martes, 16 de agosto de 2011

Y nos llevó puta


Nelson Hoffman estaba en un predicamento: el título de la canción simplemente no podía ser dicho en español.

El vitalicio conductor de Hola Juventud tenía la maña de traducir al castellano todos los títulos de las piezas que ponía al aire... hasta que Meredith Brooks le puso, en 1997, la zancadilla. Si bien Meredith gritaba a los cuatro vientos que ella era una bitch, don Nelson no podía ser cómplice de aquella vulgaridad. Por eso, imposibilitado genéticamente para decir "puta" ante la cámara, Hoffman echó mano al ingenio.

Así, para los televidentes de Canal 4, la canción de Meredith no se llamaba Puta pues, según la creativa mente de Nelson, su título correcto en español era Mujeres. ¿Entonces, puta y mujer son sinónimos?

La "anécdota" volvió a acosarme estos días, después de ver que ya no nos da miedo usar la palabra "puta", ya sea en el título de abrir el periódico o bien en un cartel para exhibir en medio San José. Al menos en ese sentido, en lingüístico, parece que ya no somos tan pendejos.

La Marcha de las Putas ha sido uno de los golpes más certeros que ha recibido la iglesia católica costarricense en tiempo recientes. Vale aclarar que se trata de un golpe externo, pues la institución tiene años de autosabotearse a punta de curas prófugos, intermediación  financiera ilegal y acusaciones de pedofilia, por mencionar solo algunos de sus pecados recientes.

Pero lo que se dio el domingo pasado en las puertas de la Catedral Metropolitana fue un desplante severo, bien articulado y que demuestra que quienes se oponen a la jerarquía católica son muchos, muchos más que los simples cuatro gatos que solo dicen ver los obispos.

El mérito ideológico detrás de la Marcha de las Putas hay que dárselo a quien corresponde. El obispo José Francisco Ulloa fue el que agitó las aguas, el que propició la movilización de varios colectivos de mujeres, tras lucirse a inicios de mes con una prédica en que pidió a las mujeres vestir más recatadas. Si alguien se escandalizó por ver pezones en la puerta de la catedral, ya saben a quien deben agradecérselo.

Y es que si bien la marcha también alzó su voz contra el machismo y la violencia de género, fue la iglesia católica la gran aludida, la más mentada, la villana de la película. En un Parque Central empaquetado de gente (jetón el que trate de bajarle la importancia a la afluencia de manifestantes), se lanzaron consignas incendiarias (literalmente) contra la iglesia católica y sus jefaturas.

Y aquí quiero hacer un paréntesis pues, por más ingeniosas que me parecieran las consignas y pancartas, tampoco aplaudo el llamado a la violencia como mecanismo para, irónicamente, acabar con la violencia. Gritar que se van a quemar los templos, aunque sea en sentido figurado, no ayuda en nada a una causa que me parece necesaria y de aplauso. Yo tampoco siento respeto por la Conferencia Episcopal de este país pero no creo que por eso deba gritar que la quiero ver envuelta en llamas, pues con frases así se le da precisamente a los clérigos una excusa para ponerse en una posición de víctimas que no se merecen.

Creo que esta lucha tiene que seguirse dando pero enfocándola correctamente: el problema aquí son los obispos que emiten mensajes anacrónicos y pretenden continuar inmiscuidos en los asuntos del Estado, no las señoras que van a misa. Igualmente, insultar la figura de la Virgen de Los Ángeles me parece tan innecesario como estúpido, pues cómo pedir respeto cuando se irrespeta algo que es TAN importante para TANTAS personas en este país. Ya esto le abrió la puerta a ese titán de la oratoria que es el obispo Ulloa para dejar como herejes a los participantes de la marcha. Y, nos guste o no, los herejes no son las personas más populares en un país tan cerrado como el nuestro.

Pero, aún así, el saldo de la Marcha de las Putas me parece más que positivo. Ha sido el llamado al Estado Laico más explosivo que se ha hecho y sus repercusiones sigue aún hoy, dos días después, lo que habla muy bien de que la movilización sí se sintió en todos los sectores.

Ahora, ¿qué sigue? ¿más marchas de este tipo? Puede ser, aunque también hay que enfocarse en objetivos más específicos, como llevar de nuevo, y con mejores armas, el tema del estado laico a la corriente legislativa. El domingo, al menos que yo me diera cuenta, ningún diputado se hizo presente en la marcha (ni siquiera #peladavillalta) lo cual no es una buena señal desde el plano político.

Me encantaría que este mismo músculo que se lució en el parque, ahora se aplique sobre Zapote. La presidenta Chinchilla es una figura demasiado cercana a los obispos católicos y ya en otras ocasiones se ha mostrado esquiva cuando de tomar posiciones se trata sobre temas que molestan a la iglesia (fertilización en vitro, uniones civiles entre personas del mismo sexo...). A la mandataria hay que presionarla más y mejor hasta llevarla al punto en que el tema del estado laico se le vuelva ineludible y tenga que manifestarse, no importa si a favor o en contra pero que diga algo, lo que sea. Laura Chinchilla no se come la bronca, no busca culpables pero tanta conciliación emite una señal poco firme de alguien que, precisamente, se vendió al electorado como bien plantada.

¿Una marcha de las putas frente a Casa Presidencial? Me suena, me suena.

Mientras tanto, acá les queda, especialmente dedicada a Nelson Hoffman.



Foto: Juan Pablo Carranza.

7 comentarios:

  1. en relidad la traduccion literal de la palabra bitch es perra

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  2. Buen blog! toda la razon. Don Victor me gusta mucho como escribe ud, yo tengo un blog y escribi de algo parecido por si se da la vuelta, (viera el monton de comentarios religosos que me dejaron jaaj)

    http://www.alchicle.com/


    pura vida

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  3. Legislativamente, podríamos empezar con algo que siempre me ha molestado: la educación "religiosa" en las escuelas y colegios. Y que no salgan con que es opcional -- que se elimine totalmente o se reemplace con un curso de ética, que sería más provechoso y que Dios sabe cuánta falta nos hace en el país...

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  4. Puta, Víctor, qué bueno le salió este artículo; dicen que lo van poner de lectura obligatoria en el Opus Dei y que cambiarán el libro del "santo" Escrivá por este blog. Puta, carajo, aunque no soy tan optimista sobre el debilitamiento del poder de la Iglesia Católica Institucional. Por la grande puta, ya quisiera que fuera cierto.

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