martes, 24 de mayo de 2011

Bob Dylan cumple 70... ¡A celebrar, carajo!


A veces nos fijamos tanto en la muerte que terminamos olvidando la vida.

Celebramos por todo lo alto los aniversarios de la partida de Presley, Lennon, Morrison, Mercury, Cobain y Marley, lo cual está bien... pero, ¿por qué no darle la misma importancia a los que aún siguen entre nosotros, en calidad de leyendas vivientes?

Hoy Robert Allen Zimmerman, conocido mundialmente como Bob Dylan, llega a los 70 años de vida... ¡de vida! Dylan estuvo ahí antes de todos y estará ahí por mucho tiempo más.

Bob le enseñó a los Beatles a drogarse, influenció por igual Hendryx, los Stones y Guns N' Roses y fue de los primeros en apuntarse cuando de salvar vidas de la hambruna por medio de la música se trataba.

Dylan ha sabido llevar una vida "normal", aún siendo el más grande. Sus escándalos han sido menudencias y su salud es de roble, sin tirárselas nunca de santulón. Nunca se ha quedado callado, llama a las cosas por su nombre y le planta frente al oponente de turno, armado solo con una voz desafinada, una guitarra invencible y unas canciones que parecen escritas por viejos demasiado sabios.

Decía Little Richard que el no haber muerto joven no ayudó a su leyenda, pues las glorias se las han llevado otros con vidas más cortas y de culebrón... y tiene razón. Por eso, hoy prefiero recordar y aplaudir a los vivos, a Fats Domino, Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, Paul McCartney y, en especial, a Bob Dylan, un titán que a los 70 años se mantiene al pie del cañón, haciendo música endemoniada y sin aflojar... su mayor mérito es seguir aquí, entre nosotros, a pesar de todo.

miércoles, 18 de mayo de 2011

¡Corramos, que ahí vienen los playos!


Pajarracos, culeolos, rabanazos, maricas-maricones-mariquitas, yigüirros, torcidos, raros... playos.

Esta semana los homosexuales invadieron Costa Rica. Pareciera que miles de closets se abrieron al mismo tiempo y expulsaron a una población que tiene el descaro de venir a pedirnos a todos los demás (nosotros, los normales) que la dejemos vivir su vida como le viene en gana, reclamando ese eufemismo que ellos (sí, los otros) denominan derechos humanos. Y tras de eso se atreven a tacharnos de intolerantes, de cerrados, de ignorantes y dogmáticos, cuando son ellos los raros, los que se empeñan en ir contra corriente, contra las leyes de la naturaleza y de Dios.

Declararse gay, lesbiana, bisexual, transgénero o intersexual en Costa Rica es cosa de valientes pues, quizás no seremos el país más homofóbico del mundo pero al menos sí el más hipócrita. Nos ufanamos de nuestra tradición democrática, de no tener ejército y de nuestros respeto a los derechos humanos... siempre y cuando todos seamos heterosexuales, católicos, amantes del futbol y comedores de chifrijo.

El lunes dos parejas de hombres llegaron a presentar los papeles que el Estado requiere para aquellas personas que quieren casarse por lo civil. Un trámite ordinario, nada del otro mundo... con la excepción de que, en su caso, se da por un hecho que la solicitud les será denegada, pues en este país es prohibido que dos personas del mismo sexo convivan como familia, amparadas por la misma legislación que estipula los derechos y deberes de las parejas heterosexuales.

La movida me parece no solo muy valiente sino acertadísima. Por años los gays (perdón RAE, pero me niego a escribir gais) han tocado todas las puertas del Estado costarricense, pidiendo "permiso" para validar su estado civil, para poder heredar a sus parejas, compartir seguros médicos o ser admitidos en pareja como sujetos de crédito. Las peticiones eran respetuosas, casi temerosas, a punta de innumerables recursos de amparo que se estrellaron contra un Código de Familia que ninguno de los poderes de la República se atrevió nunca a cuestionar. Por eso, el que por primera vez parejas del mismo sexo pidan autorización para contraer matrimonio civil es un paso en la dirección correcta, pues la negativa que recibirán por respuesta forma el mejor caso para ir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, misma que se ha encargado de reparar otros absurdos de nuestro país, como la prohibición a la fecundación in vitro. Volvemos a la raíz del reclamo: derechos humanos.

