viernes, 9 de diciembre de 2011

La presidenta de las mayorías


La señora presidenta lo dejó bien claro: la suya no es una administración gay friendly.

Ni siquiera en la tierra del sol naciente, Laura Chinchilla ha logrado que el tema gay la deje en paz. Hasta allá la fueron a importurnar, para enterarla que 25 diputados –incluidos 8 de su partido– le reclaman el envío, al plenario legislativo, del proyecto de sociedades de convivencia que, en caso de aprobarse, garantizaría derechos a las parejas homosexuales, derechos que al día de hoy la ley solo permite ejercer a las parejas heterosexuales... porque así (se supone) lo manda Dios.

No estuve allá para verla, pero dudo que la presidenta luciera muy feliz al tener, una vez más, que relativizar la importancia del tema, uno que evidentemente no es de su preferencia.  Según le dijo al periodista Esteban Oviedo, de La Nación, ahora que el Ejecutivo tiene el control de la agenda de la Asamblea Legislativa –y así seguirá hasta que termine el período de extraordinarias, en abril– sus prioridades están "más que claras": seguridad y el paquete fiscal.

Ok, vamos por partes: venir a decir a estas alturas que la seguridad es su prioridad suena a muletilla, pues así se ha ido en casi dos años de gobierno sin que a la fecha tengamos avances visibles en la materia. Y en cuanto al plan de impuestos (porque eso es y no ninguna "solidaridad tributaria"), lo que queda del proyecto original es un mamotrete de poca vigencia y que, aún así, sigue juntando actores sociales en su contra.

Sin embargo, de lo dicho por la gobernante, lo que más me asusta es que ambas prioridades (sus prioridades) "son de especial urgencia para el 100% de la población". ¿Es que acaso tener un país más tolerante y justo para con una minoría no es también una urgencia para el 100% de la población?

Al menos para mí lo es. Y ese el país en el que quiero que crezcan mis hijas.

Ojalá los valores personales de la presidenta no tengan que ver con esto. Ojalá su mentada cercanía con los jerarcas de la iglesia católica costarricense no tenga que ver con esto. Ojalá el que a la fecha se abstenga de emitrir un criterio sobre el tema de las uniones civiles entre personas del mismo sexo no tenga que ver con esto. Ojalá ella no asuma que se trata de un tema que solo le importa a una minoría, y no "al 100% de la población".

¿Pero, entonces qué?

La administración Chinchilla está pasando a la historia –por el momento– en virtud de su intrascendecia. Y dado que no se vislumbra ningún milagrito en infraestructura, índices de violencia o mejora en la gestión estatal, se me antoja pensar que este gobierno bien podría tener al menos un hito, algo digno de ser parte del programa de estudios sociales de secundaria.

¿Mejorar las condiciones de vida de decenas de miles de costarricenses no se le antoja como algo para entrar en la historia, doña Laura? ¿Quién mejor que usted para hacer un llamado a la cordura, para mandar a callar las arengas cargadas de ignorancia y dogma de los diputados cristianos –aliados suyos?

Vamos doña Laura, adelante, déjese de varas, que la tolerancia es un signo de inteligencia.

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