viernes, 24 de diciembre de 2010

Ni chiva ni mula: lo que sí me dejó el 2010


Me dejó 33 años, los cuales en menos de un mes pasarán a ser 34.

Me dejó un año más de mis dos grandes recompensas: Mónica y Emma. Los tres somos una familia feliz, que se ríe, vacila, se quiere, abraza y besa. La Macha y yo nos la hemos jugado bien como padres (digo yo) y todos los días aprendemos de una enana demasiado chispa, que le gustan por igual las princesas de Disney que la princesa Leia. ¡Gracias muñecas!



Me dio a mis papás un año más, año en que los vi revolcarse por el suelo y destinar buena parte de su dinero a comprar plasticina, trastos de juguete y libros de colorear. Nada como los nietos para ver cómo los papás de uno rejuvenecen.

Me dejó un intento fallido de bajar de peso en el gimnasio y, por el contrario, más libras de las que necesito, producto de la cata de cervezas y chifrijos. Me dejó además la experiencia de vivir en primera persona los dolores del dengue, mismos que hoy deseo solo a mis mayores némesis.

Me dejó la satisfacción de mantener cerca a mis buenos amigos de Curri y la U, aunque no nos vimos tanto como quisiéramos. Igualmente feliz me hizo el que varios de ellos se convirtieran en padres y madres de familia (¡ya era hora!), y que Johnny y Mary nos dieran el inmenso privilegio de ser los padrinos (mágicos) de Nacho.

Me dejó la labor de aplicarle la eutanasia a Vuelta en U, medio de comunicación por el que me partí pecho y espalda y al que nunca le perdí la fe. En sus dos años y resto de vida, VenU fue el reflejo de buena parte de mi manera de pensar y de sentir hacia el periodismo, la juventud y el arte y cultura costarricense... y, a pesar de los muchos bajos, creo que el recuerdo que dejamos es de altos.



Me dejó la reincorporación –tiempo completo– a la casa que había dejado tres años atrás. A la redacción de La Nación volví sintiendo que venía de hacer una gran pasantía, más aprendido y con ganas de enseñar. Ya no estoy en Viva (es pacho que aún hay gente que me escribe para que le saque una nota en esa revista), sino en la parte web, donde me siento a mis anchas y como calamar en su tinta.

Me dejó la oportunidad de redescubrir mi gusto por la entrevista, en gran parte gracias a la majadería de mi amiga Yuri Jiménez, quien me abrió las páginas de la Teleguía desde el primer día en que emprendió la titanada de transformar esa publicación en un producto de rico y entretenido contenido periodístico. Ahora, cada 15 días, publico una columna sobre uno de mis grandes placeres –ver televisión– y de vez en cuando retrato ahí otras facetas de "figuras" de Ticolandia. Mi entrevista con Lynda Díaz fue un bombazo, no tanto por mis preguntas sino por las respuestas a calzón quitado de una mujer que le ganó a Maquiavelo en eso de privilegiar los fines por encima de los medios. Por mi parte, dicha entrevista la recuerdo más por la pelada que no noté hasta el día de su publicación, cuando ya era muy tarde para cambiar "voté" por "boté".

Me dejó la posibilidad de incursionar en otras fuentes que antes no había tratado. En géneros de opinión le di rienda suelta a mi fiebre mundialista, albiceleste, maradoniana y palermista en el único artículo que he escrito sobre deportes y que, sin proponérmelo, tuvo un impacto inaudito en Argentina, de donde incluso hubo medios que me llamaron para que les diera mis "pronósticos" sobre los partidos de su sele en Sudáfrica. Luego, por medio de mi primera participación en el especial de Personajes Noticiosos de La Nación, tuve que retratar a dos figuras políticas incluidas en dicha lista por los motivos incorrectos: una no quiso atenderme y otra me dio una entrevista a profundidad. Al redactar de ambos aprendí, tanto en lo periodístico como en lo humano.