Ayer escuché una verdad enorme de parte de uno de los protagonistas del caso. Mientras respondía en un chat cuestionamientos de toda índole, Alberto González resumió todo en una frase: "Nadie nace homofóbico".

Y es que este país tan solidario y "buena gente" prende en cólera cada vez que algún homosexual pide, públicamente, que se le deje gozar de derechos que una mayoría da por descontados. Bastó que Alberto, Lorenzo, Eliécer y Antonio entraran al Juzgado de Familia para que ardiera Troya, los santulones los persigueran Biblia en mano y el peligroso coctel de intolerancia-ignorancia encendiera su mecha en redes sociales y foros web.

Con los ojos cuadrados quedé al leer cientos de comentarios de costarricenses en contra del tema. Y es que está bien no estar de acuerdo con una posición o con quienes la ejercen. Si alguien siente repulsión por un gay pues ni modo, está en su derecho. El problema es lo rápido que pasamos del rechazo al odio e incluso a la violencia. Basta con leer los comentarios a cualquier enlace noticioso colocado en Facebook sobre el tema para espantarse, con frases cargadas de ira y amenazas de erradicar a aquel "playerío" por los medios que sean necesarios. Es el odio por el odio.

En una de esas me enfrasqué en una discusión que rayó en lo absurdo con un antiguo amigo de juventud, un mae que pasó de escuchar Megadeth y The Exploited a ser un católico más conservador que Caballero del Santo Sepulcro. El debate quedó en nada: de mi lado con un espanto absoluto hacia sus argumentos de "amor al pecador pero no al pecado" y de ver la homosexualidad desde una muy conveniente perspectiva biológica y dogmática, en la que los sentimientos y la dignidad del ser humano no son tomados en cuenta. De su parte, estoy seguro que hubo clemencia y perdón hacia mis ideas descabelladas de derechos humanos parejos para todos, que como bien me dijo, sin duda aprendí en la Universidad de Costa Rica. No sé si rezó por mí pero, si tal fue el caso, se lo agradezco, pues mal no me cae.

En sus palabras y en las de muchas otras personas que comparten su pensamiento veo reflejado un miedo enorme, una necesidad de enfrentarse a una amenaza que se viene sobre su estilo de vida y de sus hijos. Yo lo que le dije es que primero nos ocupemos de tanto hijo de puta que sí es un peligro real para nuestros hijos. Si tan solo la mitad de la gente que aporta dinero, tiempo y esfuerzo a "combatir" la homosexualidad se dedicara a perseguir a los maridos abusivos, los líderes espirituales corruptos y los desgraciados que se aprovechan de la gente pobre, tengan por seguro que seríamos un país más sano y feliz.

Pero lo que más me pegó estos días es darme cuenta que no soy el ser tan tolerante que creo ser. Tengo ya algún rato de externar abiertamente mi opinión sobre el tema de las uniones civiles entre personas del mismo sexo y, sin duda, desde mi perspectiva es una posición acertada y congruente con los valores que tengo y que espero transmitirle a mis hijos, en mi hogar. Pero, debajo de esa capa "políticamente correcta", está otra más mundana y grosera.

Y es que los chistes sobre playos siempre me han hecho gracia, me es inevitable ver con algo de morbo a dos hombres besarse, aún considero que la mejor parte de las cintas porno es aquella que involucra lesbianas y todavía me ando con cuidado cuando de abrazar a mis amigos varones se trata. Digo "playo" a cada rato, prefiero usar "playada" a "ratada" o "mala jugada" y no tengo ni idea de cómo voy a reaccionar cuando mi hija de tres años me pregunte por qué esas dos muchachas van de la mano o por qué un chavalo le dijo "mi amor" a otro hombre en el pasillo del supermercado.

