lunes, 9 de mayo de 2011

La mejor canción para agarrarse a pichazos


Sí, título corriente, vulgar, sin clase. Pero ni modo: una cosa es darse de golpes y, otra, muy diferente, es agarrarse a pichazos.

Yo siempre he promovido la resolución pacífica de los conflictos que me han involucrado, no tanto por apego a ideales no bélicos, sino porque soy un inútil cuando de defenderme con los puños se trata, lo que irremediablemente me hace llevar las de perder. A la hora de los pichazos, soy un cagado.

En el cole solo una vez estuve involucrado en un pleito, el cual, obviamente, fue a favor del otro. He de hacer la salvedad, en mi defensa, de que el ataque fue sorpresivo y a traición, de parte de un vecino que se inventó un rollo mental en el que yo era el villano y del que no me enteré hasta que llegué a darle la mano y el muy cabrón me respondió con un manazo a la sien, el cual me dejó groggy y pidiendo el número de matrícula.

Años más tarde, como parte de un torneo scout, mi grupo, el de Curridabat, se vio envuelto en una pelea de proporciones épicas con nuestros similares de Paso Ancho. Fue en el gimnasio del Colegio de Agrónomos y yo me interné en el mar de manazos y patadas para tratar de poner orden. En esas estaba cuando un gamberro se lanzó al mejor estilo Dragon Ball contra uno de mis amigos, con tan mala puntería que la víctima de su ataque se lo capeó, cayendo aquel desgraciado a mis pies. Y sí, me dejé llevar por la adrenalina y le pegué un par de puntapiés en la espalda. Pero igual, mis "méritos" como peleador son tan pobres como los del Chapulín Colorado.

El sábado pasado saqué el rato para ver la muy promocionada pelea entre Manny Pacquiao y Sugar Shane Mosley. No soy especialmente aficionado del boxeo pero sí tenía muchas ganas de ver qué era la bulla alrededor del filipino Pacquiao, quien a decir verdad no me pareció nada del otro mundo.

Mosley llevaba el cartel de "perdedor" colgado del cuello. Llegaba con 39 años a enfrentarse al mejor peleador del planeta en su categoría, con atestados gloriosos pero añejos, y solo buscando la última gran bolsa de su carrera como pugilista. Y sí, Mosley fue presa fácil para el Pac-Man (que como bien me dijo alguien, parece clon de Marito Mortadela) pero, al menos en su entrada al ring, fue el veterano estadounidense el que ganó por K.O.



Mientras que Pacquiao escogió para su intro la quemadísima Eye of the Tiger, de Survivor –interpretada por un Jimi Jamison trasnochado y endeble–, Mosley se hizo acompañar por su gran amigo LL Cool J, quien lo precedió hasta el cuadrilátero cantando su pieza más grande, la más potente, la más agresiva, la única que quiero de fondo el día que en serio tenga que agarrarme a pichazos, sabiendo de antemano que tengo posibilidades matemáticas de ganar (o al menos de conservar mis dientes).

Mama Said Knock You Out es la mejor canción de LL Cool J. Es un himno rabioso, pendenciero, que no se anda por las ramas y que en cada línea promete una paliza segura. Por eso es que estamos ante un clásico universal del hip-hop, admirado y replicado por varias generaciones, al punto que hasta Bob Dylan –pacifista por vocación– la puede recitar de memoria.

LL Cool J acumula ya 30 años de música sólida, siendo uno de los MC más geniales de la historia. Y esto lo ha redondeado con una impecable carrera cinematográfica y televisiva, manteniéndose hoy más vigente que nunca.

Por eso, si un día me retan a los cañazos, ténganme paciencia, pues primero tengo que ir a buscar mi vieja grabadora de casetera y reventar los parlantes con LL Cool J en mi esquina, conveciéndome de que soy un ganador, un tipo terrible e invencible que bien podría partirle la cara a Galactus, el devorador de galaxias. Claro, razón tendrán en dudar que que tanto mate se traduzca en un despliegue de maestría de parte de mis puños y a la hora de los catos es probable que emule el ¿estilo? atolondrado de Melisenda Pérez. Pero de que habrá buena música de fondo, eso no se discute.

1 comentario:

  1. Cualquiera que sepa quien es Galactus... ya lleva las de perder

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