miércoles, 23 de noviembre de 2011

Estatuas y tributos a los Beatles: más fácil que pegarle a un borracho



¿Quiere quedar bien con sus amigos y enemigos, recibir aplausos, ser proclamado visionario, descubrir el agua tibia y dar cátedra de buen gusto? Nada que no se consiga With a Little Help from my Friends.

Los Beatles son la pomada canaria de la cultura costarricense del año que cierra. En el 2011 redescubrimos a John, Paul y a los otros dos maes (porque, admitámoslo, nadie pide estatuas para George y Ringo) y nos embarcamos en un ride liverpoolesco, auspiciado por los Araya: Marvin y Johnny.

El primero, por medio de su Orquesta Filarmónica, llenó hasta el techo el Melico en sus tributos musicales a los Beatles, todos muy aplaudidos por periodistas y espectadores. En cuanto al segundo, el mandamás josefino, su aporte se dio hace muy poco, cuando anunció con gran solemnidad que el ayuntamiento capitalino invirtió ¢7 millones en una escultura de Lennon, la cual sentará en una banca... viendo la vida pasar.

Y sí, los Beatles son geniales, sin duda la banda más importante e influyente de la música moderna, y su obra nos es ineludible, aún para aquellos que siempre se empeñan en llevar la contraria, a lo que sea, como sea. Es decir, colgarse de ellos es, sin duda, una jugada segura, el recurso más fácil.

En el caso de la escultura, copia de una igual que adorna desde hace rato La Habana, sus motivos me intrigan. Primero, ¿por qué Lennon y no Ringo, por ejemplo? Los Beatles fueron grandes por los aportes de los cuatro y sus seguidores de verdad –no los de pose– saben que en la banda no hubiera sido lo que fue sin, por ejemplo, Harrison. ¿Porque lo mataron y era un activista de la paz? Si tal es el caso, antes de él en la lista de monumentos pendientes están muchos otros líderes que murieron a causa de sus incómodas ideas.

La estatua como tal no me molesta, en el caso de que no fuera pagada con dineros públicos. Más interesante y meritorio sería que esas multitudes que salieron tan maravilladas de las veladas Beatle de la Filarmónica se organizaran, hicieran rifas y bingos, y financien la obra. Fans a Johnn le sobran como para que el alcalde Araya involucre la plata de los contribuyentes.

Pero bueno, digamos que don Johnny no puede imaginarse San José sin la estampa de un cantautor de bronce en una banca, listo para la foto con el turista de turno. Si tal es el caso, entonces, ¿tan difícil era pensar en alguien de acá?

Figuras musicales de peso, con sobrados méritos, nos sobran para que el municipio josefino les dedique ¢7 millones y los inmortalice en metal. Y antes de que alguien se deje llevar por el impulso y sugiera a Fidel Gamboa –artista a quien respeto mucho– pensemos primero en otros grandes maestros que sin duda se merecen esa banca mucho más que un Lennon que en vida no tuvo contacto alguno con Costa Rica. Qué diferente sería todo si, desde el inicio, el alcalde hubiese dicho que esa estatua sería para Ray Tico, Jose Capmany, Walter Ferguson o Lencho Salazar.

Sin embargo, tomarse la foto al lado de un Beatle es demasiado tentador. Que lo diga la Filarmónica.

La orquesta de Marvin Araya se ha especializado, con mucho éxito, en espectáculos que mezclan lo sinfónico con la nostalgia popular. El resultado ha sido un repertorio de radio de música plancha enriquecido por arreglos orquestales, que le han dado un aire más solemne y atractivo a canciones "de siempre", del circuito oldies. Manzanero, Dyango, Vía Libre, Abracadabra, la Santanera, Gaviota... la propuesta ha sido irresistible para la audiencia ya madura.

En el 2011 la Filarmónica se atrevió a más, saliendo de la zona segura que es la música en español de antaño para montar espectáculos en inglés. Y qué mejor manera de hacerlo que echando mano a un repertorio tan universal como el de los Beatles. Los llenazos fueron instantáneos y abrieron la puerta para que la orquesta ahora anuncie más tributos, a Elvis, Carpenters, ABBA.

Cuidado pierde.

Tocar obras de los Beatles no tiene nada de malo y aplaudo el que más personas se expongan a ellos, por los medios que sean. Sin embargo, se trata, al final de cuentas, de otro chivo de covers, con más tupé pero en esencia lo mismo que se hace todas las noches en bares del país.

Y no: tocar covers no es un mérito. Quizá una taquilla más segura pero no un mérito.

Por mí que la Filarmónica siga covereando, que ya bastante especializada está en eso. Lo que me preocupa es que –con los Beatles agarrados de la mano– se crea que eso es lo mejor o lo más significativo que le pasó a la música en Costa Rica este año. Porque no lo es.

Tengo amigos músicos que, cuando quieren, se rajan con un cover que les sale de las entrañas, en tributo verdadero a aquellos artistas de los que se nutren. Y esa admiración se siente, el público la capta con toda su brutalidad. Recuerdo, en cambio, la molestia que me causaban, años atrás, grupos que anunciaban una semana un tributo a La Ley, a la siguiente uno a Bob Marley, luego a Nirvana y cerraban el mes con un "homenaje" a Juanes. Tributos de temporada, se llama la figura.

Podrán decir que soy un malpensado... pero yo no soy el único.

2 comentarios:

  1. respeto mucho su opinión y estoy de acuerdo con muchas cosas que dijo, pero la voló con algo.
    criticar a la filarmónica por tocar "covers" no tiene sentido. porque si así fuera entonces que tampoco toquen bach, ni beethoven, ni rachmaninov, ni nada. porque nada de eso lo hicieron ellos; la música ya estaba escrita. en el caso de los beatles, si tuvieron que hacer sus propios arreglos de las piezas, pues es una breteada rajada y más valiosa que tocar un cover tal y como lo dice la tablatura de internet.
    eso sí, de que es una movida muy comercial para hacer un platal, pues no hay quite. y de que hay alguien empatinado con los beatles, tampoco.

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  2. Hola Vic: Yo soy una fan del grupo y de Lennon y ciertamente me parece un poco absurda la decisión de poner una estatua de Lennon en Chepe. Coincido con vos en que hubiera sido más provechoso que ese dinero se destinara para realzar la obra de algo más nuestro, pero bueno... Así son las cabezas de los líderes del sector público.

    Saludos,
    Katmarce

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