¿Qué voy a hacer si alguno de mis hijos me dice al cabo de los años que es gay? Ahorita sin duda diría que lo amaría, lo aceptaría y lo respaldaría pero una cosa es verla venir y otra bailar con ella. Nada en el manual del padre de familia prepara para lidiar con una verdad así... al menos no todavía.

En mi niñez ver a un hombre con aretes era un shock cultural (el primero que vi así, por cierto, fue George Michael). Cuando fui creciendo aquel que se pusiera argollas en las orejas y se dejara el pelo largo tenía que convertirse en pirata de siete mares con tal de ser aceptado, pues en caso contrario era un playazo arrabanado al que le gusta que le tiren el jabón al suelo. De aquel entonces a hoy siento que sí hemos avanzado, pues por algo la población gay es más visible... y no se queda callada.

Hoy tengo muchos amigos gay, la mayoría presentes hace mucho en mi vida y cuya obsesión con Madonna y Lady Gaga debería ser sujeto de estudio. A uno de ellos, cuando me contó –tras años de conocernos– de su orientación sexual, lo unico que acaté a decirle fue "Diay mae, contame algo nuevo". Otro sí me tomó totalmente por sorpresa pues nunca sospeché que un chavalo tan geek, birrero, roquero y que se reía de los pedos pudieran no sentirse atraído por las mujeres. Sí, un estereotipo estúpido pero arraigado.

A todos ellos les digo que nunca he querido ser ofensivo cuando digo "playo", aunque sé que lo fui. Y sinceramente espero que alguna vez los dejemos ser ciudadanos iguales a todos, que alguna vez logremos destrabar un país hecho a imagen y semejanza de los heterosexuales y que los santulones mojigatos los dejen vivir en paz... y todos los demás también.

viernes, 13 de mayo de 2011

¿Podrá Ashton Kutcher salvar a Two and a Half Men? Yo creo que sí


Me como mis palabras.

En marzo escribí en la Teleguía sobre la autodestrucción de Charlie Sheen y como el actor, en su estupidez, se había llevado entre las patas a Two and a Half Men. También dije que sin Charlie no podía seguir la serie y que era un disparate pensar en alguien que llenara sus zapatos.

Hoy me como mis palabras.

Los productores del programa anunciaron hoy que Ashton Kutcher llega a reemplazar al errático Sheen al frente de la serie de comedia más popular de Estados Unidos. Con un presunto salario de un millón de dólares por capítulo, Kutcher interpretará a un nuevo personaje, cuya inclusión en la trama promete ser tan interesante como la explicación de qué diantres pasó con Charlie Harper. Ese capítulo marcará récords de audiencia.

Por meses se habló de distintos actores que podrían ocupar el puesto de Sheen y todos me parecieron pésimos prospectos. Pero no Kutcher.

Mucha gente le tiene mala espina al chiquillo de Demi Moore por una trayectoria cinematográfica no muy interesante, plagada de comedias románticas y cintas tontonecas. Pero Kutcher es un excelente actor cómico, como bien lo demostró en That 70s Show. Empezó en la tele y la tele le sienta bien.

A lo anterior sumémosle que es una de las personalidades con mayor arrastre en redes sociales, siendo el primer usuario en la historia de Twitter en pasar el millón de seguidores y hoy tiene más de 6 millones de personas al pediente suyo en esa plataforma. Y, al contrario de Sheen, Kutcher tiene una vida pública carente de escándalos y pataletas, algo que le urge a una serie que fue saboteada semana tras semana por las injustificadas ausencias de Sheen.

Me gusta la perspectiva de Kutcher haciendo dupla con Jon Cryer. Y si su llegada logra reinventar a Two and a Half Men, estaremos ante una de las más sonadas victorias en la historia de la televisión.

