras, piensa. Pero el daño ya está hecho y sus conciudadanos le estropean el día, bombardeándola con "felicitaciones" que incluyen verbos como renunciar, avergonzar y cagar. En la oficina los más sobantes le llevan un regalito y entre todo el personal le cantan. Ella sonríe por cortesía pero al ver el queque (de lustre tricolor) lo único que quiere es aventarlo a la pileta y mandar a todo el mundo para la mierda. Chingo de cumpleaños.

Jueves. La proximidad del viaje a Nueva York la ilusiona. Solo falta un par de días para dejar atrás a esta nación de ingratos, y que nadie la tilde de cobarde, pues el viaje estaba programado hace semanas y que ahora le sirva de huida es una feliz coincidencia. Además, que salvada que la que sigue es Semana Santa y todo el mundo anda pensando ya en sardinas, procesiones, playita y pegarse la mica... las vacaciones es el mejor bálsamo para los malos gobernantes.

Y cuando parecía que todo iba en franca mejoría... ¡la megacagada de la semana! Los diputados de su partido, con el tacto de un felpudo de chapas, destapan un proyecto de ley para modificar la Constitución y garantizarle inmunidad vitalicia a las cabezas de los supremos poderes... Está de más decir que ardió Troya: la gente, que ya estaba a punto de caramelo, estalló en ira y por primera vez en años en las calles se escucharon ideas antes descabelladas en la que, se supone, es la nación más feliz del mundo (yeah, right...).

Cuando las palabras "golpe" y "Estado" empezaron a figurar demasiadas veces juntas en Facebook, la señora mandó a retirar el proyecto de la corriente legislativa, y de nuevo recurrió a Twitter para tratar de desmarcarse de aquel disparate. Lástima, porque en el fondo el proyecto le encantaba (tanto que su ministro de la Presidencia dijo que contaba con la venia de su administración), pues servía como paracaídas y armadura a todos aquellos que la embarren en el cumplimiento de sus funciones públicas. Y nadie mejor que ella para saber que cuando estos cuatro años de mierda se acaben, otros llegarán a pedirle cuentas.

Pero bueno, ni modo... el proyecto de impunidad, eh, perdón, inmunidad solo sirvió para que mucha gente tirara el tapón. ¿Cómo iba el suyo a ser un país feliz cuando sus ciudadanos se refieren a ella como "vieja desgraciada"? ¿Cómo iba ella a ser una presidenta feliz si en su reino los más decentes la califican de inútil?

Viernes. Destruida moral y espiritualmente, la señora se va a una zona rural olvidada, donde inaugura todo tipo de obras, se toma fotos con chiquitos y madres solteras en chancletas que nada saben de pagar impuestos de bienes inmuebles (pues no tienen casa). Ahí todo es sonrisas y, por un segundo, pareciera que lo del país más feliz del mundo no es un cuentazo. La contentera le da para poner en Facebook que "seguiremos trabajando porque creemos en lo que estamos haciendo"... al menos ella sí se lo creyó.

Pero como lo que empieza mal, termina peor, el viernes cerró con una paliza a su gestión, de parte de la cadena de noticias televisiva más grande del mercado hispano, en la que su evasor ministro de Hacienda fue el pato de la fiesta... y ella la piñata.

"Así fue la infeliz semana en el país más feliz del mundo", pensó mientras el dignatario asiático esperaba respuesta. ¿Otro arrebato? ¿Por qué esas ganas repentinas de sentirse firme y honesta" y decirle la verdad a ese señor? ¿Qué pasaría en casa si ella le dijera a su contraparte la verdad, cambiaría la opinión sobre ella en el terruño si admitía que el suyo es hoy un pueblo molesto, al que se le agota la paciencia y cuyo desdeño hacia los políticos alcanzó niveles de escándalo?

Convencida de que solo había una respuesta posible, la señora agarró aire, miró al primer ministro a los ojos y le respondió con toda la honestidad que le cabía en el pecho:

"Claro que la gente en mi país es feliz... gracias a Dios y a la Virgencita".

8 comentarios:

  1. Nada que decir. Brillante opinion. Me fascina. Lo que me indigna es que llega el 2014 y nadie ira a votar....

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  2. Solo faltó sabado y domingo sin agua por la inoperancia institucional que se está comiendo este pais.

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  3. A mí me indigna más pensar que llega el 2014 y la mayoría irá a votar por los mismos que nos tienen en este estado de "felicidad".

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  4. Brillante entrada... voy recomendándola en FB.

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  5. Es la primera vez que leo su blog, pero si no hay más entradas como esta creo debería de hacerlas. "Las DESventuras presidenciales en el País Más Feliz del Mundo."

    Me gustó mucho y ya mismo lo voy a compartir.

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  6. Excelente!!! Qué humor tan fino y lleno de crítica. Así pensamos muchos en este país.

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  7. Muchas gracias a todos por los comentarios. Sakura Ai, queda la invitación a seguise dando la vuelta: por lo general aquí hablo de música y entretenimiento pero este gobierno hace irresistible el que uno también diga algo sobre su trabajo (o falta del mismo).

    Saludos,

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