Me dejó la satisfacción de ver cómo muchachos a los que contraté cuando estaban pollos-pollos hoy son comunicadores ATD. Presenciar el crecimiento profesional de Monse, Erika, Arturo, Damián y Navarro para mí es una satisfacción de esas que no se destiñen con los años. Además, la amistad de nuevos compañeros como Ratamacha y Warren Cruz llegó a enriquecer un grupo de trabajo que cada vez funciona mejor... digo yo.

Me dejó el cumplimiento de uno de mis viejos anhelos: tener un programa de radio. Desde junio pasado hago yunta con el buenazo de Tavo Gamboa en la emisora ADN 90.7 FM para, todos los jueves, hablar paja y poner la música que me gusta en ADN Fans... sí, es un trabajo difícil pero alguien tiene que hacerlo ;)

Siendo el fiebre enfermizo que soy de la música, el 2010 me dejó un año inolvidable, en el que pude ver en vivo a muchos de los artistas que más me llegan del rock moderno. Green Day, Bon Jovi, Megadeth, Aerosmith, Calamaro y Korn + POD fueron parte de un suculento menú que, para rajarse, incluyó la visita monstruosa de Metallica. El haber escuchado From Whom the Bells Tolls y One en la querida cancha morada fue el non plus ultra... ¿no quería pollo?



Me dejó, con mención aparte, la dicha de ¡al fin! haber disfrutado de la música en vivo del maestro Fito Páez. Con Fito siempre tuve mala suerte en sus anteriores visitas, pues los astros se alineaban para que yo no pudiera acudir a la cita con el flaco de Rosario. Este año nada me impidió plantarme frente a la tarima instalada sobre el contaminado lago de La Sabana y disfrutar del concierto que más me llenó en el 2010 (sí, incluso más que el de Metallica). Tan contento salí de aquella noche hermosa del FIA que me mandé –modestia aparte– con una de las crónicas que siento mejor me ha quedado. Fito fue grande y me regaló un punto alto del año.



Me dejó el sinsabor de aceptar que Ottón Solís no será ya presidente del país; la impotencia de ver cómo los obispos disparan condenas santulonas contra todo lo que suena a progreso mientras esconden en sus sotanas todo tipo de negocios indecentes; la cólera de ver nuestra Asamblea Legislativa dominada por un grupo de mentecatos y demagogos; el asco de escuchar las torpezas y mojigaterías de Fernando Sánchez; la tristeza de no ver en vivo a Guns N' Roses ni a Sebastian Bach, y la sorpresa de que Laura Chinchilla resultara mucho mejor mandataria de lo que yo esperaba.

Me dejó la alegría de ver a los Arias fuera del poder (al menos por un rato); de ver a Manuel Obregón como ministro de Cultura; que se le diera continuidad a don Leo Garnier y a la Dra. Ávila; de ver a don Eduardo Ulibarri representándonos en la ONU; la alegría de que se impusiera el sentido común a la intolerancia (referendo de uniones civiles entre personas del mismo sexo) y el sentido común al salvajismo ecológico (Crucitas).

Me dejó el orgullo que me dan los trabajos de Patiño Quintana, 424, El Parque, Gandhi, Keep the Gap, Parque en el Espacio, Calle (Dolores), Adaptados, Bufonic, Ale Fernández, La Escafandra y, desde luego, Foffo Goddy. Me dejó el regreso de Alice in Chains, Soundgarden, Dr. Dre, Caifanes y Toad the Wet Sprocket, y me dejó discos nuevos y deliciosos de The Arcade Fire, Kanye West, Vampire Weekend y LCD Soundsystem, por mencionar unos pocos.

Me dejó a Facebook como uno de los mejores amigos, y a Twitter como una herramienta útil pero tampoco para irse de jupa. Me dejó dudas sobre qué demonios hago metido en Linkedin y el certificado de defunción para Messenger y Hotmail.

No me dejó ni una chiva ni una burra negra. La buena suegra (y suegro) me la gané hace rato, así que dejo ir en paz al 2010, a la espera de que el 2011 me traiga al menos lo mismo, agregándole el concierto que Pearl Jam le debe a Costa Rica. ¿Será?

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