Además, si la movida no funciona y la serie se va de pico, estoy seguro que Charlie saltará al rescate... nada que dos millones de dólares por semana no arreglen.

Sin embargo, parece que la noticia no tiene a todo el mundo feliz. Que lo diga Hitler, a quien se lo llevó puta.


lunes, 9 de mayo de 2011

La mejor canción para agarrarse a pichazos


Sí, título corriente, vulgar, sin clase. Pero ni modo: una cosa es darse de golpes y, otra, muy diferente, es agarrarse a pichazos.

Yo siempre he promovido la resolución pacífica de los conflictos que me han involucrado, no tanto por apego a ideales no bélicos, sino porque soy un inútil cuando de defenderme con los puños se trata, lo que irremediablemente me hace llevar las de perder. A la hora de los pichazos, soy un cagado.

En el cole solo una vez estuve involucrado en un pleito, el cual, obviamente, fue a favor del otro. He de hacer la salvedad, en mi defensa, de que el ataque fue sorpresivo y a traición, de parte de un vecino que se inventó un rollo mental en el que yo era el villano y del que no me enteré hasta que llegué a darle la mano y el muy cabrón me respondió con un manazo a la sien, el cual me dejó groggy y pidiendo el número de matrícula.

Años más tarde, como parte de un torneo scout, mi grupo, el de Curridabat, se vio envuelto en una pelea de proporciones épicas con nuestros similares de Paso Ancho. Fue en el gimnasio del Colegio de Agrónomos y yo me interné en el mar de manazos y patadas para tratar de poner orden. En esas estaba cuando un gamberro se lanzó al mejor estilo Dragon Ball contra uno de mis amigos, con tan mala puntería que la víctima de su ataque se lo capeó, cayendo aquel desgraciado a mis pies. Y sí, me dejé llevar por la adrenalina y le pegué un par de puntapiés en la espalda. Pero igual, mis "méritos" como peleador son tan pobres como los del Chapulín Colorado.

El sábado pasado saqué el rato para ver la muy promocionada pelea entre Manny Pacquiao y Sugar Shane Mosley. No soy especialmente aficionado del boxeo pero sí tenía muchas ganas de ver qué era la bulla alrededor del filipino Pacquiao, quien a decir verdad no me pareció nada del otro mundo.

Mosley llevaba el cartel de "perdedor" colgado del cuello. Llegaba con 39 años a enfrentarse al mejor peleador del planeta en su categoría, con atestados gloriosos pero añejos, y solo buscando la última gran bolsa de su carrera como pugilista. Y sí, Mosley fue presa fácil para el Pac-Man (que como bien me dijo alguien, parece clon de Marito Mortadela) pero, al menos en su entrada al ring, fue el veterano estadounidense el que ganó por K.O.



Mientras que Pacquiao escogió para su intro la quemadísima Eye of the Tiger, de Survivor –interpretada por un Jimi Jamison trasnochado y endeble–, Mosley se hizo acompañar por su gran amigo LL Cool J, quien lo precedió hasta el cuadrilátero cantando su pieza más grande, la más potente, la más agresiva, la única que quiero de fondo el día que en serio tenga que agarrarme a pichazos, sabiendo de antemano que tengo posibilidades matemáticas de ganar (o al menos de conservar mis dientes).

Mama Said Knock You Out es la mejor canción de LL Cool J. Es un himno rabioso, pendenciero, que no se anda por las ramas y que en cada línea promete una paliza segura. Por eso es que estamos ante un clásico universal del hip-hop, admirado y replicado por varias generaciones, al punto que hasta Bob Dylan –pacifista por vocación– la puede recitar de memoria.

LL Cool J acumula ya 30 años de música sólida, siendo uno de los MC más geniales de la historia. Y esto lo ha redondeado con una impecable carrera cinematográfica y televisiva, manteniéndose hoy más vigente que nunca.

