miércoles, 20 de julio de 2011

De la portada de La Extra líbrame Señor...



Con dos hijas (una aún no nacida) esperando tener a su papá un buen rato, lo menos que me pasa por la cabeza hoy es morirme. Sin embargo, en caso de que el destino me tenga reparado en algún momento (ojalá bien lejano) un desenlace de dimensiones trágicas, le pido un último favor a aquellos que me estiman: no compren el Diario Extra del día siguiente.

Nadie sueña con una muerte trágica pero eso no nos hace inmunes a ella. Y sí, lo admito: no quiero que mi familia pase por el trance de verme en un estado lamentable, indefenso y acompañado de un texto patético. No, no quiero que mi familia tenga que pasar por lo que pasaron los seres queridos de Juan Pablo.

A Juan Pablo lo mataron esta semana dentro de un aula de su colegio. No tuvo tiempo de nada. Al día siguiente, su cuerpo ocupaba la portada de Extra. Adjunto, un texto que advierte sobre el peligro de las redes sociales, fingiendo un contrapeso entre la salvajada de la imagen y el mensaje "social" que el medio expone como justificación de la historia.

Sus amigos hablaron de los muchos sueños de Juan Pablo... y entre ellos nunca estuvo ser portada de Diario Extra. Y estoy seguro que ese tampoco fue el sueño de Dennis Marshall pero los muertos no son dueños de su imagen... y menos si su fallecimiento es sinónimo de mucha tinta roja.

El gore vende, eso nadie lo duda, y siempre habrá gente que pague por ver cadáveres, sesos, tripas y charcos de sangre. Y en Costa Rica, Diario Extra está solo (literalmente) en el negocio de capitalizar la muerte de otros, sin importar si se trata de queridos futbolistas, niños atrapados por un derrumbe, sicarios ajusticiados o víctimas de accidentes de tránsito que no supieron qué les pasó. Entre más chocante sea la imagen, más periódicos se venderán al día siguiente.

La indignación ante esta carnicería de papel es lógica, esperable. No conozco colegas que trabajen en otros medios de comunicación que no se hayan manifestado en contra de esta línea editorial, que no la critiquen, ya fuera en mesas de tragos, en voz baja, o bien diciendo las cosas duro, en redes sociales u otros espacios públicos.

Y ya... de ahí no se pasa ni se pasará.

Tras la publicación de la foto de Dennis Marshall y su esposa muertos en la tapa de Extra, el clamor popular fue tan sonoro que los entes relacionados con el ejercicio periodístico se unieron a las voces que le piden a Extra un ejercio más ético (al menos eso entendí yo). Tanto el Instituto de Prensa y Libertad de Expresión (IPLEX) como el Colegio de Periodistas de Costa Rica se refirieron al asunto y si bien no condenaron directamente la acción, sí insistieron en que situaciones de este tipo deben evitarse a toda costa. El Tribunal de Ética del Colper fue más allá y emitió un pronunciamiento fuerte, lo cual me pareció un acierto. Sin embargo, días después el Colegio reforzó al imagen timorata que muchos colegiados manejamos de él al hacer que los integrantes del tribunal se disculparan públicamente, dándole así, en el fondo, la razón a Diario Extra, medio que justificó el uso del cadáver de los Marshall en aras de la libertad de expresión y el interés público, incluso poniendo al padre del futbolista a decir que el periódico no había hecho nada malo (se ocupa sangre de chancho para pedir algo así).

En estos momentos, cuando más se le necesita, el Colegio de Periodistas se refleja como lo que es: un dibujo en la pared. Estamos claros en que el ente no tiene mayor capacidad legal para emitir sanciones a medios de comunicación o sus resposables pero siempre entendí que sí puede llamar a cuentas a los comunicadores que están colegiados. Y adivinen quiénes sí están bien colegiados, y con sus cuotas al día. ¿Entonces?

Juan Pablo no tuvo tanta gente defendiéndolo. Su cadáver tapizó los puestos del pregón de todo el país pero no hubo grupos en Facebook cuidando su recuerdo, ningún organismo periodístico emitió comunicados a propósito de su caso... la vida no se detuvo por él, al igual que tampoco lo hizo por la indigente cuyo cuerpo fue portada de La Extra justo un día antes.

Nuestra indignación es proporcional al pedigrí del muerto.

En el caso del colegial asesinado en Orotina, otras dudas quedan en el aire. ¿Cómo un fotógrafo logró ingresar a un colegio (lleno de menores de edad cuya imagen es protegida legalmente)?, ¿cómo nadie se dignó a tapar el cuerpo del muchacho previo a que la prensa lo fotografiara?, ¿cómo ese fotógrafo se metió en un aula que fue escena del crimen y que, para ese entonces, se esperaría estuviera custodiada por policías? No sé si he visto demasiados programas de detectives pero siempre he entendido que la prensa debe quedarse detrás de la línea amarilla, más en crímenes de una naturaleza tan violenta.

Ese día, alguien que me es muy querido me enseñó el periódico y me dijo que aquello era una barbaridad. Para mí la sorpresa no es que Extra ponga cadáveres en su portada, sino que profesionales a los que tengo en gran estima lo compren. Ahí mismo le dije que cómo criticaba la portada si igual pagó por ella.

No creo en boicots a medios y mucho menos en pedir censura previa o control de contenidos. Y sí, la defensa de la libertad de expresión permite este tipo de abusos, que, por horrendos que sean, no justifican el sacrificio de un bien mayor. Sin embargo, si esperaría que alguien (¿el Colper, según este iluso?) se ponga los pantalones y pegue el grito, pues entre más sangre y craneos partidos pongamos en las portadas, menos sensibilidad nos queda como país. No podemos, no debemos acostumbrarnos a ver el gore como algo normal, como algo inevitable, porque no lo es.

Si un periodista cree que el valor de la noticia radica en publicar el rostro desfigurado de una persona, eso es un reflejo de sus valores como ser humano. Y todos los que trabajamos en un medio de comunicación comulgamos, en gran medida, con la línea editorial de nuestro empleador. Despegarse de esa máxima es ser, en dos platos, un hipócrita.

Lo que pido es ser consecuentes: si nos decimos indignados por el desprecio al sufrimiento ajeno, entonces demostrémoslo, por los medios que tengamos a mano. Y si le faltan argumentos, este sencillo ejercicio puede ayudarle: póngase en los zapatos de Juan Pablo, de Dennis o de la indigente. Ninguno de ellos soñó con ser portada... ¿y usted?

Si esta hablada le parece demasiado aburrida, entonces mejor quédese con José con Zeta, quien de nuevo le pone el cascabel al gato:

3 comentarios:

  1. lo triste es el circulo vicioso, que crea el mal gusto de la extra, que la gente paga por ver y que a la vez se va convirtiendo en algo "normal" para los demas.
    Otra cosa que me da risa es como tienen de estar saliendo ese tipo de fotos por años y hasta que tocaron al futbol, la gran mayoria se ve afectada. solo mi opinion, saludos

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  2. Para mí, uno de los puntos altos del texto:

    "Entre más sangre y craneos partidos pongamos en las portadas, menos sensibilidad nos queda como país. No podemos, no debemos acostumbrarnos a ver el gore como algo normal, como algo inevitable, porque no lo es."

    Exactísimo. El día en que ya terminemos sin sentir nada por nada, ese será el día en que de verdad nos terminará de llevar puta. De apague y vámonos. Ninguna sociedad se ha elevado cultural ni económicamente rindiéndole culto a fotos de fiambres con tripas salidas. Pero nos puede más el morbo y esa sensación dual de atracción-rechazo ante estas cosas. Y por eso es que la Extra sigue tan campante.

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  3. Yo sólo espero que esos ¨colegas¨ nunca tengan que ver a su madre, a sus hijos o a sus hermanos en una foto de tales condiciones, como le pasó a mi suegra y a mi esposo, o como nos paso a todos los que queríamos a Julito cuando publicaron la noticia de su muerte.

    Si la muerte de un ser querido es suficientemente dolorosa y requiere de un tiempo de duelo para ser procesada sanamente y a veces nunca se logra a pesar de los años, uno de los pocos consuelos que a uno como familia le queda es primero pensar que la persona está en manos de Dios y luego recordar a la persona que uno quiere en sus buenos momentos, en sus alegrías en sus logros.

    Entonces una persona periodista, camarógrafo, fotógrafo editor, jefe de redacción o cualquier otro ser humano, que no sea de la Prensa, que no le importa guardar el menor respeto por otro ser humano publicando en el periódico, en el facebook o enseñándole a sus amigos o hijos la desgracia ajena sin ninguna misericordia muestra que no tiene respeto ni por sí mismo mucho menos por nadie más y que es un peligro para la sociedad.

    Dicen por ahí que hay mucha relación entre las sociopatías y la agresión hacia los animales, porque una persona que le hace daño a un ser indefenso como un animal, puede hacérselo a un ser humano. Yo me pregunto entonces si una persona no tiene reparo en publicar una foto como las de la Extra o en hablar mal de otro en facebook o de levantar un falso decir una mentira con el claro objetivo de dañar a otro, no creo que esté muy lejos de realizar otras acciones en contra de otros seres humanos como golpear, robar o hasta matar.

    Recordemos que existe mucha relación entre nuestros pensamientos y nuestras palabras y entre nuestras palabras y nuestras acciones y a veces quienes tienen el poder de la palabra no se detienen un minuto a reflexionar en qué están pensando y a quienes van a afectar sus acciones. Un minuto para pensar antes de publicar es lo que pedimos a los medios de comunicación, principalmente a la Extra y ojalá de verdad nos les toqué nunca estar en la portada de su mismo periódico.

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