Por eso, si un día me retan a los cañazos, ténganme paciencia, pues primero tengo que ir a buscar mi vieja grabadora de casetera y reventar los parlantes con LL Cool J en mi esquina, conveciéndome de que soy un ganador, un tipo terrible e invencible que bien podría partirle la cara a Galactus, el devorador de galaxias. Claro, razón tendrán en dudar que que tanto mate se traduzca en un despliegue de maestría de parte de mis puños y a la hora de los catos es probable que emule el ¿estilo? atolondrado de Melisenda Pérez. Pero de que habrá buena música de fondo, eso no se discute.

1+1 hacemos un montón...


En diciembre del 2009, Miguel Solari y Andrés Jiménez, de la banda La Escafandra, tocaron en el programa de conciertos virtuales La Hora del Chivo, que en aquel entonces hacíamos en Vueltaenu.co.cr. Y al final de la presentación se dio la magia.

Solari escogió para cerrar el chivo una pieza que no venía en el primer disco de La Escafandra, inédita para mis oídos hasta ese momento. El título era 1+1. No se me olvida como al acabar la canción, todos los que estábamos en el estudio nos quedamos en silencio, sobrecogidos, sin tener muy claro como reaccionar: nos había pegado una revolcada emocional bárbara.

Hoy, 1+1 (pueden bajarla aquí) ya es de dominio popular y tiene todo para convertirse en la canción nacional del año. Su mensaje es positivismo puro, con una letra que inspira y llama a la acción pero sin caer en cursilerías ni discursos de té de canastilla. En un país lleno de piezas de corte "teletón", que apelan a un mensaje constructivo por medio de lugares comunes y sentimentalismo de paquete, 1+1 es una rareza, una sorpresa, un tema que invita a sentirse bien y que demuestra que, quizás, sí es cierto que juntos todo es posible.

Hace unos días la agrupación estrenó el muy acertado videoclip para el sencillo, dirigido por Pedro Rey, el mismo realizador detrás de los bien logrados audiovisuales de Ale Fdz. Ahora queda la esperanza de que quienes controlan la música que se difunde en nuestras televisoras y radioemisoras se dejen de excusas y programen esta buena canción hasta el cansancio, hasta que la gente se la sepa de memoria. Señor programador, si usted escucha esta pieza y no se siente movido en lo más mínimo, es muy probable que sea  un mentecato sin remedio.

martes, 3 de mayo de 2011

Directorio de oposición: porque juntos (con Rodri) todo es posible


Pasamos una semana de esas en las que los periodistas nos relamemos los bigotes, con tantos temas fuertes y explosivos que armar una portada es peor que completar un cubo Rubik.

El extraviado Ministro de Seguridad al fin dio el paso lógico hacia el lado, tras un año de autozancadillas producto de declaraciones torpes que casi de inmediato lo hacían retractarse (y aún así, su jefa lo premió con una embajada); el orbe entero presenció el tercer round del duelo Real Madrid-Barcelona, con Messi haciendo loco y Mourinho retratándose como el imbécil mejor pagado del mundo; vivimos el final del dilatado juicio ICE-Alcatel, con un desenlace de condenas que no terminamos de entender si fue "bueno" o "malo"; vimos a dos muchachitos ingleses casarse en un ritual que, por más antimonárquicos que nos declaremos, igual no pudimos ignorar; la iglesia católica apostólica romana le aplicó la beatificación express al papa polaco, el mismo que siempre se hizo de la vista gorda con los curas pedófilos y que le dijo a un África reventado por el sida que la salvación no está dentro de una caja de condones; la iglesia apostólica católica romana oficial costarricense hizo una extravaganza en el Estadio Nacional a propósito de la mencionada beatificación, dilapidando en el acto ¢100 millones que luego, con la mayor desfachatez, pretendió recuperar con las ofrendas de los feligreses (¿por qué los obispos no echaron mano de tanta plata producto de intermediación financiera ilegal por parte de la Conferencia Episcopal?); un corajudo equipo de San Carlos abofeteó a un Saprissa tontoneco y falto de vitaminas, y Estados Unidos al fin pudo darle caza al terrorista más buscado, asegurándose con la muerte del enemigo público número 1 que Obama vuelva a ser el héroe de cómic que nos vendieron y en el que tanto confiamos.

Pero, para nuestros efectos, fue la elección del directorio legislativo, que por primera vez desde que tengo memoria empezó el 1° de mayo y terminó al día siguiente, la que más dio de qué hablar. Y cómo no hacerlo cuando vimos escenas de espanto en el plenario, gritos, berrinches, diputados citando a Serrat como si con eso se les quitara el tufo a pegabanderas... en otras palabras, un día normal en el primer poder de la República.

Hoy la Asamblea tiene al frente a un politólogo de 35 años. Se me hace rarísimo que un chavalo solo un año mayor que yo presida el directorio, pues desde que estaba en la escuela asocio ese puesto con diputados rechinados, de esos que uno no saben qué eran antes de convertirse en políticos de profesión y que alternan sus períodos en Cuesta de Moras con cargos en el gobierno de turno. Por eso, Juan Carlos Mendoza es un caso más que atípico, que por ahora genera más preguntas que certezas.

Siempre hemos pedido que haya más gente joven en las esferas de poder. OK, en la Asamblea Legislativa ya se dio, por lo que ahora el tema es ver qué se hará con él. Otros diputados jóvenes como Andrea Morales y Fernando Sánchez han resultado más tradicionales y dogmáticos que legisladores ya viejos, por lo que ahora el peso de ser congruente entre su juventud y su responsabilidad recae en Mendoza (y en José María Villalta, diputado chispa e inquieto que llegó para hacerse oír... y de qué manera).

Para que Mendoza presida hoy el Congreso debieron darse muchas situaciones que todos creíamos imposibles un año atrás, cuando el PLN llegó montado gracias a la complicidad de los libertarios y los dos apéndices panderetas del oficialismo.  Y el cambio en el tablero político de ese entonces a hoy se lo podemos agradecer a Rodrigo Arias.

El hermano menor no solo fracturó a lo interno a la bancada liberacionista –gracias a los 11 diputados pericos que le juraron amor eterno–  sino que logró lo impensable: provocar que las demás fuerzas políticas se pusieran de acuerdo. Al hacerle la vida de palitos a la Presidenta y contradecir su poder político en la Asamblea, el hermano menor ganó detractores en todos los frentes y cuando se destapó el escándalo por el triángulo "telefónico" entre él, el ministro de Seguridad (bueno para las tortas, como dije al inicio) y un fiscal general que no se había ni instalado en el puesto, todos los partidos de oposición le plantaron cara y obligaron a que se investigaran los telefonazos, a pesar de los desesperados esfuerzos del fanclub Rodri 2014 para que eso no sucediera.

Así lo veo yo: sin los telefonazos, el picadillo de fracciones de oposición difícilmente hubiera caído en cuenta de que podía jalar parejo en algo y, mejor aún, que podía ganar.

Desde entonces ha sido cada vez más fácil que aquella ensalada de ideologías se entienda y llegara a actuar como un solo cuerpo, aunque de ahí a que se comporte como una amalgama con posibilidades verdaderas de ganar una elección presidencial aún falta mucho. Todavía queda mucho por ver de la letra pequeña del acuerdo que logró derrotar al PLN, y es evidente que cada grupo involucrado pedirá algo a cambio a sus nuevos aliados (¿soy el único que se asustó al ver a la esposa de Jr. en el directorio?) pero a la alianza no la podemos juzgar sino a partir de hoy, cuando ya pasa del proyecto a la realidad.

Sí, suena casi de risa pensar en que los partidos de Ottón Solís y José Merino estén hoy metidos en los mismos zapatos que las agrupaciones de Otto Guevara, Oscar López y Jr. Y, peor aún,  que fuera el hermano menor quien propiciara aquel collage de ideologías.

Nadie sabe para quién trabaja.

Foto tomada del álbum en Picasa del despacho del diputado Mendoza García.